Crónica del Rock The Coast día 2 – Marenostrum (Fuengirola) – 15/06/2019

Ya lo decíamos al final de la crónica del viernes: la jornada del sábado de Rock The Coast iba a ser bastante larga y pintaba memorable. Jinjer, Dark Tranquillity, Opeth y por fin… ¡Rainbow! Eran algunos de los golosos caramelos de la jornada. Bien descansados, nos plantamos en el Marenostrum a las dos de la tarde, hora de apertura, para llegar tranquilamente al concierto de los malagueños Chaos Before Gea en el castillo. Una banda que, por cierto, habitualmente se reúne para ensayar en Fuengirola, lo que les hacía más anfitriones aún si cabe. Por circunstancias de la vida, era la primera vez que les iba a ver en directo y tenía unas ganas tremendas. Su último disco, Chronos, es el culmen de una trilogía de un metal progresivo moderno de sobresaliente calidad técnica y compositiva, y sobre él basaron un gran concierto en el que poco se puede achacar tanto por sonido como por actitud. Un sol de justicia presenció de primera mano un bolazo de principio a fin de una de mis bandas nacionales favoritas. Brutales sonaron cortes como la homónima “Chronos”, “Rebirth” o “The Void”, con un Ismael Pérez ejerciendo de frontman a la perfección, moviéndose entre los guturales y las voces melódicas como pez en el agua y animando al considerable número de público que ya hacía presencia. Como último tema eligieron “Red Lights”, de su anterior Kharon, con el que se desataron definitivamente los pogos frente al escenario. Comenzábamos el sábado de festival de la forma más salvaje y con la adrenalina por las nubes.

Antes de bajar del castillo para ver a los ucranianos Jinjer, decidimos quedarnos para ver parte del show de The Holeum, una banda de post metal con toques doom cuyos miembros se reparten entre Murcia, Elche y Valencia. Pese a ser unos grandes desconocidos en nuestro país, el sello alemán Lifeforce Records les fichó para publicar su primer disco, Negative Abyss, el cual posee un nivel bastante alto, siendo un estilo apenas explorado por grupos de aquí. Vimos a una banda a la que quizás lo que le faltó fue tocar de noche para poder sumergir más al público en su propuesta oscura, que a plena luz del sol y sin focos deslucía bastante. Aun así comenzaron bien, muy metidos en lo suyo, interpretando temas como la melancólica “Philosopher’s Stone” o “Nuclear Mysticism”, con un Pablo Egido desgañitándose mientras le gritaba a su peculiar micrófono tipo estudio de grabación. Entonces sí, bajamos para llegar justos al comienzo del concierto de Tatiana Shmailyuk y los suyos, donde una multitud expectante se congregaba frente al escenario. La banda de metalcore progresivo ha crecido una barbaridad en los últimos años, fruto de un directo arrollador y de no parar de girar. A comienzos de año lanzaron Micro, un EP con el que dejan ver que siguen en su línea y sin dejar de componer pese a la cantidad de conciertos que dan. Salieron inconmensurables con “Words Of Wisdom”, enganchando enseguida a un público que se dejó el cuello haciendo headbanging. Muy bien sonaron en directo las nuevas, destacando “Ape” y “Teacher, Teacher”. Esta última va para clásico del repertorio. El ambiente se fue caldeando y comenzaron los circle pits con “Who’s Gonna Be The One”, de aquel primer disco Cloud Factory, y la aclamada “Pisces”, más bestia en directo de lo que la recordaba en estudio. La banda se mueve al son de su carismática líder, que tuvo unas palabras de agradecimiento con el público antes de cerrar con “Sit Stay Roll Over”. Cuarenta minutos muy bien aprovechados, por cierto. Y me alegro, eran escasos para ellos.

Tocaba moverse un poco hacia el lado hasta situarnos enfrente del otro escenario principal, el Main Stage 1 en este caso, para ver a los albaceteños Angelus Apatrida. La intro disparada de “Sharpen The Guillotine”, de su último y redondo álbum Cabaret De La Guillotine, entraba cinco minutos tarde en un bolo que, a pesar de ser algo más accidentado que de costumbre con algún que otro parón para solucionar problemas de sonido, hizo a la gente pasárselo en grande. La banda de thrash metal patria por excelencia mueve masas allá donde va en el territorio nacional y en Fuengirola no fue menos. ¡Hasta la bandera! Así estaba el aforo entre el escenario y las gradas, estas algo inhabitables todavía por el molesto sol. Sin más, fueron cayendo uno tras otro trallazos como “Of Men And Tyrants”, de aquel Clockwork, o un “Downfall Of The Nation” apadrinado ya como clásico, mientras se veían imágenes del artwork del último disco en pantalla. Después, tuvo lugar una pequeña sorpresa presentada por Guillermo Izquierdo, que aseguró “es para una movida que ya veréis”. Homenajeando a Slayer, interpretaron su tema “The Antichrist”, con buena acogida por parte del público. Para acabar, teniendo en cuenta que tenían poco tiempo, no se la jugaron más y fueron a lo seguro: “Give’Em War” y “You Are Next”. Y el torbellino frente al escenario no cesó hasta que salieron los últimos acordes.

