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Cuando no pagar se convierte en opción

Imaginad que os habéis recorrido cientos de kilómetros, o incluso miles, cuando no es que lleváis semanas metidos en una furgoneta de un sitio para otro. Tras realizar vuestro trabajo con la mayor profesionalidad, se os dice que no, que no se os va a pagar. Esta situación es bien conocida por muchas bandas musicales que estoicamente siguen ahí, haciendo de tripas corazón, y volviendo a la carretera. Pocos asesinatos hay asociados a este mundillo.

Los que están detrás

Apostar por el arte en España implica un salto de fe, así que montar una promotora de conciertos, especialmente de rock y metal, es abrazar la locura con todas sus consecuencias.

No quiero ni imaginar lo complicado que tiene que ser montarlos. Que si alquilar salas y equipo, coordinar con las bandas implicadas mil aspectos, ver que no haya otros eventos que “roben” espectadores, aguantar caprichos incomprensibles, hacer promoción para que llegue a todas partes, pelearte con egos desmesurados por incontables… Todo ello previo estudio del producto que se tiene entre manos y arriesgando dinero, no solamente el básico para puntos clave como transporte, catering o por supuesto, pagar a las bandas la cantidad que se haya acordado.

Cuando no se respetan las normas del juego

Aunque en otras profesiones es impensable, en la música, hacer un trabajo esperando algo a cambio que nunca llega es el pan de cada día. Ejemplos esperpénticos han estado en boca de todos, como ocurrió con el último Kolmerock y a buen seguro que a muchos suena el malogrado festival madrileño Bloodfest, con modificaciones constantes de cartel, y finalmente viendo, a horas de su celebración, como un día no se llevaría a cabo, con bandas desplazadas desde diversos puntos del país, equipos retenidos en sala y un sinfín de despropósitos.

Las condiciones pactadas de “tú haces esto y yo te doy tanto” se las lleva el viento. El grupo toca y si les parece bien, los organizadores no pagan. ¿Que el grupo ha metido poca gente? Pues si te he visto no me acuerdo, y a volverse a casa sin cobrar.  Por eso es práctica habitual recibir la mitad del dinero por adelantado para cubrirse las espaldas, pero no se nace sabiendo, ni se comienza desconfiando de todo el mundo.

Situación insostenible y silencio

Gente que no sabe hacer su trabajo, o por su nombre en este caso particular, desalmados, hay, a puñados. He expuesto dos casos de los que hay información a raudales, pero ni son únicos ni serán los últimos. El boca a boca ayuda a propagar las malas noticias, y en un ambiente tan pequeño circulan muchas historias para temblar.

¿Entonces por qué la mayoría de los casos no se hacen públicos? La inexperiencia, el pensar que nadie te va a contratar si hablas más de la cuenta, pensar que son hechos aislados y en especial, sentirse poco arropado, ha hecho que se sepa muy poco de esto. En los ejemplos anteriores el número de formaciones afectadas era grande, y por tanto era más fácil hablar sabiendo que había un respaldo.

Por otra parte, las promotoras no son intocables, pero que un grupo se enfrente solo contra ella o ellas no es sencillo. Incluso en los tiempos de las redes sociales donde cada uno puede decir lo que quiera sin tener que ser verdad y aún así recibir apoyos, el silencio es una opción viable por lo comentado párrafos atrás, que nadie te quiera contratar por defender lo que es tuyo, pero como decía “Entre las cejas” de Leño, “Apuesto a que somos dos o muchos más, seguro que en conexión es importante”.

Este panorama es desolador, y no debería ser así. Gracias a Internet podemos disfrutar de más música que nunca, pero la maltratamos y no la valoramos lo suficiente. Hay que ayudar a los grupos no sólo con compras de merchandising o entradas, hay que estar a más niveles, luchar por ellas.

Ni todas las promotoras son seres malignos de dos cabezas, y ni mucho menos las bandas están llenas de santos, pero ya basta de ser educados con lo que nos jode. Para que el rock y el metal prospere hay que conseguir que la base funcione, que un grupo pueda tocar con seguridad, no con miedo en el cuerpo. Y a la par que hacemos esto, alabemos a quien sí sabe hacer su trabajo. Esta es una guerra de todos aquellos que estamos ligados, en mayor o menos medida, con el mundo de la música, y si afecta a una banda, de rebote nos toca a los demás. No pasemos ni una.

Alberto Sanz

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