GODDAMN – More Human Than Us

[two_third]

Éste podrá ser el primer LP de los jienenses Goddamn desde que se formaron allá por el año 2009. Poco importa. Antes de su fichaje por Necromance Records lanzaron un EP un y maxi-single. Datos innecesarios. Con ese nombre que tiene la sonoridad de un puñetazo que no has buscado pero que de alguna manera te merecías no se necesitan largas presentaciones.

Por el título del primer corte, “Blackened”, y su intro con el viento aullando, esperas entrar en un cuento gótico. Las guitarras limpias alargándose sobre el aire callan súbitamente, una presencia, un movimiento; poco a poco vuelven a avanzar en lo que podría ser un stoner doom, cierto progresivo con tintes orientales…. este ambiguo comienzo nos obliga a agudizar la escucha para captar lo que se esconde tras los matorrales. Tranquilo, no necesitaremos el oído de Mozart para degustar lo que se nos viene encima, un elefante sludgeado, potente, que se balancea por el planeta cual antiguo dios que se ha vuelto a levantar. Camina ayudado por una batería marcándole el paso, da la sensación de estar hipnotizado por ella, queriendo aprovecharse de sus encantos. Al menos hasta que se revela con un rápido metalcore hardcoreta durísimo que no necesita de breakdowns. Dudando en el cruce de caminos que marca deathcore a un lado y el groove más animal al otro eligen esta última desviación, aferrándose así a un sonido metalizado que estrangula los gustos de Dino Cazares y los refina en un nuevo Terminator. Lejos de asustarnos se aprecia algo de alivio en el oyente, de descanso, como si este tema que dura casi seis minutos pero no se hace largo, encajara perfectamente con nuestro estado mental mientras nos recostamos en la silla del curro, subimos el volumen al máximo y cerramos los ojos para olvidar que estamos allí encerrados. En este día caluroso Goddamn suena como la más fría de las Siberias, donde incluso sus ralentizaciones propias de los trópicos tienen el tacto del hierro al que no le ha dado el sol en años. Respiramos.

“The Flesh of Gods” mantiene el ritmo industrial-groove desgarrado esta vez por continuas interferencias. Sin embargo, éstas no provienen de mecanismos electrónicos sino de un sonido que agarra varias lianas -core y se lanza a través de la selva con ánimo de ser el rey. El sonido del gran gorila, en este caso vestido de oso y con un corpse-paint, quebrando árboles y escalando hasta la suficiente altura como para amagar breakdowns y lanzarse en picado sin paracaídas y en medio de la ciudad. Allí, sus cambios de ritmo que muestran las distintas formas de quebrar un objeto suenan como los diferentes instrumentos de una gran orquesta: Semejante titán puede correr y esfumarse cual sombra blackened, lamerse los escrotos sludgeados y con sus babas inundar los edificios, estirar los brazos y derribar todo lo que esté en las proximidades con un espíritu metalcore, escupir y prender fuego al ambiente cual groove yanqui…

Tras semejante despliegue de furia el inicio de “Stained with Blood” cambia radicalmente de marco, pareciendo provenir de una mente enferma capaz de envenenar con su presencia toda la atmósfera. Y aquí es cuando comenzamos a comprender con más detalle la propuesta del álbum, en concreto gracias a los dos momentos que combina el tema. Los de una destrucción lisa, que reduce todo a escombros tras la explosión, y unos mundos que, como el susurro de las vocales, apuntan hacia otras sensibilidades. O dicho de otra manera, una dualidad maquínica y otra orgánica, ambas salvajes. La portada, junto con el título del álbum, transmiten un mensaje más sutil de lo que parece a simple vista pues no se señala que la naturaleza sea menos animal que nosotros sino más humana, con toda la violencia que ello implica, rodeada de ese marco blanco, gélido, amorfo, tan propio de la tecnología. Y ese es el drama, que su sonido quiera ser el de los rugidos de los árboles pero se vea envuelto por la violencia de la fábrica. Sin embargo, este momento autorreflexivo lastra al tema en tanto que inmerso en esa lucha interna no se atreve a estallar, ningún instrumento se impone o marca el ritmo y todos quieren hablar a la vez. Las guitarras doblan sus cuerdas hasta intentar escapar, lo mismo la voz variando su tono, los pasajes llenos de silencio o la batería machacándose sin piedad. Esta indefinición gojiresca que se alarga y se alarga hasta crear un paisaje desolado hace que pierda parte del encanto de los dos temas anteriores con ese caos tan calculado. La lentitud de “Stained with Blood” –o su carácter dubitativo, su ambiente lluvioso– da un giro al estado mental en el que nos habíamos introducido, sacándonos fuera independientemente de la calidad de la pieza como tal –aunque, por otra parte, gracias a ello hemos podido reflexionar acerca del conjunto del álbum.

En el siguiente “Paradoxical Truth” los relámpagos en el cielo de su comienzo, donde la voz son los nubarrones, recoge la dualidad previamente comentada y la subsume a una oscuridad deathcore, como si los instrumentos huyendo del anterior tema aquí colisionasen soltando chispas como resultado. Resulta extraña la elección del orden de las canciones, pues da la impresión de que de la tercera surge esta cuarta que a su vez nos lleva a las dos primeras en donde se exhiben con mayor desparpajo las máquinas de precisión. Es probable que esta sensación venga espoleada por un estribillo de vocales limpias que si en un primer momento coquetea con el metalcore de More Than a Thousand enseguida captamos sus aires de New Wave of American Heavy Metal de tonalidades mudvaynescas. Como sea, comprendemos por fin la historia de involución que hay dentro del álbum, como si la perfección técnica hubiera destruido la humanidad y, con ello la naturaleza. ¿Toda? ¡No! Resisten unas cenizas orgánicas en un universo que tampoco llega a ser post-apocalíptico y cyberpunk, en donde observamos al horizonte mientras suena el riff solitario de un cielo destruido con algo, un poco, de la textura de aquel mundo real de Matrix. Ante tal visión sólo eres capaz de soltar un ‘goddamn’, las piernas pesan, la cabeza duele, estamos solos pero no podemos desfallecer, por eso este corte parece haber sido grabado a 2x y luego ralentizado cuatro veces, produciendo una atmósfera inquietante a la par que abusiva.

