Crónica y fotos de Arwen – Sala Cool (Madrid) – 11/05/2019

The Soul’s Sentence, el disco con el que Arwen han publicado nuevo material tras 14 años, me parece una joya. Si lo hubiese escuchado cuando salió, a finales de 2018, seguro que lo incluía en mi Top 10 del año pasado, pero cayó ya en 2019. Al menos sí pude ver cómo lo presentaban en directo para contarlo posteriormente, y a eso vengo aquí.

La sala elegida fue Cool, una de mis favoritas de mediano aforo. Tiene una gran situación además de un gran sonido y luces. He visto en ella conciertos muy buenos como los de Tyla’s Dog D’Amour, Somas Cure o Larkin Poe. Es una garantía de calidad. Todos los elementos estaban a favor para una gran noche.

Las puertas abrieron a las 20:00 pero hasta exactamente una hora más tarde no comenzó el concierto con “Hollow Days”, la canción que abre The Soul’s Sentence, ante una sala con un aspecto mejor del que esperaba. Pude ver a gran cantidad de compañeros de medios, músicos por doquier… En definitiva, cientos que estábamos ahí para pasarlo bien.

Cool hizo honor a su fama y desde el principio permitió disfrutar del show a un gran nivel audiovisual, salvo por algunas voces y otros detalles. Pero este tema lo abordaré más adelante.

Arwen centró sobre todo su setlist en piezas del último álbum, cosa lógica y normal, pero también sacó tiempo tiempo para repasar su segundo trabajo, Illusions, para los que contó siempre, a los coros y segundas voces, con Mamen Castaño, ex-componente del grupo. Sin embargo de su debut, Memories of a Dream, sólo rescataron “Time’s Gate”.

Mamen no fue la única invitada. También pasó por allí la teclista Elena Alonso (Lethargus, ex-Third Dim3nsion), Javier Vega (Beyond, ex-Allegro From My Requiem) y Miguel Rocha (ex-Gauntlet), este último haciendo el cafre como sólo él sabe, al despeñarse desde el escenario cayendo sobre dos personas, por suerte sin nada que lamentar. Casualmente la última vez que le vi en directo fue en la última edición del Dimefest tirándose desde un balcón. Hay cosas que nunca cambian.

Javier y Miguel compartieron escenario por separado salvo cuando llegó el momento de “You Know My Name”, versión de Chris Cornell, en la que todas las voces invitadas se unieron.

También iba a participar Valen Domínguez de Sinaia, pero no pudo asistir finalmente. Además se vio por allí a Tete Novoa de Saratoga, pero en ningún momento sobre las tablas.

Como he comentado más atrás, el concierto se desarrolló muy bien salvo por ciertos aspectos. No llegué a comprender el confeti que la banda usó en un par de ocasiones, escaso y sin ninguna justificación. Tampoco el cañón cruzado doble de CO2 que desde el centro tapaba al vocalista y cantante José Garrido, ya que estaba colocado a un lateral suyo y el efecto que a priori buscaba conseguir quedaba desmerecido.

Párrafo aparte merecen las voces. El micrófono de su bajista, Daniel Melián, siempre estuvo muy bajo. Pero eso es una tontería en realidad. Lo más importante al respecto fue, por un lado, el marcado acento de Mamen y José a la hora de cantar en inglés, que en estudio quedó mejor disimulado. Y por el otro, los desafines de este último, que fueron constantes durante toda la velada. No es que esperara que sonara como en el disco, pero me quedó claro que, o no fue su noche, o ha grabado algo que no es capaz de reproducir.

Casi dos horas de concierto que me dejaron un sabor agridulce. Arwen tiene un discazo detrás, pero no tengo claro que pueda defenderlo como se merece en vivo.

Texto y fotografía: Alejandro Sanz

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