Otra vez volvimos al Main Stage 2 (y qué gusto no estar subiendo y bajando la cuesta hasta el castillo) para ver, esta vez, a uno de mis grupos predilectos: los suecos Dark Tranquillity. No fue el día de Stanne y los suyos por más que me dolió. No sé qué diablos hizo el técnico de sonido, pero aquello comenzó sonando horrible y terminó en un quiero y no puedo. La única mancha del festival en este aspecto, porque por lo general el sonido fue más que bueno. Comenzaron con “Encircled”, de su majestuosa última referencia Atoma, pero las caras entre el público eran un poema y la banda no parecía enterarse de nada. La batería sonaba al natural, la voz y el resto de los instrumentos iban y volvían… Me lo tomé lo mejor que pude y hasta disfruté un poco con temazos de la talla de “The Treason Wall” o “Terminus (Where Death Is Most Alive)”, en parte gracias a que Mikael Stanne es uno de los mejores en lo suyo que he visto nunca. No fueron pocas las veces que bajó a saludar al público y en general no paró quieto, salvando un poco la papeleta de la banda. En la recta final, clímax con “The Wonders At Your Feet”, momento de cantar con “There In” y el clásico moderno “Misery’s Crown”, de la obra magna Fiction, para quitarme un poco las malas sensaciones. Al final, como siempre me pasa con ellos, se me pasó el concierto volando.

Aprovechamos el concierto de Magnum para comer algo y descansar un poco, pues a lo tonto nos metimos bastante paliza y faltaba todavía la mitad. Con el atardecer, llegaba otro de los momentos más señalados por un servidor: el concierto de otros suecos, los progresivos Opeth. Si el sabor de boca con Dark Tranquillity fue agridulce tirando a “agri”, con la banda liderada por Mikael Åkerfeldt (Miguelito, como se presentó ante el público español), fue todo lo contrario. Dieron poco menos que el concierto perfecto. El setlist, pese a comenzar con la insulsa “Sorceress” y olvidar el Still Life para mi desgracia, lo hubiera firmado con sangre, y es que de los ocho temas no hubo más de uno del mismo disco. Así que tuvimos variedad de la buena y pudimos escuchar clásicos de estilo dispar, desde la perfecta “Ghost Of Perdition” a la delicada “In My Time Of Need”, que reconozco que me puso los pelos de punta. Nos contó Mikael que están preparando un nuevo disco para este año y que va a ser muy bueno en su opinión, pero que ese día iban a tocar “mierda antigua”. De ese modo introdujo el comienzo de “Demon Of The Fall”, un tema con más de veinte años ya, y que el público recibió con los brazos más que abiertos. Con “The Devil’s Orchard”, en cambio, reconoció que era de los temas más odiados por los fans y que lo sentía, prosiguiendo con su peculiar sentido del humor. “Esta puede que os guste o puede que no”, decía de una “Cusp Of Eternity” que mejora muchísimo en directo. Los gritos de “Miguelito, Miguelito…” y “Peluca, Peluca…”, como Åkerfeldt bautizó al guitarrista Fredrik Åkesson, fueron recurrentes entre canción y canción, algo que el vocalista parecía tomarse mejor que su compañero. En una de esas, Mikael reconoció estar muy nervioso esa tarde. Pero no por nosotros, sino porque uno de sus mayores ídolos estaba allí, a pocos metros. Obviamente, hablaba de Ritchie Blackmore. Y es que no es ningún secreto la devoción del músico sueco por el rock setentero. Llegamos al final con la dupla “The Drapery Falls” y “Deliverance”, dos temas míticos de los old Opeth ¿No queríamos caldo? Apoteósico. El público entregadísimo y el sonido, inmejorable. Para mí, al margen de movidas históricas, fue el bolo del festival.