Esta sensación de que algo irreversible ha ocurrido se acrecienta en los primeros segundos de “H.U.M.A.N.” con la voz del locutor confirmando lo inevitable. Por si no fuera poco, los siguientes breakdowns que abrazan el deathcore de Chelsea Grin o Traitors evocan antes al asesino en serie que a la ciudad destrozada. El ritmo, buscando la confrontación, vuelve a caminar por sendas groove con la chulería de un policía cíborg que vigila una ciudad en guerra. Sin embargo, será un tercer elemento el que le dé la forma final al tema y recalque el ya comentado leitmotiv del álbum: Cuando sus riffs se alargan el paisaje cambia de ese futuro frío a la inmensidad de una naturaleza salvaje, no obstante, aquí se exhibe esta lucha en un vaivén de sonidos que revuelven las imágenes y nos presentan ambos mundo a la vez, imposibles pero muy cercanos. Es por esto que el corte se denomina “H.U.M.A.N.”, así, separado por puntos, como si estos juntaran y separaran lo que está a punto de desintegrarse al verse asediado por los dos extremos.

Con ganas de saber cómo evoluciona esta propuesta y, por lo tanto, sin que el álbum muestre grandes signos de desgaste hasta el momento, comienza “Collateral”. Título idóneo para expresar esas relaciones que no son nada más que daños azarosos en nuestras vidas y las suyas. Las guitarras se extienden con tacto en un paisaje instrumental muy delicado, es más, de tintes progresivos es el aire que lame algunas de las heridas infringidas a lo largo de este trabajo, de los zarpazos en nuestra piel, la bala en la pierna del oso, la naturaleza en amasijos de hierro. Por eso ruge la voz más cruda hasta el momento en un tema que busca el descanso pero no lo encuentra del todo, acelerado por un groove de comienzos de los dos mil, algo clónico, que finalmente es secuestrada por otro pasaje gojiresco retomando el pulso de este corte que se disfraza de interludio. Esperamos entonces a “State of Mind”. Un maremoto, no había otra, la tierra se revuelve pero la batería consigue reconducirla hacia una máquina machacando rítmicamente, una presa hidráulica. Contención maquínica brutal contra una naturaleza también brutal, siempre una brutalidad que nos devuelve ecos de los primeros temas pero que ahora, tras todos estos minutos, los sentimos de otra manera. No es que sepamos más o seamos más sabios, simplemente captamos mejor los detalles, como esas guitarras tirando a lo hardcoreta que resbalan el sudor por el micrófono del cantante. Una estampa de terrible belleza destructora.

“When Myth Comes True” o el fin. No soy muy amigo de terminar con síntesis, recurso muy recurrente, pero qué le vamos a hacer si este tema contiene un poquito de todo lo anteriormente escuchado. Eso sí, permitiéndose abrir el horizonte de manera que no se dé en forma de pegotes sino de manera integrada, dejando espacio para que corran libre y detalladamente tanto el groove-industrial como el metalcore más incendiario bajo un manto blackened de esos que saben acelerarse o calmarse sin tirones, manteniendo la atmósfera. Algo así como observar por el monte correr al oso y, al girar su cabeza, que le brille un inquietante ojo metálico.

No hay duda de que lo que buscan Goddamn lo consiguen y gracias a ellos recibimos los golpes que necesitamos para no quedar entumecidos. Falta quizás un punto de brutalidad continuada de manera que al ponerte los cascos pase lo que pase alrededor no te mueva del sitio bajo ningún concepto, así como forzar algo más el sonido, dotándolo de una tonalidad personal que acompañe a ese universo tan singular propuesto. Si bien el álbum mantiene una progresión y despliega varios sonidos sin perder la coherencia, hay que exigirles para el próximo trabajo que se saquen de la manga momentos de esos en los que dices ‘joder, qué acaba de pasar aquí’ mientras miras el charco de meado que rodea a tus pies.

goddamn_2016

@eserregeio

[/two_third]

goddamn_more_human_than_us

Formación

Juan Ángel Martos: voces
Ismael García: guitarra
Juan Antonio Navarro: guitarra y coros
Juan Antonio Gutiérrez: bajo
Francisco Llévenes: batería

Tracklist

1. Blackened
2. The Flesh of Gods
3. Stained with Blood
4. Paradoxical Truth
5. H.U.M.A.N.
6. Collateral
7. State of Mind
8. When Myth Comes True
9. Die Alone (Bonus Track)
10. From the Ashes (Bonus Track)

Links de interés

Facebook
Twitter
Instagram
Soundcloud
YouTube

2 Comentarios
  1. […] satisfecho con analizar More Human Than Us, @eserregeio se ha entrevistado con Juan Ángel Martos, vocalista […]

  2. […] que presentarán su más reciente disco, que como no podía ser de otra manera, lleva por nombre More Human Than Us. Estas son las […]

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Continuando el uso de esta web está aceptando las políticas de cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están puestos en "Permitir Cookies" para que puedas disfrutar de una expreriencia de navegación satisfactoria. Si continúas usando esta web si cambiar tus ajustes de cookies en el navegador o haces click sobre el botón "Aceptar" estás dando tu consentimiento explícito.

Close