Crónica de Ne Obliviscaris + Allegaeon + Virvum – Sala Nazca (Madrid) – 27/04/2018

Tarde de viernes en la capital, los amantes del metal extremo más complejo se daban cita en la Sala Nazca expectantes por ser taladrados mentalmente por una excelente conjunción de bandas: Los australianos Ne Obliviscaris presentando su último trabajo Urn junto a los estadounidenses Allegaeon y los suizos Virvum, todo ello gracias a Madness Live! Prods.

Desde tierras alpinas y dispuestos a sembrar el caos más estructurado Virvum desmantelaron cualquier expectativa que tuviéramos sobre ellos sobrepasándola en un 200%, con tan solo un álbum de estudio a sus espaldas los suizos denotaron asombrosa profesionalidad coordinando a la perfección los trituradores acordes provenientes de las guitarras de Nick Gruhn y Tobi Koelman con la exquisitamente técnica voz de Bryan Beger, creando una atmósfera de brutales y progresivas excentricidades que si bien en un principio parecieron difícil de digerir por parte del público, lentamente se fue introduciendo en nuestras mentes y como si repentinamente hubiéramos encontrado la solución a un complicado problema matemático, el death metal de Virvum nos llenó de satisfacción y entusiasmo, alzando nuestros niveles de adrenalina y descongelando nuestras mentes.

Después de tal subidón inicial tuvimos el tiempo justo para recuperarnos cuando la brutalidad de Allegaeon saltó a escena demoliéndonos, tecnicismos y tralla, muchísima tralla, los estadounidenses se mostraron concentrados en su labor de complejidades a velocidad inhumana, el doble pedal de su batería pareciera ser ejecutado por alguna máquina debido a su increíble precisión y rapidez, los enrevesados riffs y solos de guitarra martillearon nuestro cerebro induciendo a las hordas metaleras a romperse el cuello, ya que aún en toda su concentración Allegaeon supieron conectar con el público subordinándonos a su merced, mérito a partes iguales de tal simbiosis instrumental y su cantante Riley McShane que con una impresionante variedad de registros vocales y un carisma atronador nos condujeron hacia un macabro abismo de aniquiladora fascinación.

Delirio y magia inundaron la Sala Nazca pasados tan solo unos minutos desde que los australianos Ne Obliviscaris pisaran las tablas, Xenoyr encargado de transmitir la voz del Señor de las Tinieblas mediante sus maquiavélicos registros vocales, e irradiando un inquietante carisma con su oscura y perturbadora apariencia eclipsó a las hordas de fans sumiéndolas en un perverso hechizo del que no dudaron en tomar parte los bestiales blast beats de Dan Presland descuartizándonos con cada pegada en su batería, acompañándole en tal hazaña Martino Garattoni que con cada punteo de bajo pareciera realizar pequeños cortes en nuestra piel los cuales recibimos con fervor enfermizo, Matt Klavins y Benjamin Baret haciéndonos vibrar con una magistral progresividad ejecutando solos y riffs de guitarra, y por supuesto Tim Charles, delirio, belleza y decadencia en su cristalina voz y su atormentado violín.

Tema tras tema Ne Obliviscaris supo seducirnos, conducirnos a la locura más depresiva o exaltar nuestros instintos más primigenios en un acto plagado de matices y sentimiento perfectamente estructurado.

Y aunque los australianos se encontraban de gira por el viejo continente para mostrarnos las creaciones que integran su último disco Urn, hubo espacio también para temas anteriores, de todos los temas escogidos para el set-list de aquella noche, particularmente me quedo con “And Plague Flowers The Kaleidoscope” éxtasis de toda su actuación debido al ingenioso y demoledor juego de voces entre Tim Charles y Xenoyr, interpretado con extrema complicidad, derritiendo nuestros sentidos…

Y así, tras la huella de arrolladora fascinación que los del hemisferio sur marcaron en cada uno de los allí presentes, concluyó una noche donde los extremos en un amplio abanico de matices, fueron protagonistas de una extraordinaria velada plagada de talento, de la que sólo puedo resaltar aspectos positivos, ya que las tres bandas realizaron su labor sobre el escenario con minuciosa profesionalidad y pasión demencial.

Texto: Ana Teresa Cuevas

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