Crónica de Iron Maiden + Gojira + Sabaton – Wanda Metropolitano (Madrid) – 14/07/2018

En un fin de semana cargado de grandes eventos musicales por toda la península entre los que destacaban festivales Resurrection Fest, el MadCool o el BBK Live, el que nos atañe probablemente se antojaba el más ambicioso de todos: llenar el Wanda Metropolitano haciendo actuar a una banda de heavy metal. La más grande de todos los tiempos (con el permiso de unos tales Metallica), sí, pero una banda de heavy metal al fin y al cabo. Se trataba del mayor concierto de Iron Maiden hasta la fecha en nuestro país después de un total de hasta veinte visitas previas (la última de ellas hace justo dos años presentando The Book Of Souls en cuatro fechas), que siempre se han saldado con una demostración del gran cariño y admiración que el público español profesa a esta entrañable y veterana banda londinense. En esta ocasión llegaban con una gira de grandes éxitos que han denominado Legacy Of The Beast, en la que prometían una amplia selección de sus mejores temas de los 80 y algunas sorpresas de sus trabajos más recientes. La expectación era máxima por ver una vez más a la doncella, como demostraba la multitud de camisetas negras que fue congregándose desde bien temprano en los aledaños del estadio,a pesar del sol de justicia de una tarde de julio en la capital, con ganas de fiesta y de vivir una noche para el recuerdo.

Para hacer aún más atractiva la propuesta, los británicos contarían como teloneros con dos de las bandas más en forma del panorama metal actual en sus antagónicos estilos: nada menos que Gojira y Sabaton para hacer pasar volando el tiempo a una buena parte de los asistentes.

Después de recoger la acreditación y hacer una hora de cola (que apenas se movía) a pleno sol para entrar por el acceso correspondiente, me tocó pillarme un rebote considerable cuando parecía que al fin íbamos a entrar y la organización nos derivó a otro acceso que a priori no era el nuestro y cuya cola avanzaba mucho más ligera. Total, que después de la pérdida de tiempo tuve que conformarme con escuchar desde fuera cómo Sabaton empezaban su show con su inamovible en el setlist “Ghost Division”. Eso sí, no tardamos en entrar por fin al Wanda y el cabreo se me quitó bastante rápido al pillar asiento en la zona habilitada para prensa y distraerme con el concierto de los powermetaleros suecos. Aunque no sean precisamente santo de mi devoción, es incontestable que desprenden una energía en sus directos que llega a ser contagiosa.

Comandados por un Joakim Brodén que sabe perfectamente cómo meterse a su público en el bolsillo, varios cientos de incondicionales no dejaron de saltar con la banda en la parte frontal al escenario mientras entonaban los coros de “SwedishPagans” o enloquecían con “The Last Stand”, de su homónimo último disco, convertido súbitamente en nuevo himno en los shows. Tampoco faltaron temas de su aclamado Heroes, como “Night Witches”, que hacía levantar los brazos una y otra vez a la cada vez más poblada pista. Como apunte, sé que es lo habitual en sus conciertos, pero uno no deja de pensar cuando ve a los suecos que quizás abusen demasiado de las pistas “sampleadas”, que provocaron más de un casi imperceptible despiste general en la banda cuando al tratar de tocar encima no cuadraban en tiempo exactamente con la grabación. Pero bueno, como digo,llevan años preparando así sus directos y de momento les va bien así. “Primo Victoria” volvió a hacer volar al público mientras la banda ondeaba al viento sus melenas a excepción del bueno de Joakim, que acabó por los suelos en “Shiroyama” antes de dar las gracias al respetable chapurreando algo de español y pedir una ovación para Gojira y para “the best Heavy metal band in the fucking world”. Y ahora sí, con “To Hell And Back” llegaba el final de un entretenido concierto con el que un puñado de fans se dejaron el alma como si de la banda principal de la noche se tratara.

