Crónica del Azkena Rock Festival 2019 día 1 – Mendizabala (Vitoria-Gasteiz) – 21/06/2019

Vitoria se convierte cada año en la cita obligatoria de los amantes del Rock con mayúsculas, el Azkena Rock Festival reúne a miles de personas que acuden cada año para echar por tierra aquella reflexión de Frank Sinatra sobre esta música en la que le daba no más de cinco años de vida, tal y como nos recordaban los vasos del festival vasco este año, tras décadas de momentos gloriosos, algunos de los nombres más ilustres y veteranos de la escena nos ofrecen sus razones de por qué siguen existiendo, y ya van 18 ediciones con ésta, lo cual no es ninguna broma.

Llegamos el viernes justo cuando The Living End aparecían en el escenario God, que este año rendía homenaje a Aretha Franklin y Rocky Erickson mediante las míticas cubrepeas que sirven de homenaje a las figuras rockeras fallecidas en el último año, rasgo identificativo del festival; los australianos dieron un recital con altibajos, pero dejaron claro que en su abanico de sonidos, en el que el papel del contrabajo de Scott Owen juega un papel fundamental, caben ritmos notablemente pop, mas propios de cabecera de serie americana, como a la vez conviven trallazos punk como “Prisioner Of Society”, todos interpretados con una gran personalidad y energía.

Llegaba la hora de una de las bandas a la que más ganas tenía de ver, Deadland Ritual en el escenario Respect, adornado con los correspondientes homenajes a Scott Walker y Dick Dale; la banda que formaron nada menos que Geezer Butler y Matt Sorum empiezan de forma bestial, con un “Symptom of the Universe” apoteósico, para delicia de todos los fans de Black Sabbath que estábamos allí, ver a Geezer interpretar los temas de su banda original, la misma que inventó el heavy hace ya tanto, es algo único y es eso lo que hace de este concierto algo memorable, pues aunque él mismo y Sorum sí están indudablemente a la altura de una superbanda de este tipo, la guitarra de Steve Stevens no arranca de forma demasiado optimista y la voz de Franky Perez queda muchas veces en evidencia con referencia a los cantantes originales de los temas que forman un directo muy basado en covers de las bandas de las que los miembros formaron parte, ésto es principalmente destacable en el “Slither” de Velvet Revolver, en el que echamos, y mucho, de menos a Scott Weiland.

No obstante, el show va subiendo de intensidad, en gran parte debido a que el sonido de la guitarra de Stevens va mejorando hasta conseguir demostrar su gran virtuosismo y ya en temas como el “Rebel Yell” de Billy Idol o el “N.I.B” de nuevo de Sabbath, llegan a conquistar a un público que mostró su sorpresa cuando Franky se arranca por “Lágrimas negras” dejando claro su origen cubano; para el final, su single “Down in Flames” que sirve para dejar claro que su voz es mucho más propia para los temas escritos directamente para él y un “War Pigs” que nos dejó de piedra, sin duda el mejor final de concierto que podíamos esperar.

Turno para uno de los cabezas de cartel de este año, los veteranos Stray Cats, el grupo más importante de la historia del rockabilly se presentaba en Vitoria para demostrar el por qué de su título, y asó lo hicieron, la enorme personalidad de Brian Setzer, el carisma de Jim Pahntom tocando su batería de pie y el inconfundible contrabajo de Lee Rocker forman un trío ganador aún a día de hoy, parece mentira que sean sólo tres los que crean esa atmósfera incomparable, en la que se hace apreciable la camadería que existe a día de hoy entre ellos y y de la que hacen al público partícipe en todo momento.

Himnos inmortales como “Runaway Boys”, “Cry baby” o “I Won´t Stand In Your Way” van sonando uno tras otro, con una energía envidiable y la guitarra de Setzer se desborda hasta alcanzar su climax con la improvisación en solitario que acaba en un “Misirlou” que vuelve loco al público, pero algo a destacar, es que el show, hay momentos para todos, los tres muestran sus bazas e incluso Lee Rocker canta un par de temas antes de que “Rock This Town” nos haga pedir más, por supuesto cumplen con el bis, con unos “Built For Speed” y “Rumble In Brighton” que nos dibujan unas sonrisas dibujadas siendo conscientes de que hemos presenciado algo inolvidable.

De vuelta al escenario Respect, era el momento en que otra de las bandas que más ganas tenía de ver en esta edición, Blackberry Smoke, los norteamericanos de estilo sureño me han fascinado desde que los conocí y la comparación con mis adorados Black Crowes se me hace inevitable, sobre todo después de presenciar su descarga en el Azkena de este año, que me hizo recordar la primera edición a la que asistí al festival, hace justo diez años, motivado por la presencia de los hermanos Robinson.

Desde las primeras “Nobody Gives a Damm” y “Six Ways to Sunday” nos vemos inmersos en una magia descomunal, con una banda que va sobrada en maestría y que manejan su directo como quieren, conocedores de su buen hacer y de la empatía que genera su estilo sureño en un festival en el que casan a las mil maravillas; la magistral guitarra de Paul Jackson y la genial voz de Charlie Starr se convierten en puro sentimiento en temas como “Waiting for the Thunder”, “Rock and Roll Again” o un “Medicate My Mind” en el que todo el público le cantamos el “Cumpleaños Feliz” al bajista Richard Turner.

Hubo tiempo a rendirle homenaje a los Beatles con “Come Together” antes de una traca en la que “Ain´t Got the Blues”, “Restless” y “One Horse Town” hicieran que el suyo se convirtiera en el, para mí, mejor concierto del festival, la despedida con la preciosa “Ain´t Much Left of Me” en el que introdujeron magistralmente un particular guiño a Led Zeppelin no hizo más que corroborar esta idea.

Después de esta demostración de calidad, The B52´s lo tenían realmente difícil, pero defendieron su show con sus pomposas indumentarias y su particular performance, personalmente no lo disfruté mucho, pero he de reconocer que las voces de las veteranas cantantes siguen sonando más que afinadas pese a los años y que temas como “Love Shack” siguen arrancando algún bailoteo y alguna sonrisa.

Tenía también muchas ganas de a Glassjaw en directo, pero en los primeros temas me llevé una gran decepción, es muy difícil que un concierto en el Azkena suena mal, puede haber algún problema de volumen, pero la calidad del sonido suele ser impecable, así que la impresión que me dio el horrible sonido del inicio del concierto de los neoyorkinos, sin planos sonoros apreciables, con voz casi imperceptible y con un bombo que reventaba la cabeza me hizo pensar que igual ellos tenían algo que ver, así que decidimos acercarnos al escenario Love, adornado con las imágenes de Ande Williams y Vinnie Paul y en el que The Hillbilly Moon Explosion estaba ofreciendo un show de una calidad impecable, sorpresas que te dan los festivales, algún grupo que querías ver te decepciona y otro que no contemplabas ver, te impresiona y te deja huella.

Así, los suizos, sobre todo en los temas que canta Enanuela Huntler, con una prodigiosa voz que hicieron que su propuesta rockabilly, con guitarras surf y versión de Blondie incluida y sirvieron para dejarme un sabor de boca genial para rematar la primera jornada del festival.

Texto: Juanpa Ameneiros

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