BRIMSTONE COVEN – Black Magic

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Testimonio de Linda Kasabian en el juicio a Charles Manson [transcrito y traducido por @eserregeio]

(sobre la vida comunal)

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Alguna vez observó a algún miembro de La Familia negarse a hacer algo que el sr. Manson le dijera que hiciese?

[Linda Kasabian] No, siempre lo hacíamos. Él ejecutaba su «Black Magic» con ese ritmazo doom a cargo del bajo que nos hacía mover la cabeza instantáneamente y ya nos tenía presos. ¿Sabe? Tenía la sexualidad de la magia negra y nos dibujaba encima de su cuerpo desnudo la túnica, la bola, la serpiente, la teta…

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Un culto satánico?

[Linda Kasabian] No… nada de esas imágenes explícitas macarras, allí había la oscuridad y la atracción del blues, aunque es cierto que se notaba cierta mirada de reojo a compañeros actuales como Orchid. Pero no… no satánico como se vende en los medios… fíjate, incluso se permitía cortar su hechizo con un estribillo más propio del rock setentero, es decir, más sucio, de sonido en vivo. En otras ocasiones, en su anterior II, sus escenografías de tono más clásico no se mezclaban con aquellas a las que se les había lavado la cara y puesto al día con riff más cuidados y obsesivos. Sin embargo, “Black Magic” contenía las dos corrientes. Así nadie era capaz de negarle nada, estábamos fuera de nosotros.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Está hablando de drogas? Explíquese por favor…

[Linda Kasabian] Me refiero a que hay gente a la que les gusta el rock blanco y con él lo tenían, a mí me pierden los tonos blues y también los conseguía. Incluso el uso del cowbell permitía la entrada de un riff circular creado por el mismísimo Anton LaVey, introduciéndome en una espiral de blanco y negro que giraba a colores… acababa por gustarte la locura en lugar de asustarte, ese era su juego. Así es como de repente aparecían esas voces predicando, pero ya éramos suyos.

[Fiscal Vincent Bugliosi] Tengo anotado que la letanía de invocación seguía la fórmula A – B – C – D – C – A – B – C, ¿es correcto?

[Linda Kasabian] Sí, no sé, no podíamos fijarnos en esas cosas…

(salida del rancho)

[Fiscal Vincent Bugliosi] Bien, pasemos a la salida del rancho Spahn. Cuénteme qué sucedió la tarde en que el sr. Manson dijo ‘Es la hora del Helter Skelter’, porque usted estaba allí, ¿correcto?

[Linda Kasabian] Sí. Nosotros llamamos a ese momento “Black Unicorn”. Charlie vino con una potencia acelerada propia de Motörhead pero con una voz cercana, a lo Graveyard, alejándose un poco de la fidelidad setentera para reactualizarla, para sonar más sensual. Me dijo que me cambiase de ropa, cogiera un cuchillo y mi carnet de conducir. Con la distorsión a mí me parecía que el anterior blues estaba siendo reinterpretado por los blancos y que nos embarcábamos en un viaje al estilo Huckleberry Finn.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Y dónde estaba Tex?

[Linda Kasabian] Al lado del asiento del copiloto, los quiebros de su voz nos devolvían a todos al terreno de Deep Purple, con ganas de acelerar con energía renovada, a lo Ash vs. Evil Dead combinando los setenta, los ochenta y la actualidad.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Qué es lo siguiente que ocurrió?

[Linda Kasabian] Tex subió al coche y arrancamos. Charlie se acercó en el solo de guitarra con un sonido atronador, soltando burbujas por la boca y creándonos erupciones de sapo en la piel, o al menos esa era la sensación que daba cuando nos dijo que dejáramos una señal, algo maligno. Su cara era la de Cassavetes y los vecinos viejos en La semilla del diablo. Nos fuimos y le dejamos allí.

(descripción de los asesinatos)

[Linda Kasabian] Paramos en “Beyond the Astral”, en esas guitarras rasgadas casi más propias de un grupo de garage vacilón. Para nosotros había algo más, había hecho acto de aparición un riff mágico, de la runa y las estrellas, el cual se fundía con el sonido lejano de un guateque. Salvo que en éste de repente los invitados se habían transformado en demonios. Como en La escalera de Jacob, ¿sabe?

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Es cierto que un coche paró enfrente de vosotros y vio a Tex disparar a su conductor?

[Linda Kasabian] Sí, cuatro veces. De repente nos había invadido un ritmillo taimado de bajo que se ralentizaba por una voz doble, acoplada cual conjuro que recogía los cuatro elementos. De ahí las dos voces en nuestras cabezas, una para el agua y el aire, otra para el fuego y la tierra. Por eso el ruido de los disparos eran como si de repente sólo escuchásemos por un canal y faltara la mitad del sonido, yo me repetía que sólo era un mal viaje de unos Gong pasados de vueltas.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Qué sucedió después?