La entrada del público al estadio seguía siendo lenta y para cuando los franceses Gojira comenzaron su espectáculo, las gradas aún presentaban un aspecto muy vacío. No así la pista, que parecía que se llenaba a mejor ritmo. La banda de los hermanos Duplantier era probablemente una apuesta más arriesgada que los suecos debido a su propuesta extrema y menos accesible para el metalero clásico. Aun así, un servidor quedó encantado con la inclusión en el cartel de una de sus bandas más admiradas y su Death Metal progresivo, estando además en estado de gracia, que regresaba a Madrid tras su participación hace un año en el Download. No iban a hacer prisioneros los de Bayona, que salieron a degüello con “Toxic Garbage Island” y “L’Enfant Sauvage” dando cuenta de un contundente sonido, como es lo habitual. Quien aún no conociera a la banda (que ya tiene delito), debió enamorarse o espantarse, sin término medio, pues la retahíla de ritmos con doble bombo y blastbeats de Mario y los guturales de Joe se hacían notar con mucha fuerza en todo el Wanda Metropolitano. El cuarteto seguía presentando su último disco, Magma, por lo que el setlist guardó protagonismo a un mayor número de cortes del mismo. Así, tras una breve presentación, “Silvera” y “Stranded” fueron las siguientes canciones en ser ejecutadas.

Cuando escuchamos el sonido de una ballena (inconfundible sonido, ¿verdad?) desde el escenario, solo podía significar una cosa: “Flying Whales”, o dicho de otra forma, “el tema” de Gojira. Qué obra maestra el From Mars To Sirius. Alguien del público intentó corresponder a tan magno momento lanzando al aire un tiburón hinchable. Casi. Pero la intención es lo que cuenta y a los músicos les hizo gracia.

El destino quiso que el bajista Jean-Michel Labadie, hiperactivo durante todo el concierto, teloneara a los IronMaiden el día de su cumpleaños, así que tras anunciar su frontman Joe Duplantier tal coincidencia, el público se lanzó a cantarle el cumpleaños feliz. ¿En español? ¿En inglés? No se entendía desde donde estaba. Daba igual. La estratosférica “Backbone”, con parón intencionado incluido, hizo headbangear a la gente desde la grada mientras Mario Duplantier se hartaba a regalar baquetas entre un público que comenzaba a llenar el fondo de la pista. “The Shooting Star” y “Vacuity” pusieron fin a casi una hora de bolo que a mí, por lo menos, me supo a gloria mientras esperaba el plato fuerte y a su vez me dejó con ganas de más. Ya tardan los franceses en volver a salas.

El público en las gradas pasaba el rato haciendo la ola mientras a cuentagotas seguía la gente entrando en el estadio y transcurrían los minutos para ver a la doncella de hierro sobre el escenario. La puntualidad estaba siendo británica hasta el momento (sí, tenía que decirlo), por lo que el murmullo aumentaba conforme se acercaba la hora. Finalmente, fueron dos minutos de cortesía lo que tardó de más en empezar a sonar “Doctor Doctor”, la canción de UFO que la banda pincha siempre para avisar de que el show va a comenzar y que ha terminado por convertirse en una parte importante del mismo. Tanto que la gente en la pista comenzó a saltar y a cantar desde el principio. Dos personajes con uniforme militar quitaron solemnemente las lonas a la decoración del escenario, cubierto de plantas y con motivos de camuflaje y el discurso de Churchill tras la derrota de Francia en la Segunda Guerra Mundial dio lugar a la irrupción en el escenario de un avión de combate. ¡”Aces High” sonando y el público enloqueciendo! Frenesí y velocidad. Si no es el mejor comienzo posible para un show de IronMaiden… El “Bruce aviador” sería el primero de los muchos que veríamos durante el concierto, ya que el veterano vocalista, que ofreció un nivel más que bueno, cambió de prendas en prácticamente todas las canciones del repertorio de esta gira.

Para este instante, las dudas se acabaron y el Wanda lucía ya un lleno en la práctica. Para seguir con la temática bélica, “Where Eagles Dare”, tema en honor a la película del mismo nombre, fue la siguiente en sonar, la cual llevaban más de una década sin interpretar en directo. Fue el primer clásico de un Piece Of Mind al que dieron especial cuenta los de Londres. Mientras, el fondo del escenario iba cambiando con cada canción y en esta ocasión mostraba la cima de una montaña nevada. Volvimos al majestuoso Powerslave con “2 Minutes To Midnight”, con Dickinson en plan showmany un Janick Gers que no paró de jugar con su instrumento y que junto al cantante fueron los más activos sobre el escenario, mientras que Dave Murray y Adam Smith tuvieron una postura más estática siendo los encargados de alternarse los solos de guitarra.

Tiempo de que Bruce saludara al respetable e hiciese su primer speech presentando el siguiente tema hablando sobre quienes a lo largo de la historia han luchado por la libertad ante aquellos que han querido robarla. Steve Harris se colgó una guitarra acústica y todo el estadio coreaba la palabra freedom con “The Clansman” mientras Dickinson apuntaba alto con una espada manchada de sangre. Nada más cambiar la lona de fondo a la imagen del Eddie soldado con la bandera de Reino Unido, la gente ya sabía lo que se le venía encima. “The Trooper” hizo vibrar a todo el mundo con un espectáculo escénico en el que un Eddie gigante se batió en duelo con el bueno de Bruce sobre el escenario, el mismo que en la parte final hizo ondear una bandera de España gigante.

