Crónica y fotos de Swallow The Son + Oceans of Slumber + Aeonian Sorrow – Sala Caracol (Madrid) – 30/04/2019

La sala Caracol lleva estando ahí mucho tiempo para mí, pero desde junio del año pasado, cuando actuaron Kobra and the Lotus, no la pisaba, y desde noviembre de 2017 no hacía fotos, en aquella velada con Sólstafir, Myrkur y Árstíðir. Muchas cosas han pasado desde entonces. Muchas muy malas, pero ya están superadas, así que pude enfrentarme, de tú a tú en ella, a Swallow The Sun con Oceans of Slumber y Aeonian Sorrow.

30 grados fuera. Luz a raudales. Dentro de Caracol no. Como si estuviese en el Upside Down de Stranger Things empezó el concierto de Aeonian Sorrow. Doom Metal crudo, de ese al que añaden el término Funeral. Temas largos, tristes, densos, pero de los que te atrapan. Las notas arañaban los brazos para meterse dentro. Sobresalientes.

Aeonian Sorrow, a dos voces, la tenebrosa de Ville Rutanen contrastando con la limpia de Gogo Melone, tenían delante a un público que sabía a lo que venía. No iba a pedir a músicos que recorrieran el escenario, o luces (esto podría ser discutible), sino a gente entregada, y cada uno de ellos lo estuvo. Pega el tener sus teclados disparados, aunque quizá, en última instancia, esto les benefició, ya que fueron los que mejor se escucharon.

El grupo, lejos de tocar y ya, algo que debido a su estilo tampoco sería extraño, se dirigió a los asistentes, no sólo con el inmortal “thank you” o animando a apoyarles comprando su merchan, sino también pidiendo palmas a lo largo de sus cinco canciones, algo que yo, hasta ahora, nunca había visto en un grupo de doom en directo.

Cambio y entrada de Oceans of Slumber. Aunque la luz se hizo, a base de contras, el buen sonido desapareció, y para un grupo tan complejo como ellos, fue un lastre enorme.

Durante toda su descarga, apenas hubo unos pocos riffs que no sonaran saturados, o tapados por la batería. A eso hay que añadir que algunas voces guturales no se escuchaban. El sexteto hizo lo que pudo, en especial su portentosa vocalista Cammie Gilbert, pero es que con ese sonido poco había que hacer.

Puedo imaginar la decepción de todos aquellos que les conocían de antes. Y, probablemente, el poco interés que han despertado entre los que no, pero a estos les recomiendo echar una escucha a sus discos para ver lo que ofrecen y el porqué hay que darles otra oportunidad en directo.

Con un escenario como si del episodio de The Long Night de Game of Thrones se tratara y con tres de sus miembros encapuchados, Swallow The Sun hicieron Caracol suya. Tenía una deuda con ellos desde que en diciembre de 2015 tocaran en el mismo recinto con Wolfheart y tuviera que cancelar a última hora. Esta vez nada se torció y pude ver como presentaban When a Shadow Is Forced into the Light.

Como he dicho antes, el público sabía a lo que venía, yo incluido, y el estilo de Swallow The Sun se vive de una manera intensa, pero normalmente hacia dentro. Sin embargo los fineses no son precisamente repetitivos, y si no, escuchad el disco triple Songs from the North I, II & III, del que por cierto, sólo recuperaron un tema, “Lost & Catatonic”. A lo que iba, gracias a sus piezas más melódicas y animadas, que mezclaron con otras más densas, STS hicieron que los asistentes nos entregáramos aún más.

Su show fue de menos a más porque decidieron terminar por todo lo alto. Justo antes de despedirse del escenario tocaron “These Woods Breathe Evil” con la que ya los brazos no paraban de ir hacia arriba. Y con el público ya calentado reventaron al volver al escenario con “Emerald Forest and the Blackbird” y el único tema que cayó de su debut, The Morning Never Came, “Swallow (Horror Pt. I)”.

¿Cómo he conseguido llegar al final de la crónica sin decir la palabra “oscuridad”? No tengo la menor idea. Y eso que fue un término que se me vino a la cabeza durante los tres conciertos de manera constante, tanto por lo que escuchaba como por lo que veía. De todas formas, con todo pasado y digerido, es el momento de, ya lo comenté, escuchar a Oceans of Slumber para ver lo que saben realmente hacer, conocer más a Aeonian Sorrow (y el otro proyecto de Gogo Melone, Luna Obscura) y esperar que este no sea mi último encuentro con cualquiera de las tres bandas.

Texto y fotografía: Alejandro Sanz

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