Crónica y fotos de Outreach + Outgravity – Sound Stage – 01/06/2019

Tener que salir de casa el día de la final de la Champions para sufrir a los hooligans no es que sea un planazo. Para aquellos que odiamos el fútbol, y a los hooligans armando bulla (valga la redundancia), quedarse en casa supone una buena idea. Pero oye, Outreach y su Ephemeral Existence me convencieron para aventurarme por las calles de Madrid.

Gente gritando, borracha y pegada a un televisor… ¿Te recorres miles de kilómetros para ver un partido en un bar? Bueno, yo me hice unas decenas para ir a la Sound Stage y ver que me deparaba la noche.

Con las luces justas para iluminar la sala salieron, desde Vitoria-Gasteiz, Outgravity, luces que no cambiaron durante toda su actuación y que llegaría a echar de menos. El quinteto estaba allí para ofrecer su primer concierto en Madrid. No sé si fue por los nervios o por la falta de experiencia, pero la única que empezó con energías fue Ingrid, que se movía todo lo que permitía el pequeño escenario.

Outgravity visitaban la capital para presentar Dwarka, aunque también cayó una canción nueva (y aquí me vais a perdonar, no me quedé con el nombre) y su sonido me resultó muy difícil de clasificar. Capté stoner, progresivo… Si alguien quiere ponerles una etiqueta, adelante.

A medida que avanzaba el show resto de componentes fueron entrando en la dinámica de la actuación, poniendo algo más de intensidad a la descarga, pero nuevamente se enfrentaban al mismo problema, el escenario. Esta sala está hecha para grupos de tres personas. Pudieron hacer un poco más en el momento en el que Ingrid abandonó la zona para una pieza instrumental, pero ahí se quedó la cosa. En cualquier caso, estos fueron los primeros 40 minutos del grupo en Madrid que en general dejaron buen sabor de boca.

Cerca de las 21:10 se apagaron las luces (que apenas se encendieron hasta las 22:00) y salieron Outreach para mostrar al mundo su primer lanzamiento, Ephemeral Existence. Si Outgravity siendo cinco estaban comprimidos, Outreach siendo seis… Pero la experiencia es un grado, y muchos de sus músicos están más que curtidos, y eso se notó mucho en la intensidad que mostraron pese a poderse mover poco.

Sus vocalistas, Nines y Diva Satánica, son unas bestias e hicieron suya la Sound Stage. Aunque se las veía a ratos (no sé de quién sería la idea de usar esa combinación de oscuridad con retazos de rojos o azules) supieron transmitir pasión a los que allí estábamos con cada gesto. Decir que fueron intensas es quedarse muy muy corto.

El sexteto tocó todos y cada uno de los temas de Ephemeral Existence, los siete, contando con un par de colaboraciones, Dani de Ravenblood y Sara de Hiranya. Pero claro, siete canciones, que en total apenas pasan de la media hora era muy poco, así que tras todas ellas, abandonaron las tablas para regresar con un bis en forma de versión, “Chandelier” de Sia, con su guitarrista Rafa Howler tocando entre el público y con una sala contenta con lo que había visto o, mejor dicho, con una sala que a mí me pareció así.

No puedo terminar la crónica sin un detalle que merece la pena recordar. Los conciertos terminaron a las 22:00, es decir, salí de la sala todavía de día. Para alguien como yo, que depende del transporte público y que vive a 30 kilómetros de allí, es una bendición, pero he vivido esto dos veces, esta y el año pasado con Fields of the Nephilim. No se va a poner de moda y los más… no sé, los más de algo del lugar, hablaran de que si los conciertos son en horario infantil o alguna cosa de esas. Por lo que a mí respecta, ojalá todos terminaran así de pronto.

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