Ahora sí, toca contar lo que dio de sí uno de los pocos conciertos que han dado Rainbow este año en el mundo, el primero en España en veintidós años y, seguramente, el último. La expectación era máxima por ver sobre el escenario al genio Ritchie Blackmore, que contó con un frontman de lujo como es Ronnie Romero, de ascendencia chilena y cantante en la banda española Lords Of Black. El mismo dijo tener muchas ganas de poder dirigirse al público en castellano y aseguró llevar tres años diciéndole a Ritchie que la española es la mejor audiencia posible. Así que el público, que no quería decepcionar y llevado por la euforia de ver a su ídolo sobre el escenario, apretó de lo lindo durante todo el concierto. Imposible no dejarse llevar con “I Surrender” o “Since You Been Gone” o disfrutar de los solos y posturas de Blackmore, que se agachaba como si sus 74 palos fueran solo un número. Los clásicos de Rainbow iban acompañados de las viajas portadas de los discos en pantalla, dando a todo un matiz más épico, y eran alternados con temas de Deep Purple como “Mistreated”, “Perfect Strangers” y “Black Night”. Impagable la estampa con la playa de fondo, mientras caía la noche con “Stargatzer” y “Long Live Rock ‘n’ Roll”. La canción elegida para cerrar no podía ser otra que “Smoke On The Water”, cantada al unísono por la gente y que el guitarrista empezó tirando del tema principal de Pepa Pig, haciendo un guiño a sus dos hijos pequeños que, junto a su mujer, salieron a saludar al final del concierto. En el ambiente, la sensación permanente de habíamos vivido algo histórico. Ovación increíble para terminar. ¡Te saludamos, Ritchie!

De ahí, nos fuimos pitando al castillo para ver la actuación de Twelve Foot Ninja, una banda que he descubierto gracias a su inclusión en el festival y por la que sentía mucho interés por ver en directo. Hacen una especie de mezcla de djent, jazz y funk, aunque sus matices son diversos y eso les hace ser difíciles de etiquetar. Demostraron tener un directo muy potente y me sorprendió la cantidad de gente que había allí para ver a la banda y que incluso se sabía los temas. El cuarteto australiano, liderado por el vocalista Nick «Kin Etik» Barker, tuvo un semblante más bien serio y se dedicó a lo que mejor saben hacer, que es repartir estopa con canciones como “Oxygen”, “Point Of You” o “Invincible”, además de algún tema nuevo perteneciente a su próximo disco, el tercero ya de su carrera. El final con su hit “One Hand Killing” fue una auténtica fiesta que nos dejó a los allí presentes un gran sabor de boca y la sensación de que esta banda crecerá en los años venideros. Cuando salimos de la fortaleza, volvimos ladera abajo para presenciar el final del concierto de The Darkness, cuyo líder Justin Hawkins estaba desatado sobre el escenario. Sorprendente la cantidad de gente que se quedó del concierto de Rainbow a ver a los británicos, en un ambiente totalmente festivo, como celebrando en parte lo que acababa de ocurrir antes. Show adrenalínico el de la banda de los hermanos Hawkins, que con su hard rock alegre y movido puso al público a saltar en varios momentos del concierto. El imprevisible cantante, que para la recta final del show ya lucía su torso desnudo, se atrevía incluso haciendo el pino. Todo vale con tal de animar a sus fans. El setlist se basó en su último disco, Permission To Land, que por lo visto cuenta ya con gran arraigo entre los seguidores de la banda. “Barbarian” o “Japanese Prisoner Of Love” recordaban anteriores lanzamientos, aunque el colofón llegó con “I Believe in a Thing Called Love” y, cuando parecía que ya no habría más, “Love on the Rocks With No Ice”. Gran directo de los de Lowestoft, que no dejaron indiferente a nadie.

Tiempo de ver nuestro último concierto del festival, el del irreverente Michael Monroe y su punk rock old school. Si hablábamos del de The Darkness como un show loco, el artista finlandés no se quiso quedar atrás y nos trajo su particular delirio sobre las tablas. No paró de correr de un lado al otro del escenario, de bajar por aquí, de subir por allá, y todo esto tocando instrumentos como la armónica o el saxo por el camino. Comenzó con un nuevo y eléctrico tema que incluirá en su próximo disco, “One Man Gang”. Antes de empezar a tocar temas de otros proyectos en los que estuvo como Hanoi Rocks o Demolition 23, se atrevió con una pila de canciones de su marca en solitario como “Soul Surrender”, “Old King’s Road” o una muy coreada “Ballad Of The Lower East Side”. Michael no dejaba de jugar con el pie de micro y en definitiva de crear espectáculo, acercándose cada vez que podía a cantar junto al público. Un showman de la cabeza a los pies, algo que a esas horas se agradece. Con “Dead, Jail or Rock ‘n’ Roll” puso fin a un concierto muy divertido y algo más escueto de lo programado para compensar el tiempo de más que tocaron las anteriores bandas. Con esto, mientras los reyes del black metal Mayhem despedían sobre el Main Stage 2 la primera edición del Rock The Coast en cuanto a conciertos, nosotros lo hacíamos a nuestra manera dando una última vuelta por el recinto antes de decir adiós hasta el año que viene. Porque sí, el festival anunció a su conclusión que tendremos una nueva edición, lo cual no hace sino confirmar el éxito de esta primera. Enhorabuena a la organización.

Texto: Alberto Zambrano

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