[Linda Kasabian] Volvieron las dos voces con sus diferentes desvíos mientras el ritmo volaba y todos intuíamos los pecados que ocurrían dentro de todas esas casas supuestamente puritanas. Yo estaba confusa, desubicada, le veía un gran pero a todo. La repetición en el esquema, que no se dejara a la segunda voz caminar libre, hacía muy monótono el momento. Como con ese asesinato a sangre fría, se corría el riesgo de perder nuestro hechizo y despertar. El parón en el minuto cuatro, pareciendo que ya teníamos todo lo necesario…

[Fiscal Vincent Bugliosi] Continúe por favor.

[Linda Kasabian] Sí… el parón fue roto por un acelerón de rock setentero. El turbo viajando hacia las estrellas dio lugar a un solo de guitarra que pegaba con el paisaje pero que chirriaba dentro del contexto doom general. Para mí era como si un tipo muy siniestro se quitase la capucha, poniéndose a tocar una guitarra invisible a lo Wayne’s World. El resto, Patricia Krenwinkel, Susan Atkins y Tex debieron notar mis dudas, dejándome sola en el coche.

Luego escuche gritos lejanos. Estaba en “As We Fall”, en un sonido acústico propio de un campo florido en el que, de repente, aparecen las nubes. Las ondas recorrieron rápidamente la pradera con Grateful Dead sonando de fondo cuando otra voz se unió a modo de contrapunto, apareciendo un ritmo oscuro, frágil. Eso es. Me sentía como en una de esas canciones de Jefferson Airplane donde todo es amor, el sonido te mece delicadamente pero hay una raíz lúgubre, escondiendo algo que de salir a la luz… una pulsión… el apocalipsis.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Durante cuánto tiempo continuaron los gritos?

[Linda Kasabian] Oh, no lo sé. Para mí era música y la agradecía, se separaba de la mano… se alejaba de la línea directa con Black Sabbath y sus evoluciones doom para explorar todo el espectro de los setenta. Eché a correr hacia su fuente.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Hacia la casa?

[Linda Kasabian] Sí, hacia la casa. Lo que escuchaba era muy pegadizo y, al mismo tiempo, ese sonido lleno de grano mantenía las distancias temporales. Tenía mucho de congregación hippie que acaba en misa negra, eso, de repente parpadeabas y ya se había hecho de noche. Entonces creía que nuestros corazones seguían siendo puros y que la sangre en las manos sólo era sudor y barro de estar jugando toda la tarde entre los árboles.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Y entonces fue cuando vio a Patricia Krenwinkel persiguiendo a alguien?

[Linda Kasabian] Sí, había un hombre cubierto de sangre balbuceando. Katie, es decir, Patricia, perseguía a una mujer en traje blanco y yo quería que todo parase. Para mí, el solo de guitarra que se adentraba en pasajes más ledzeppelianos me hacía apreciar de forma distinta el paisaje bucólico anterior, ahora era un barrio del downtown destruido por el hambre y las drogas. El mal ya no era tan idílico o romántico. Eso sí, el viaje hasta llegar a este punto había sido increíble.

(después de los asesinatos Tate)

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Te dijeron algo mientras conducías lejos de la casa?

[Linda Kasabian] Algo sobre “Upon the Mountain”, algo rugoso, acercándoles de nuevo a Orchid, salvo que una de las voces, la de Tex, tenía el tonillo a lo heavy metal ochentero, del New Wave of British Heavy Metal, Iron Maiden, por decir algo, exagerando claro. Frente a la de Katie cuyo fondo tenía la teatralidad de Ghost. Me daba la sensación de que en lugar de dejarse llevar y aceptar que eran unos vástagos más del doom, querían ser los padres, subir al comienzo del río. Por eso reduje la velocidad, dejando que las voces se hicieran las dueñas, por eso quizás el riff, o el conjunto total, era más simplón. Paramos donde dijeron, sobre la montaña, para refrescarse algo, pues les dolían los huesos y la cabeza de haberse peleado con la gente de la casa, pero un abuelo, con el solo de manual, nos echó del lugar. No pasó nada relevante, no hubo chispa. Fue un viaje repetitivo.

(regreso al rancho Spahn)

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Había alguien al llegar al rancho Spahn?

[Linda Kasabian] Sí.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Quién?

