Crónica de O Son do Camiño 2019 Día 1 – Monte Do Gozo (Santiago de Compostela) – 13/06/2019

Se cumple este verano 15 años de aquel mítico festival celebrado en el Monte Do Gozo de Compostela que nos trajo a nuestra tierra una colección inolvidable de nombres en tres noches mágicas, Lou Reed, Bob Dylan, Muse, The Cure o The Darkness formaron parte de aquel cartel, junto a propuestas electrónicas como Chemichal Brothers o Massive Attack, pero para muchos, el ganador absoluto del festival, entre tanto nombre ilustre, fue Iggy Pop, en aquel momento acompañado de The Stooges en una vuelta con su mítica banda, la iguana había reventado literalmente el escenario, subiendo a cada recoveco accesible del mismo, cortándose incluso el pecho y subiendo a una gran cantidad de fans a corear con él el último tema del concierto, por aquel entonces había sido la primera vez que yo lo veía, y, aunque tuve la suerte en estos años de verlo en algunos festivales más, su visita al mismo lugar dentro de la segunda edición del O Son do Camiño, era, para mí, motivo más que suficiente para acercarme y conocer el nuevo festival que empezó el año pasado con pie fuerte dentro del verano gallego.

Lo tiempos han cambiado mucho desde entonces, y la propuesta de este festival no es otra que la de adecuarse a los gustos variados de una gran masa de público, juntando en el mismo cartel nombres de muy diversos estilos, algo de lo que yo no suelo ser muy amigo, pero que sin duda se convierte en interesante a la hora de salir de la zona de confort de los gustos de uno mismo, pudiendo presenciar conciertos a los que no estás acostumbrado, con las consiguientes sorpresas agradables y también, claro está, las lógicas decepciones.

Al llegar a Compostela, la primera sorpresa, la zona de aparcamiento en San Lázaro, espaciosa y cómoda eso sí, queda a una considerable distancia del festival, lo que convierte la carretera que sube al recinto en una curiosa peregrinación de festivaleros, la zona de acampada queda también arriba, y si bien me comentaron que en la primeras horas dejaron pasar vehículos para descarga de material, por la tarde el acceso era prohibido incluso para los taxis, y los buses lanzadera del propio festival, llegaban a un punto más lejos que los propios buses urbanos, lo cual, sumado a que la zona de acampada no disponía de supermercado temporal, acarreó muchas críticas entre el personal; pienso que les importante que los festivales dejen beneficio en las ciudades o pueblos en los que se celebran, por lo que, en este caso, no habría sido difícil llegar a acuerdo con empresas locales de transporte y/o comercio para hacer la vida algo más fácil al personal, y, de paso, hacerles partícipes de los beneficios que supone un evento como este.

Pero centrémonos en la música, que es el motivo principal por el que hemos venido aquí, mi primera jornada no iba a ser tan extensa como me hubiera gustado, debido a compromisos laborales nocturnos, pero me sirvió para disfrutar de dos de los nombres que más me llamaban la atención del cartel, los enormes Graveyard y Richard Ashcroft.

Llegué a tiempo para ver el final del concierto de Molina Molina, indie sin grandes pretensiones, ritmos bailongos que personalmente no disfruto en absoluto; su single “Oz” fue quizás el más celebrado entre el personal, que aún distaba mucho en número de ser tan numeroso como serían los días siguientes, algo que se notó en toda la jornada.

Tras ellos, Royal Republic me causaron mucha más sensación, un show muy divertido y más potente de lo que habría esperado, originando incluso algunos sorprendentes circle pits en las primeras filas al ritmo de su “Strangers Friends Lovers Strangers” que precede a la festiva y contagiosa “Stop Movin´”, los suecos sabes llevar su propuesta a un notable nivel, atreviéndose incluso a versionear el “Battery” de Metallica antes de acabar el show con su “Baby”; era el segundo concierto que veía y ya me había llevado una de las buenas sorpresas de las que hablaba al principio.

Second es otro de los nombres indies que se sumaban al cartel de este año, a ritmo que ordenaban sus notables líneas de bajo acompañadas de sintentizadores, aunque no me enganchó, no puedo decir nada negativo de forma objetiva de los murcianos, que entregan un show sincero y empático para sus seguidores, con una gran parte de público juvenil, que disfrutaron sobre todo con temas como “Nivel inexperto” o la balada “Invierno dulce”.

Volviendo al escenario grande, el llamado “Estrella Galicia”, se presentó ante nosotros el que fuera cabeza visible de The Verve, Richard Ashcroft, que sorprendió a todos al ocupar el gran escenario él sólo con su guitarra, en una propuesta valiente y arriesgada para un festival de estas características, y aunque escuché criticas debido a ello y a su completa tranquilidad, para mí fue un gran concierto, las míticas “Lucky man” o “The Drugs Don´t Work” de la banda que le hizo famoso casaban a la perfección con temas de su etapa en solitario como “A Song for the Lovers” o “Music is Power” hasta llegar a la inevitable “Bitter Sweet Symphony”. Es cierto que me hubiese encantado verlo acompañado de la fantástica banda que lo acompaña en otros shows, pero me encantó la terrible honestidad de su concierto en un festival de estas características.

Llegaba el turno de uno de los dos platos fuertes, para mi gusto, del festival; para el segundo, el más importante, tendría que esperar hasta el sábado, pero hoy los suecos Graveyard nos traían su stoner al escenario “Galicia”, el pequeño del festival, y nos sumamos un curioso grupo de gente en el que estábamos seguidores de este estilo y gente que venía a ver otro tipo de artistas pero que se sorprendieron de la calidad de la banda y se sumaron a su concierto, fue divertido compartir impresiones con algunos de los segundos, algo que tengo decir, es parte de lo divertido de un evento tan variado.

Así, los enormes riffs y la enorme contundencia en la batería de temas como “Cold Love” o “Please Don´t” fueron subiendo la intensidad en la tarde, no fue el mejor show que les vi, pero incluso en su no mejor tarde, se me antoja un concierto impecable, y eso habla mucho de la calidad de la banda; la progresión de ritmo en un tema como “Uncomfortably Numb” es ya razón más que suficiente para hacerlo uno de los conciertazos del festival.

Tras ellos, me tuve que marchar, con rabia la verdad de no poder ver a Die Antwoord, de los cuales me fascina su propuesta irreverente y que, según me contaron, no defraudaron en absoluto, pero mis obligaciones me lo impidieron; no obstante, me llevé la sensación de un balance en positivo del primer día del festival, a pesar de no contar con el privilegio que supone acceder al foso para relatar lo vivido mediante fotografías, que es, al fin y al cabo y con pasión, buena parte de lo que pretendemos hacer desde aquí.

Texto: Juanpa Ameneiros

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