Crónica de Guns n’ Roses + Volbeat + Nothing More – Estadi Olímpic Lluís Companys (Barcelona) – 01/07/2018

2 años han pasado ya desde que los californianos Guns n’ Roses decidieron reunirse de nuevo para difundir, como otros tantos grupos veteranos, la palabra del rock n’ roll más perenne. Después del exitoso Chinese Democracy World Tour en 2009/10 tocaba hacer otro tour como Dio manda al que bautizaron con el nombre Not In This Lifetime Tour. La cita se llevó a cabo en el Estadi Olímpic Lluís Companys el que alberga una capacidad para 56 mil personas aproximadamente, bastante alejado de los 12 mil asistentes de la capacidad del Estadi Olímpic de Badalona con el anterior tour.

Cuando yo llegué ya estaba sonando desde hacía un par o 3 de canciones el grupo encargado de iniciar la velada, Nothing More. Era un domingo caluroso en Barcelona. Quizás esa fue la razón por la cual el estadio estaba a medio gas, aproximadamente con un tercio de la capacidad de los asistentes en pista y prácticamente vacío en las gradas. La verdad es que lo entiendo perfectamente, hacía años que no asistía a un concierto grande al aire libre y a los pocos minutos de estar allí me preguntaba si iba a aguantar todos los tres conciertos en esas condiciones. La zona de prensa escrita estaba situada al final de todo del estadio, en las gradas. Y con un sol pegando directamente en las pantallas fue casi imposible seguir el concierto. Para rematar hacía viento y el sonido se perdía en muchas ocasiones.

Era la primera vez que veía y escuchaba a los tejanos Nothing More, de hecho ni sabía que tocaban en ese tour, me pilló totalmente a contrapié después de consultar el evento oficial minutos antes del inicio del mismo. La música que proponen es una mezcla de rock/metal progresivo alternando con metal alternativo, hardcore y nu metal con un acabado muy curado, de fácil escucha y gran producción. Digo de fácil escucha porque muchas de sus canciones contienen voces limpias y repeticiones de estribillos emotivos que recuerdan a ciertas canciones que se suelen escuchar en las emisoras de radio más comerciales. Otros temas, sin embargo, desprenden una energía totalmente opuesta, mucho más rebelde y técnica, usando todo tipo de recursos para lograrlo, desde la electrónica a el Djent. Parece como si fuera un grupo totalmente sin barreras a la hora de escoger las influencias para componer. En resumen, una delicia para todos los fans de la originalidad, los contratiempo y el post-screamo.

Un popurrí interesante para ver un rato, pero sobrecargado, pesado y cansino después de varios temas, seguramente debido a mi falta de entendimiento con el estilo que defienden. La energía de los integrantes del grupo parecía latente en cada canción pero por la causas descritas anteriormente para mi fue imposible disfrutar ese concierto que terminó con un público algo más animado y un poco mas de asistentes.

Al sonido de una intro en plan metalúrgica empezó la apisonadora Volbeat. La intensidad del bajo y el bombo se sentía en el ambiente y una parte del público, ahora sí, empezó a reconocer canciones y a corear algunas de ellas mientras un flujo constante de gente iba llenando el estadio. El frontman agradeció la asistencia y ánimo enérgicamente un público hasta entonces bastante dormido. Mientras, una voz muy característica al más puro estilo rock sureño acompañaba el sonido pesado de los riffs tan característicos de la banda de Copenhague. Una cover the “Ring of Fire” de Johnny Cash mucho más potente y rápida apareció en escena y el público empezó a mover el esqueleto, me incluyo. El resto de temas fueron más Rockabilly-metal, estilo que llevó la batuta para el resto de concierto.

Es el típico grupo que si te gusta una canción te gustan todas, lo mismo que pasa con los grupos de Rockabilly pasa con los de Rockabilly-metal. Eso sí el sonido mucho mejor que el anterior, aunque los coros demasiado altos destrozaron varias de sus canciones. Cabe destacar lo bien que sabe tratar con el público Michael Poulsen, frontman del grupo, que en esta ocasión nos deleitó con unas palabras para dar el visto bueno a un público ya despierto por completo y alabar la presencia de los míticos Guns N’ Roses. El cantante también hizo mención a la muerte de Vinnie Paul y pido ruido al público en su honor. Desafortunadamente para mi gusto musical, más canciones rockabilly, nada de covers de Pantera o Hellyeah.

Llegó el momento esperado para la gran mayoría de los asistentes. Los nervios y la emoción se podía palpar a través de la mirada de cada tipo de persona allí presente, desde familias enteras, a gente de más avanzada edad. La verdad es que precisamente esa, es una de las cosas que más me gustan de cuando voy a un concierto de un grupo veterano/mítico, esa felicidad y ojos vidriosos en todo tipo de rostros. Y no era para menos, muchos de los asistentes vieron a sus ídolos por primera vez aquella noche, yo mismo hacía unos 14 años que les seguía la pista y nunca los había visto en directo por A o por B.