[Linda Kasabian] “Slow Death”, quiero decir, Charlie. Si él hubiera sido un instrumento entonces sería el bajo yendo a su bola, el bajo que tiene las luces de neón de los casinos. Así estaban sus ojos, en otro sitio, su voz, ordenándonos limpiar el coche porque tenía unas manchas de sangre, estaba sorprendentemente cerca de un terreno rock. Como si incluso los brujos y los gurús tuvieran que sobrevivir después de la muerte de los hippies tan cacareada por los Diggers y, echando mano de su talento musical, Charlie optara por acabar actuando en un casino de Las Vegas.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Cuándo fue la primera vez que conocisteis la identidad de aquellas cinco personas asesinadas en la residencia Tate?

[Linda Kasabian] Los siguientes días, en las noticias. Fueron unos días tranquilos; el ritmo, sin caer en sonidos renovados a lo Blues Pills, nos inducía a la calma de Lynyrd Skynyrd o, mejor dicho, de Cream si estos hubieran acabado con el cuello rojo. Parecían decir que, de pillarnos, se nos acababan los viñedos californianos y todo lo relacionado con esta forma de vida pretendidamente utópica. Debíamos ir pensando en una posible huida que, por otra parte, todavía nos parecía muy lejana.

(sobre los asesinatos LaBianca, la búsqueda de víctimas)

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Recuerda que hicieron tras la cena antes de los crímenes?

[Linda Kasabian] Estábamos escuchando “The Seers”, volviendo a un doom que nunca existió en los setenta, siendo los ochenta cuando lo sacaran a la luz bandas como Pentagram o Saint Vitus. Entonces Charlie nos dijo que nos preparásemos, que la última noche fue demasiado caótica y nos iba a enseñar cómo hacerlo.

[Fiscal Vincent Bugliosi] Si bien la primera noche no sabía que iba a haber ningún asesinato, ¿esta vez sabía que iba a suceder?

[Linda Kasabian] Sí. Por eso en el estribillo volvieron esos gorgoritos a canción suavecilla propia del heavy metal ochentero, como si supiésemos que no había futuro currando en Las Vegas y debíamos ponernos en movimiento de nuevo. Ahí encajaba bien el estilo de los ochenta, Reagan, Dahmer, la heroína… ¿sabe? Yo no quería ir pero… el riff de guitarra había pasado de tener una función estética a una mágica, mostrándose más pérfido, enredado… Yo tenía miedo de Charlie.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Sucedió algo inusual antes de llegar a la casa de LaBianca?

[Linda Kasabian] Recuerdo “The Plague”, las guitarras acústicas y de fondo algo así como un sintetizador, el signo de la bruja, una orquestación que sólo se sospechaba y era tapada por el bajo. Charlie hablaba de su amigo de The Beach Boys, aquí reconvertido en gótico, mano a mano con los Blue Öyster Cult, elevando el tono mientras mantenía la calma. No se decidía entre una casa u otra, conducía lentamente, una especie de nana que, como el cuadro La dama de Shalott de John William Waterhouse, lleva consigo la tempestad. Entonces se nos cruzó un coche y Charlie dijo que me pusiera a su lado en el semáforo para disparar al conductor. Comenzó así un segundo pasaje, lleno de distorsión, de nubarrones en la noche. Lo que fuera que dijo durante esos segundos en mi cabeza sólo eran murmullos durante una invocación.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Salió el sr. Manson del coche?

[Linda Kasabian] Sí, pero el semáforo se puso en verde y el otro coche se fue. Sin embargo parecía quedar un regusto bueno, muy bueno. Cuando mejor funcionaba todo era en esos momentos en que en vez de salir al ataque simplemente lo sugeríamos, ya sabe, más acústico, mayor suavidad, mejor trasfondo tenebroso, preferible antes que una mera copia de procedimientos bastos, riffs antiguos. Yo estaba encantada del miedo del conductor, de que no hubiese pasado nada. Un corte absolutamente delicado, pesaroso pero lleno de vida, yendo más allá de la simple pose de aparentar ser setentero. Nuestros desfiles nocturnos llenos de odio, pero también muy cansados, eran sinceros. No necesitaban forzar la máquina.

(en la casa LaBianca)

[Linda Kasabian] Después paramos en frente de una casa en la que yo ya había estado; sería sobre julio de 1968, en una fiesta. Le dije a Charlie que no fuera a esa casa, me dijo que no, que iba a la siguiente. Estos momentos de tensión estuvieron cubiertos por el manto de “Forsaken”, es decir, el bajo dominaba de nuevo la atmósfera y había tanta incertidumbre que no sabía si éste se iba a desviar hacia parajes inhóspitos; de Chet Baker a King Crimson. Tal era el estrés. Cuando Charlie se decidió por la casa de al lado y desapareció, el tono se quedó en una mezcla de horror de chistera, capa roja y colmillos de plástico, voz zalamera incluida. No sabía si ésta estaba fingiendo ser un vampiro o era un vampiro que fingía fingir mientras te conduce al sótano donde previamente ha estado Jess Franco grabando una escena. Mis dudas se debían a que minutos atrás Charlie se había aproximado a otra casa y, al ver por la ventana la foto de unos niños, había dicho que no podía hacerlo. Quizás después de todo nos volviéramos al rancho como si nada.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿Qué sucedió cuando el sr. Manson retornó al coche?

