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¿Debería ser la música gratuita?

La pasada semana, Spotify anunciaba que recortaría su catálogo musical a los usuarios no premium, es decir, a aquellos usuarios que, sin pagar por el servicio de streaming, se benefician de él gracias a la inclusión de anuncios en momentos puntuales de su lista de reproducción.

Decía Taylor Swift, compositora, cantante y, desde 2014 sin música en la plataforma sueca, que “la música es arte, y el arte es importante y raro. Las cosas raras e importantes son valiosas. Y se debería pagar por las cosas valiosas. En mi opinión, la música no debería ser gratuita”, generando así la controversia, ya hace tres años.

Si bien la música es arte, el modelo de Spotify para los usuarios freemium no es exactamente gratuito. No hay un desembolso económico, pero sí que lo hay de información, además de la parte económica generada por los propios anuncios, que no se pueden saltar con ese modelo.

Salvando las distancias con la Swift, sí que creo que la música no debería ser gratuita. Todos los artistas -gusten más o menos, tengan o no un apoyo de multinacional detrás- son un producto en el que se invierte tiempo, esfuerzo y dinero. No ver un beneficio económico de esa inversión es un negocio condenado al cierre, tarde o temprano.

Se puede tardar un tiempo en rentabilizar ese producto, entra dentro de los márgenes lógicos de toda empresa: nadie se ha hecho rico (legal y honradamente, al menos) en los tres primeros meses después de la fundación de su empresa. Pero de ahí a tirar años con pérdidas económicas, es complicado, a no ser, claro, que te plantees la música como un hobby más, con tu trabajo detrás, respaldándote día a día.

Pero, como en cualquier disciplina artística, lo habitual es que, para entendernos, se pierda pasta día si y día también. Las películas se descargan, al igual que los juegos, aplicaciones, sistemas operativos, y demás contenido que sea susceptible de ser convertido en ceros y unos, que es la mayor parte, hoy en día.

Pero tampoco se puede reservar la música -cultura, al fin y al cabo- a las élites que puedan pagar por ello. La solución, como se ve, es complicada. Ni se debe dar gratis -por supervivencia-, ni se debe cobrar por todo. El modelo freemium parecía ser una alternativa viable, aunque ahora Spotify pretende restringir ese acceso a solo una parte de su catálogo, dejando el catálogo completo a los usuarios premium -a los que pagan, vamos-.

¿Será el fin de la música “gratuita”, o será el inicio del fin de Spotify?

spotify
Imagen bajo licencia CC BY 2.0 – downloadsourcefr http://bit.ly/2n0GkPc

Andrés Abella

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