Crónica de Ana Curra – Sala But (Madrid) – 08/06/2019

Con oscuridad y barroquismo, así dio comienzo el concierto de Ana Curra organizado por Eclipsegroup & RRs-Promo tras cinco años de espera para los que asistimos allá por el año 2014 a su “Acto”.

Mientras que el Miserere de compositor del barroco checo Zelanka sonaba de fondo, Ana Curra apareció en el escenario cubierta con la capucha de la larga capa de rejilla que la llegaba hasta los pies. Parada frente a los asistentes arrancó con uno de sus nuevos temas “Fundido a negro”. Tras la liturgia del primer tema, la batería de una contundencia absoluta puso la fuerza en “El acto” para que sobre el escenario empezasen los saltos.

Creo que nadie se sorprende si hablo de la polémica que hubo en su momento con la resurrección del legado del fallecido Eduardo Benavente, en una oda a su eterna y etérea presencia, Ana Curra convocó a sus muertos y a los nuestros. Quiénes han perdido a alguien y han visto de cerca la muerte, saben que es la propia muerte la que te lanza agarrar aun más fuerte la vida. En ocasiones nos gustaría sentir la presencia de los que ya no están, por que al final todo es un juego, así pues “Vamos a jugar”ritmo fácil y así comenzó la fiesta.

Hablando de aquellos tiempos de los inicios del siniestreo, Rafa Balmaseda, el bajista (el único que queda de la formación original de Parálisis Permanente) demostró tener más energía en el escenario que la central de Chernóbil, además de una gran colección de camisas y camisetas que nos fue enseñando según iba avanzando el concierto. Ana también nos enseñó su vestuario. Según iban pasando las canciones se iba quitando capas y nos enseñó la maraña de vestido que la cubría como si fuese vestida con una telaraña de la que colgaban una especie de dreds de color morado y su cinturón amuleto que la acompaña en casi todos sus conciertos. Una enorme hebilla de calavera brillante.

“Nacidos para dominar” La batería y al teclado sonaron con toda la contundencia, no era para menos. Ana, cantaba, bailaba y tocaba sin parar. Gritos, convulsiones, tus manos se clavan en mi…así seguía sin tomar un respiro mientras el desgaste en el escenario y calor de la sala iba en aumento, (no sólo por la falta de aire acondicionando estando a 8 de junio en Madrid), sino por el ambientazo que se había creado que hacía que todos estuviésemos sudando la gota gorda. Algunos pensarían que era el motivo por el que César Scappa, el guitarra, iba descalzo, pero es que siempre toca descalzo. 

“Héroes”himno para toda una generación que miraba a lo que se estaba cociendo en Londres creado por el eterno maestro del Glam y lo bizarro David Bowie. Aquí los coros los puso el público, la gente gritaba lo de «podemos ser héroes» hasta desgañitarse. Siguieron con“Más”casi totalmente instrumental.

“Luna nueva”ella misma la presenta, «mi primera canción de brujita«. Sinceramente mucho más edulcorada. Como de Paloma San Basilio, pero con bajo siniestrillo. Canción un tanto cansina hecho que no casaba con lo que oíamos a nuestro alrededor: señores de cierta edad coreaban: ¡debuten, diosa y mi reina! Estas palabras dejaban claro que la media de edad del resto de la sala era bastante alta. Menos mal que tras este parón, Ana agarró una baqueta y empezó a tocar la batería eléctrica tras decir: “esta es la canción del siniestrismo mundial”, se refería a “Esa extraña sonrisa”.

“Quiero ser Santa”¡azotada y flagelada, viajar a Roma y ver al Papa! Cantaba todo el respetable a la par con Ana que pegando botes en el escenario y micro en mano lo repetía como una letanía. Unas chicas, que tal vez era la primera vez que la veían, estaban emocionadísimas y dándolo todo con este tema. Él batería para finalizar se subió encima de la batería con una maravillosa gargantilla en forma de horca. La cosa fue mejorando con “Tengo un pasajero” la gente saltando y gritando viva el punk. Mucho más fuerte sin parar de bailar y atizar con contundencia la batería eléctrica. 

“Ratas”inició la ronda de Seres Vacios que también tuvieron su hueco en el bolo. También empezó a haber cambios en los guitarras, se fueron turnando todos aquellos que en algún momento habían tocado con Ana Curra. “Pájaros”un tema de teclados. 

“Tres tristes yonkies” la canción escrita y tocada por Scappa, resultó ser una castaña repetitiva. Una y otra vez repetía lo mismo mientras todo el mundo se miraba esperando a que la tortura acabase. Alguno incluso aprovecharon para saludar a sus conocidos, ir al baño etc. Durante el tema “Aprendiz de bruja” Intentando mostrar una cierta provocación, se puso un gorro de lana tapándose la cara entera, con el que no sé cómo no la dio un tabardillo, y que sinceramente no sabemos que tenía que ver con la letra, por otro lado un tanto sosa.“Ghost rider”era versión electrónica incluida en el nuevo disco. La acompañó de unos bailes espídicos.  Lo cierto, es que no pegaba nada tras la otra canción. 

Para ir cerrando con los temazos icónicos: gritos pidiendo“Sangre”que con la vuelta de Iñaki a la guitarra todo se animó mucho más. “Esto no es”de César Scappa mientras Ana apoyó en los coros.

De repente a eso de las 22:45 todo empezó a ir mucho más rápido, se ve que los de la sala querían ir echando a todas las cucarachas viejunas que estábamos allí reunidos. Así que con el tempo acelerado sonaron del tirón los últimos temas;“Quiero ser tu perro”la ya mítica versión de The Stooges,“Jugando a las cartas”, a continuación “Unidos” toda la banda al completo y pogos entre el público. Hasta aquí todo correcto, todos desaparecieron del escenario, pero de repente volvió Ana Curra para promocionar su nuevo disco La Huaca del que había unas cuantas copias en el puesto de merchand, menos comparativamente hablando que el resto de cosas dedicadas a Parálisis Permanente, bolsos, bufandas, camisetas…

Tras pedir silencio, Ana, demostró que sus añitos de conservatorio de piano no eran en vano y se marcó una pieza de Bach, `pero siempre hay algún cafre que rompe el momento a voces. “Adictos a la lujuria”y “Autosuficiencia” en el que Ana se tiró al foso, mientras la gente la llevó por toda la sala y la devolvió sana y salva al escenario para despedirse con“Un día en Texas”.

Salir al asfalto madrileño sin duda mereció la pena para vivir esta incombustible experiencia.

Texto: Laura Delville

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