Fosos comunes: de colecciones, púas y violencia sin control

Muchos hobbies llevan a coleccionismos. En lo nuestro están las camisetas, discos, pósters, entradas… o uno que yo tengo desde hace ya muchos años, las púas. Ese objeto, generalmente con forma de lágrima, que se usa para tocar, genera más pasiones de las que podría parecer.

Con la tontería, a lo largo de estos años habré alcanzado el millar, y creedme si os digo que esto no es nada. De lo que me enorgullezco es de nunca haber jodido a nadie para conseguir una. Sin embargo sí que he visto de todo por ellas, lucha libre en el suelo, salto de vallas de fosos, mordiscos en brazos… y mucha pesadez.

Será mi educación (ay colegio de monjas…) pero a mí eso de irme dando de hostias por conseguir un recuerdo, que sí, importante, no me va. Me puedo imaginar al guitarrista de turno, finalizar su canción, emocionado lanzar la púa al público y empezar a reír, o llorar, cuando de repente se alzan un número incalculable de manos y hay arañazos, empujones, cabezazos al agacharse, dos directamente que se ahostian, y uno que ha visto como ha caído a otro lado y se la lleva sin que nadie se dé cuenta.

Alberto Sanz

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