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Crónica de IGORRR y THE HOLEUM – Sala Caracol (Madrid) – 08/10/2017

Tarde de domingo en la capital, la Sala Caracol nos abría sus puertas para recibir un espectáculo muy especial gracias a Madness Live! Prods.: Igorrr, surrealista proyecto musical convertido en banda, que ha conseguido unificar a públicos tan dispares como los seguidores de la música electrónica, la clásica o el black metal.

Calentando motores, los levantinos The Holeum fueron los encargados de abrir telón e introducirnos en el desconcertante universo que nos esperaba.

Sólo hicieron falta unos pocos minutos en escena para que una sobrecogedora atmósfera inundara la sala. The Holeum derrocharon magnetismo y profesionalidad a partes iguales, emitiendo una perfecta simbiosis entre sonidos post-apocalípticos, Dark ambient, doom y black.

Aunque con tempos más ralentizados y un sonido propio, me recordaron sobremanera a la banda australiana The Amenta, en especial debido a las similitudes entre su vocalista Cain Cressall con Pablo Egido.

En definitiva, calidad interpretativa junto a un acertado set-list hicieron de The Holeum la perfecta apuesta para el inicio de una particular noche.

Tras la correspondiente espera de montaje, hizo su aparición el gran Gautier Serre (Igorrr) posicionándose tras su mesa de hacer magia, junto a él0la impresionante vocalista Laure Le Prunenec quién con una fantástica composición a capella dio el pistoletazo de salida a la locura más absoluta, a la que se unieron Sylvain Bouvie a la batería y Laurent Lunoir, corpse paint incluido, como encargado de voces graves y guturales.

Describir la experiencia resultante de un directo de Igorrr es tarea complicada, puede que suene a tópico, pero el sentimiento de fascinación y locura que la banda transmite en vivo es algo único y maravillosamente desquiciante.

Excéntricos ritmos electrónicos, folk, dub-step, distorsiones, jazz, melodías black y death metal, barrocas… interpretados de forma exquisitamente brillante se sucedieron en el escenario, al igual que sus dos vocalistas, creando su particular circo de los horrores con su demencial puesta en escena.

El público respondió a tal enajenación con más locura, la sintonía fue brutal, y ello no hizo más que motivar (aún más), a los cuatro músicos que se hallaban sobre las tablas.

A penas un show de una hora, que por una parte se hizo escueto, pero por otra fue tan intenso, que desbordó a los allí presentes sensorialmente hablando, por lo que me aventuro a decir que fue uno de los conciertos más completos y extraordinarios vividos éste año.

Texto: Ana Teresa Cuevas

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