Crónica y fotos de Melanie Martinez – WiZink Center (Madrid) – 22/01/2020

Han pasado poco más de tres años de la última (y única visita) de la estadounidense Melanie Martinez a nuestro país, curiosamente también con parada única en la capital, y muchas cosas han cambiado desde aquel entonces. Si en aquel entonces a la Cry Baby se le quedó pequeño el Teatro Barceló, lo que provocó el cambio de sala, en esta ocasión se ha optado por cotas mayores con la asignación del WiZink Center en su formato The Box.

Con su nuevo disco, K-12, la artista ha creado una obra conceptual (que vio la luz también en formato película) haciendo hincapié en algunos de los grandes temas que forman parte del contenido de sus composiciones: el amor en sus diversas expresiones, el bullying (episodio que protagonizó una polémica que vivió en primera persona), la madurez, el miedo y la valentía. Un buen puñado de canciones con la que su público más adolescente se ve fácilmente reflejado y que la han llevado a crear un show basado íntegramente y de forma lineal en el álbum, con lo bueno y lo malo que eso conlleva.

Melanie Martinez Wizink Lluís García 2020 01 22

El claxon del autobús ponía en marcha el espectáculo al ritmo de “Wheels on the Bus”, con Melanie acompañada de un buen puñado de bailarines y bailarinas coreografiando cada compás del tema. Un gran escenario con una gran pantalla a la que quizás se le pudo sacar más partido pero que dejaba claro que la performance no iba a ser la de un concierto tradicional. Con “Class Fight” y “The Principal” comenzaron los juegos de cambio de atrezzo y se sucedían los bailes alrededor de la cantante para jolgorio de sus seguidores que, todo sea dicho, no habían precisamente abarrotado el recinto. Una lástima.

Melanie Martinez Wizink Lluís García 2020 01 22

Una lástima que cada interludio entre temas, en algunos casos demasiado extensos y vacíos ganando tiempo para el enésimo cambio de escenario y de vestuario, lastraran el ritmo general, pero por suerte una gran composición como “Show & Tell” sonó en el recinto con la protagonista maniatada en una enorme caja de música. En “Nurse’s Office” la pasearon de un lado al otro del escenario sobre su camilla de hospital y en “Drama Club” nos hicieron mover el esqueleto y es que, al fin y al cabo, aquello era una fiesta, ¿no?

Melanie Martinez Wizink Lluís García 2020 01 22

Así fueron sonando todas y cada una de las canciones de K-12. “Strawberry Shortcake”, “Lunchbox Friends” y “Orange Juice”, lanzando gajos de naranja al público, así como una sensual “Detention” con Melanie Martinez bailando en el centro de las tablas y siendo víctima del lanzamiento de objetos varios por parte de sus peculiares compañeros de instituto. “Teacher’s Pet” le siguió, con el video de la película como telón de fondo, mientras que “High School Sweethearts” nos trasladó a una preciosa habitación iluminada por la luna con su, como no, posterior baile. Sin duda uno de los momentos más álgidos de la noche a pesar de algunos problemas puntuales de sonido durante su estribillo.

Melanie Martinez Wizink Lluís García 2020 01 22

Aquello tocaba a su fin, por lo menos en lo que respecta al primer y gran bloque de su show, con la angelical (de ahí su vestido) y preciosa “Recess” que dio paso al único bis de la velada. Y tras el aquello ya se convirtió en un concierto más estándar, con la joven estrella animando al público, cantando y saltando con una energía mayor, no tan pendiente de los detalles de su puesta en escena, bajo el manto de una señora canción como “Mad Hatter” que enloqueció al personal. “Alphabet Boy” fue la segunda y última concesión a su añorado Cry Baby del que echamos en falta grandes composiciones como la que le da título, “Dollhouse”, “Carousel”, “Soap” o “Pitty Party”, por citar tan solo algunos ejemplos. Pero es lo que tiene una actuación de estas características. Aún hubo tiempo, eso sí, de una despedida al compás de “Fire Drill”, un tema no tan conocido que pone música a los créditos de su ya citada película.

Esto es lo que dio de sí la segunda visita de Melanie Martinez a nuestro país. No cabe duda de que K-12 es un trabajo diferente y que el hecho de llevarlo literalmente al directo acarrea sus pros y sus contras, convirtiéndose en una experiencia tan arriesgada como valiente que fácilmente deja un sabor agridulce en los que allí nos dimos cita por primera vez. Pero estamos hablando de una artista distinta a la media que habita en la industria del pop y, en consecuencia, es lógico que sus propuestas también lo sean. Un servidor, como tantísimos otros, salió de allí con una sonrisa de oreja a oreja. Y eso es lo importante.

Texto y fotografía: Lluís “DiMu” García

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