EDITORIAL: Los medios y los cuartos

Por deformación (profesional o no), los «cráneos privilegiados» de esta santa casa somos gente muy analítica, y aunque nos encanta mirarnos los ombligos -cada cual el suyo, aclaramos-, tenemos todo lo de nuestro alrededor muy controlado. Eso implica también a otros medios musicales y las personas que los forman.

Llevamos en esto ya un tiempo, y seguimos aprendiendo y pidiendo ayuda cuando es necesaria, pero sin querer pecar de falsa modestia, algo hemos aprendido, y Fotoconciertos algo ha logrado, aún no tenemos muy claro el qué, pero algo habrá hecho. Desde luego una cosa tuvimos clara cuando empezamos con este medio, y era o que dábamos el todo por el todo, o que no merecía la pena. La música para nosotros no es un hobby, es la vida.

El caso es que, una vez explicados los razonamientos básicos, la duda que a estos «cráneos privilegiados» les asalta día sí y día también es: ¿aquí hay mucha morralla, no? Todos hemos sido nuevos, todos hemos cometido fallos garrafales (véase publicar como buena una inocentada), pero tiramos adelante. Los comienzos no son fáciles, pero después ¿cuál es la excusa?.

Y es que estan los medios y los cuartos. Los medios son aquellos que informan. Los cuartos son los que, como en Nochevieja, aparecen antes de las campanadas (léase conciertos), y no tienen más utilidad que la de decir «eh, que el año nuevo (léase concierto) ya está aquí».

Cuartos sacaentradas, sin personalidad -no hablamos de la profesionalidad-, que siguen ahí, al pie del cañón. Del cañón de su compacta, del cañón de su flash. Del cañón del copia y pega el comunicado oficial de turno, incluyendo ora faltas de ortografía, ora «si esta información es de tu interés, difúndela a través de tus redes sociales», coletilla que suele acompañar a los comunicados de managements, promotoras o bandas. Al pie del cañón, en muchos casos molestando al público, en otros, solo a los músicos (aunque aún no sabemos qué es peor), con tal de conseguir su más preciado tesoro: la foto con la banda de espaldas al público.

Aquí nos queda un largo camino hasta llegar al nivel de los más grandes -o de los que más tiempo llevan, la elección queda a vuestro criterio-. De hecho aún tenemos un camino considerable hasta alcanzar a varios que están un paso por detrás de ellos, pero aquí seguiremos. No somos gente que entra de gorra a los conciertos. Por supuesto, no somos sacaentradas, aunque la puerta seguía abierta para aquellos que tras cuzarla hacia dentro y pretender serlo, supiesen por donde se salía. Hay un trabajo enorme detrás, día a día, y aunque se hace con gusto, no es para todos.

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