[Linda Kasabian] Él traía esa voz que antes había llamado ‘maidenesca’, por entendernos de alguna manera, para mí el hechizo se había roto, pero entonces nos miró fijamente y dijo que había atado las manos a un hombre y una mujer y que les había dicho que no iba a hacerles daño. Comenzó a dar órdenes al resto, las cuales no logré escuchar bien. Leslie, Katie y Tex. De sus gestos, de su voz delicada, entendí todo lo que puede conseguirse con un riff simple repitiéndose una y otra vez. Era como si estuviera dando vueltas a un caldero y sus efluvios tomaran el control de nuestra voluntad.

(tras los asesinatos de LaBianca)

[Fiscal Vincent Bugliosi] A la vuelta, ¿le dijo el sr. Manson algo con respecto a la cartera que él le dio?

[Linda Kasabian] Sí, que limpiase las huellas y la dejara en la calzada. Quería que una persona negra la cogiera y usase las tarjetas de crédito, así la opinión pública pensaría que había sido algún tipo de grupo organizado el que había matado a esa gente. Después paramos en la playa, el paisaje era al estilo de “The Eldest Tree”, el sonido del viento y los pájaros graznando, las olas del mar emulando a una batería escuchada a unos metros, junto a unas guitarras bien juntas. Quizás fuera el momento más compacto de todos los relatados, comenzando en la oscuridad y desgastándose la melodía progresivamente como si el vinilo se fuese estropeando. En este caso, nuestro paso, nuestra conversación mano a mano por la arena… todo me hacía sentir bien, la letanía esta vez estaba más cerca a lo que podría hacer Albino Python o cualquier otro grupo de doom actual que intentan avanzar por la senda de un sonido roto. Como las escamas de las serpientes mudando de piel entre unas ramas, sin dejar tras de sí ningún resquicio por el que poder escaparse, ningún hueco. Le dije que estaba embarazada. Por un lado sentía que Charlie y sus acólitos avanzaban lentamente hacia mí y por mucho que corriese o chillase nadie me iba a salvar, quizás imaginándome en el papel de las víctimas, quizás por el ritmo lento, viciado, que continúa mientras te ahoga. Pero a mitad todo se paró y alcancé, como he dicho, el éxtasis, una danza macabra con él.

[Fiscal Vincent Bugliosi] ¿No le contó el sr. Manson lo que ocurrió en la casa? Las paredes llenas de mensajes pintados con sangre.

[Linda Kasabian] No. La batería, golpes sordos contra la pared, el ritmo matador, el bajo distorsionado, la nube de ruido que se confunde con el dolor de cabeza que intentas taponarle a la consciencia para que no le duela y así poder continuar… parecía presagiarlo. En su lugar unos policías nos dieron el alto pero tan sólo tuvimos una conversación amistosa. Allí solamente quedaron los pájaros.

(buscando más víctimas)

[Linda Kasabian] Entonces me pidió que matara a un actor que conocía, yo me negué y, una vez en el apartamento del susodicho actor, dije que me había equivocado de puerta. Todo había acabado para mí. Sabía que esto funcionaría mejor para nostálgicos del pasado; para mí, una vez cometido el primer crimen, no existía ninguna diferencia con los demás asesinatos, ¿sabe? Por muy espectaculares que fuesen. De hecho, si yo había disfrutado algo en todo este tiempo, había sido sin duda de los momentos más baladescos, calmados, sobresalientes… Ojalá esas ocasiones se hubieran complementado con lo mejor de nuestra anterior vida, la del primer álbum, porque actualizaba el sonido doom convirtiéndolo en algo sugerente. Sin perder la esencia al ‘ahogarlo en fuzz’, que decía Charlie. Como nuestro paseo en la playa en “The Eldest Tree”. Pero ya era tarde para ello, estábamos condenados.

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@eserregeio

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Formación

Big John” Williams: vocales
Corey Roth: guitarra
Andrew D’Cagna: bajo
Justin Wood: batería

Tracklist

1. Black Magic
2. Black Unicorn
3. Beyond the Astral
4. As We Fall
5. Upon the Mountain
6. Slow Death
7. The Seers
8. The Plague
9. Forsaken
10. The Eldest Tree

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