Un concierto cualquiera, un secuestro cualquiera

Está pasando este mismo fin de semana, pero es extrapolable a cualquier fin de semana en el que haya un concierto o un festival: la gente se queja.

Se queja porque no se les deje salir fuera del recinto a fumar, porque no se les permite introducir comida y bebida del exterior, porque son muchas horas, porque tal o cual banda no está en el cartel, porque los precios de las entradas son abusivos, como también lo son los precios de las consumiciones en el interior del recinto.

Que no se paran a pensar (ni les interesa pararse) en que ese concierto al que van, da de comer a mucha gente, y la gente tiene por costumbre comer tres veces al día (o al menos, dos, que muchos incluso podemos saltarnos el café mañanero). Y claro, el que monta el escenario, el que alquila el equipo de sonido, el que está en la barra aguantando tus más que probables desvaríos ya en la recta final de la última banda… todos esos quieren comer, a poder ser, bien.

Las barras, en festivales un poco grandes, suelen estar subcontratadas: ni siquiera es el organizador el que las subcontrata, ni mucho menos: suelen venir en un pack con el alquiler del espacio (que barato, barato, no es, dicho sea de paso). Así que amigos, por mucho que os indignéis -en redes sociales, no vaya a ser-, no, no van a bajar los precios. Según el volumen de asistentes que haya, quizás pueda haber un pequeño margen de mejora, pero… será, en el mejor de los casos, ínfimo.

Que no os dejen salir a fumar tiene también su guasa. Porque no están obligados. “¡SECUESTRO!”, se lee por ahí (siempre en redes sociales, por supuesto). Ahora pensadlo bien. Un secuestro es que te retengan indebidamente, cosa que nadie hace. Eres libre de salir e irte donde te plazca. Otra cosa es que puedas volver a entrar. Ah, ¿que has pagado tu entrada? Pues entra. Pero en todas las entradas que he visto (a excepción de festivales de varios días), ese papelito que tienes garantiza tu acceso al concierto, y en la practica, lo hace. Una sola vez. Si tú imprimes 20 copias, ¿tienes derecho a entrar 20 veces? Pues lo mismo, si ya estás dentro, la relación contractual a ese respecto del organizador del concierto contigo, se ha acabado. No tiene por qué dejarte salir y volver a entrar. Ni siquiera a fumar. Que se suela dejar no es una obligación legal, sino una deferencia al cliente/consumidor.

Con respecto a las quejas de comida y bebida… En un concierto, la actividad principal es la musical, no la venta de cerveza o bocadillos, con lo que, a priori, sí que deberían dejar la introducción de esos artículos del exterior. (Por cierto, para los que tan gallardamente ponéis la famosa resolución de Facua, recordaros que un cine no es lo mismo que un festival, y que en un festival no tiene por qué haber un desequilibrio importante de los derechos y obligaciones de las partes que se deriven del contrato, que es el motivo en el que se basan las denuncias que la asociación ha efectuado hasta el momento contra los festivales, y que -que sepamos-, no han tenido sentencia firme aún. Quizás esto -o la ausencia de esto, no lo tenemos claro-, lo expliquen mejor los chicos de Sympathy for the Lawyer en este artículo, que los chicos de Facua, que (opinión personal), son mucho ruido y pocas nueces.

Así que, incluso siendo legal, eso no querría decir que te puedas llevar la botella de DYC con tus dos litros de cocacola y tu saco de hielo, o al menos, no tal cual, por motivos de seguridad. “¡Es que no me dejan meter mi paellera, con su mantel y sus cubiertos y todo!”… pues normal, ¿no?. No es lo mismo un bocadillo envuelto en papel de estraza (que no es, de ninguna manera, un arma, a no ser que el pan sea de hace una semana), que el intentar acceder con una olla express eléctrica llena de garbanzos. Y tampoco es lo mismo el llevarte una botella de agua (sin tapón, que se considera arma arrojadiza), que un six-pack de cerveza, o las tres litronas de cristal, que pueden hacer mucha pupa.

Todos, sin excepción, llevamos un abogado, un crítico musical y un organizador de conciertos en nuestro interior. Algunos incluso llevamos un escritor, con el mismo acierto que los anteriores. Pero por favor, no lo dejeis salir (a no ser que escribáis en un sitio de vuestra propiedad).

Andrés Abella

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