Llegados aquí, la decoración del escenario cambió por completo y pasó a estar conformada por unas preciosas cristaleras de catedral gótica, con un rosetón gigante incluido que era imitado por el bombo de la batería de un NickoMcBrain que estuvo pletórico en los parches todo el concierto. Así, para disfrute de todos cayó “Revelations”, una auténtica delicia de tema al que sucedió “For the Greater Good of God”, de su A Matter Of Live And Death, la cual fue la composición más reciente de las que formaban parte del setlist. Su extensión y ritmo pausado calmó unos ánimos que volvieron a dispararse de nuevo con “The Wicker Man”, muy celebrada entre los asistentes.

Antes de la gran traca final que el sexteto nos tenía preparada, “Sign Of The Cross”, con un Dickinson vestido de sacerdote y corriendo de lado a lado del escenario mientras portaba una contundente cruz luminiscente, sirvió para poner a prueba la pirotecnia con grandes columnas de fuego y cohetes que estallaban dentro del propio escenario. Espectáculo visual para un tema kilométrico que de otro modo resultaría más pesado en directo.

Momento de que “Flight Of Icarus”, tema inédito en directo desde 1986 y uno de los caramelos del repertorio para los fans, hiciera enloquecer al público mientras Bruce portaba dos lanzallamas que escupían fuego desde sus muñecas. Al fondo, un colosal Ícaro con sus brazos alados extendidos presidía el gigantesco escenario. Y ahora sí, llegamos al momento álgido del concierto, cuando se apagaron las luces y comenzaron a sonar las primeras notas de “Fear Of The Dark” ante un Wanda Metropolitano engalanado con miles de linternas de móvil (ya sabéis, los nuevos mecheros) y cantando al unísono uno de los himnos del combo británico. Magia. No decaería el delirio del público con la inmortal “The Number Of The Beast”, para la cual el escenario fue adornado con antorchas y candelabros que colgaban del techo del mismo, ni con “Iron Maiden”, del disco debut de la banda, que sonaba mientras emergía la cabeza gigante de un Eddie cornudo, imagen de esta gira.

Antes de los bises, tuvo lugar el típico mantra en el que los grupos hacen como que se van para hacerse un poco de rogar y volver. Tres temas más. “The Evil That Men Do” levantó de nuevo a la grada para gritar el estribillo a pleno pulmón y “Hallowed Be Thy Name”, con un Bruce en estado puro que agarraba una soga y pedía más ruido con su célebre “scream for me, Madrid”, mientras toda la pista saltaba al unísono junto a una banda absolutamente desatada sobre el escenario. “Run To The Hills”, una de las grandes ausentes en la anterior gira, puso el broche de oro entre fuegos artificiales a un espectáculo al que poco más se puede pedir. Una producción excelente, un setlist de grandes éxitos cuidado para el disfrute del fan de toda la vida, rescatando temas que parecían relegados al olvido y unos músicos que, pese a su edad, muestran una jovialidad y una movilidad sobre el escenario que ya quisieran muchos. El sonido, pese a tratarse de un concierto de estadio, fue más que aceptable desde mi posición, aunque me consta que hay quienes se quejaron de este aspecto.

No sé cuántas de las más de 50000 personas que poblaron el recinto deportivo habrán asistido al concierto de sus vidas, como rezaba el anuncio del evento, pero lo que sí sé es que se es que lo vivido en el Wanda la noche del sábado hará a muchas de ellas recordar para siempre con orgullo haber estado presentes en el momento en que Iron Maiden se hicieron inmortales en un estadio abarrotado bajo el cielo de Madrid.

Texto: Alberto Zambrano

2 Comentarios
  1. Pleasuretokill dice

    En Gojira más que headbanging la peña lo que daba era cepazos, tecnicamente son muy buenos pero no casaban nada en este cartel y se notó la gente no acabó de conectar con la banda y se les hizo pesado a mucha gente.

  2. […] Iron Maiden ya terminaron la parte europea del exitoso del Legacy Of The Beast Tour, que tuvo una parada en España el 14 de julio en el Wanda Metropolitano (y de la que podéis leer nuestra crónica aquí). […]

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