Una pantalla con una animación de un tanque cubierto de parches de los festivales del tour de Guns N’ Roses (Download, Graspop, etc…) entretiene un público ansioso. Pasados 8 minutos del vídeo en bucle con el tanque disparando y matando zombis empieza a cansar… el público chillaba y, entre quejas y éxtasis, empezó el concierto con mas animaciones, para mi totalmente innecesarias. La pirotecnia dio por fin el pitido inicial del concierto (o mejor dicho, el fin de las animaciones). Aparecen todos de golpe todos los miembros en un escenario magistral, con una increíble escenografía repleta de luces. Sin señal alguna de escatimar en gastos.

Como todo el mundo se esperaba lo que destaca más negativamente del concierto es la falta de voz de un Axl Rose claramente maltratado por los años. Se acentuó aún más en canciones acompañadas de coros debido al contraste que genera, como es el caso del tema que abrió el concierto “It’s so easy”. Ni los constantes efectos aplicados a la voz fueron capaces de aliviar el dolor que sentía cada vez que el cantante abría la boca en cada uno de los clásicos que guardaba en el fondo de mi corazón rock n rollero.

El concierto estuvo compuesto de muchos temas, en concreto 31, pero uno de los momentos álgidos de la noche fue cuando empezaron a sonar esas ondas guitarristas que se alejan, la intro de “Welcome to the Jungle”. Un Slash burlón cortó en seco el clásico para antes ofrecer uno de sus solos, uno de ellos, porque hubieron muchos, incluso demasiados y eso que me encantan. Al final de dicho solo apareció Axl chillando y el público vuelve a enloquecer. En ese momento, miles de teléfonos móviles iluminan la zona de pista y gradas, ofreciendo una panorámica preciosa como si del espacio se tratara. A pesar de mis ansias para disfrutar esa canción logre mirar a mi alrededor una vez más para ver esos ojos brillando a pesar del cansancio, como si supieran que venía a continuación. “Do you know where you are?”. Sentimientos entrecruzados de nuevo, Axel es horrible pero cualquiera mínimamente fan disfruta esta canción y eso es lo ocurrió, incluso perfeccionistas (haters) como yo lograron disfrutar esa canción, si, sin siquiera llegar a un aprobado justito.

Otro gran momento de la noche fue la incorporación de un piano de cola en medio del escenario, de nuevo para tocar otro de los grandes clásicos de los californianos, “November Rain”. Esta vez las emociones mas nostálgicas surgieron de entre los asistentes mientras estos coreaban la canción de principio a fin. Más sensibilidad fue añadida a la cesta a continuación con el inicio de la cover de Soundgarden, “Black Hole Sun”, dedicada al frontman que se quitó la vida hace aproximadamente un año, Chris Coronell. Un momento muy bonito y bastante difícil de olvidar sin duda.

El concierto terminó con un bis compuesto por “Patience”, la cover de The Who “The Seeker” y el tema top de la noche, “Paradise City”. El último tema terminó en medio de miles de euros invertidos en pirotecnia y confeti. Insisto, había mucho invertido ahí, hacía años que no veía tantos fuegos artificiales en un concierto, quizás porque tampoco frecuento mucho a los grandes estadios, cierto. Supongo que no es de extrañar teniendo en cuenta los millones que ganan por cada concierto… El grupo se despidió con un par de palabras un poco sosas y un Slash haciendo el pino momentos antes de dar por finalizado el concierto.

Muchos otros temas se tocaron esa noche, muchas sensaciones a flor de piel y muchos solos de guitarra. Eso sí, solos muy bien posicionados, antes de los grandes clásicos como “Sweet Child O’ Mine” y “Welcome to the Jungle. Algunos dirán que fue largo, a mi no me lo pareció, supongo que depende con la energía que vayas al concierto, las ganas que tengas de ver un grupo que, pese estar a medio gas, goza de poder ponerse la medalla de que no solo aguanta, sino que se deja la piel en en el escenario durante más de tres horas y media. La verdad, es que aunque no sean los mismos o hayan tenido épocas mejores a mi aun se me ponen los pelos como escarpias de ver a Slash jugando con la guitarra, uno de mis ídolos de mi infancia cuando empecé con la guitarra hará unos 14 años.

Texto: Gerard Brull

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Continuando el uso de esta web está aceptando las políticas de cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están puestos en "Permitir Cookies" para que puedas disfrutar de una expreriencia de navegación satisfactoria. Si continúas usando esta web si cambiar tus ajustes de cookies en el navegador o haces click sobre el botón "Aceptar" estás dando tu consentimiento explícito.

Close