Crónica de Toundra – Palacio De Congresos (Granada) – 30/11/2018

El del pasado viernes en la sala Manuel de Falla del Palacio De Congresos de Granada es sin duda uno de los conciertos más especiales a los que un servidor ha tenido el placer de asistir. Y no, no es palabrería. Me desplacé a la capital nazarí para disfrutar de una de las bandas del momento a nivel nacional, los madrileños Toundra. Aunque, a decir verdad, llevan ya bastante tiempo en ese carro. Tres años sin verles se me antojaba una cifra imperdonable y había ganas de ver cómo defendían en directo una obra maestra como Vortex, su último redondo.

¿Que qué hacía este concierto especial? Pues básicamente tres aspectos. El primero, que se trataba de un concierto de rock en un patio de butacas en lugar de la tradicional pista. Algo que choca bastante aunque quizás Toundra sea una banda que se preste más que otras a este formato teatral. El segundo: no había teloneros. Otra norma no escrita que se quebrantaba en favor de un set más largo de lo habitual (algo que sin duda celebré). Y el tercero y último, pero no menos importante, el entorno privilegiado. Pleno centro de Granada con toda una Alhambra vigilante desde lo alto como invitada de excepción. Así pues, no cabía más que esperar que el show acompañara. Y vaya si lo hizo.

Alrededor de medio millar de personas poblaban los asientos de la sala, prácticamente llena y presidida por un decorado con las fases del ciclo lunar sobre la serigrafía de Toundra. Aunque ya adelanto que eso de estar sentados no duraría mucho. Resultaba llamativo ver entre el público a personas de todas las edades y pintas, aunque sabemos que precisamente esa es una de las señas de identidad de Toundra. Ya nos habíamos puesto cómodos cuando comenzó a sonar “Breathe (In The Air)” de Pink Floyd, tema que anunciaba el comienzo inminente del concierto. El cuarteto subió a las tablas y conforme terminaba dicha canción, la enlazaron con “Cobra”, el primer tema de Vortex, que sonaba como un buen puñetazo en la cara.

Las arengas de Macón y Esteban comenzaban a hacer efecto y para el segundo corte, la progresiva y delicada “Tuareg”, ya podíamos ver a gente en las primeras filas levantada de sus asientos mientras vitoreaba y acompañaba con palmas al cuarteto. Fueron precisamente los dos guitarristas quienes adoptaron el rol de interactuar con el público, mientras Alberto al bajo, en el centro, quedaba más en un segundo plano junto a Álex, que no obstante demostró por qué es uno de los mejores baterías del país con toda una exhibición de precisión y arreglos.

Aunque el sonido se hacía un poco bola algunas veces, afortunadamente no fue la tónica y la calidad de este fue como mínimo de notable. Aunque en esta ocasión no sonaron temas de su primer disco, la banda no se olvidó de repasar sus otras tres obras que preceden a Vortex. Fueron muy celebradas “Bizancio” y “Magreb”, los dos cortes más largos de II y que como tantos son ya auténticos clásicos, o “Kitsune”, de su más reciente IV, con ese final apoteósico que deja la carne de gallina. De III optaron por “Ara Caeli”, que pese a ser un temón pierde bastante chicha en directo por la falta de instrumentación adicional que sí lleva en estudio. Quizá un “Marte” hubiera pegado más, pero se les perdona con creces.

Por si había dudas, Vortex suena cañón en directo. “Kingston Falls” y la colosal “Magreb” así lo ponían de manifiesto, con una simbiosis total entre unos Esteban y Macón que se alternaban solos y adornos. Antes de que interpretasen “Oro Rojo”, fue precisamente Esteban quien pidió eufórico a todo el público que se pusiera de pie, algo que ya había hecho por su cuenta alrededor de la mitad de la sala, que poblaba incluso los pasillos entre las butacas en su zona más próxima al escenario. Después de nueve temas y más de una hora de show, llegó el momento del bis. Para este, los cuatro músicos decidieron rescatar un nuevo tema de III, “Cielo Negro (Black Sky)”, y cerrar definitivamente el concierto con el último disparo de Vortex, un “Cruce Oeste” de corte optimista y esperanzador. Sonaba “Children Of The Revolution” de T-Rex y la banda se despedía del fiel público granadino.

Hablar de lo que una banda de post-rock como Toundra está consiguiendo en nuestro país es hacerlo de una anomalía muy digna de admirar. El cuarteto no hace más que continuar con su trayectoria ascendente y sigue en su mejor momento después de años. Nosotros, mientras, disfrutemos mientras podamos de la magia que solo ellos saben ofrecer.

Texto: Alberto Zambrano

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Continuando el uso de esta web está aceptando las políticas de cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están puestos en "Permitir Cookies" para que puedas disfrutar de una expreriencia de navegación satisfactoria. Si continúas usando esta web si cambiar tus ajustes de cookies en el navegador o haces click sobre el botón "Aceptar" estás dando tu consentimiento explícito.

Close