Crónica de Shining + SRD – Sala Caracol (Madrid) – 21/05/2019

Tarde de martes en la capital, de nuevo Madness Live! Prods. nos ofrecía una velada plagada de los sonidos más profundos y oscuros, la banda sueca Shining y los eslovenos SRD prometían dejar grabada en nuestras retinas una experiencia única, tan macabra como seductora en la Sala Caracol de Madrid.

La tarde comenzó para servidora con una interesante charla con el vocalista de Shining, Niklas Kvarforth y su bajista Marcus Hammarström, cuyo resultado podréis leer próximamente, motivo por el que llegué a la actuación de SRD pasados unos cuantos temas, lástima, ya que la banda eslovena me causó muy buena impresión. Sonidos oscuros y pesados entremezclados con otros más rockeros, guturalidad cavernosa por parte de su vocalista y exquisita profesionalidad, crearon una atmósfera opresiva y al mismo tiempo hechizante, la cual obtuvo una gran acogida por el público, que aunque ciertamente fue escaso en comparación con la capacidad de la Sala Caracol, se entregó de forma incondicional a la banda, gesto que fue recibido por la misma como una descarga energética, ofreciendo un show demoledor. Ciertamente le doy toda la razón a Niklas Kvarforth, cuando anunció que él mismo había elegido especialmente a esta banda para ejercer como teloneros de sus conciertos, ya que realmente ofrecieron un show de calidad abrumadora.

Tras los minutos correspondientes al cambio de escenario por fin llegó el plato fuerte de la noche, EL ENEMIGO había regresado, y de forma aniquiladora, Shining saltaron al escenario arrasando desde el primer minuto, con un Niklas realmente pletórico, irradiando ese carisma que le hace tan fascinante, ejecutando a la perfección cada tono proveniente de sus cuerdas vocales, y sí claro está, interactuando con el público, pero de forma mucho más comedida a la que nos tiene acostumbrados, reparto de vino y whisky entre los allí presentes, cogida de móvil de alguno que intentaba inmortalizarle… Pero en general dedicándose a lo suyo, que es cantar y transmitir la trágica belleza de sus canciones mediante su voz y por supuesto mediante ese halo cautivador que le envuelve.

El resto de la banda no se quedó atrás en cuanto a sublimidad, ejecutando cada tema con rabia y perfección, destacando el papel de Marcus Hammarström, sesgando con cada pegada de bajo los trozos fraccionados de nuestro alma, que previamente Niklas se había encargado de despedazar.

Temas pesados y lentos nos sobrecogieron, mientras que otros más agresivos hicieron despertar la bestia que cada uno de nosotros lleva escondida, en una velada que quedaría marcada para la posteridad por la fantástica actuación de la banda y por la dualidad de profundos sentimientos que desenterró en nosotros durante su tiempo sobre el escenario.

Texto: Ana Teresa Cuevas

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