HELL’S FIRE – Rest in Riffs

Entre los hijos bastardos de Phil Anselmo, están quienes se decantan por su componente más panteresco y cercano al New Wave of American Heavy Metal –como Sons of Texas–, otros tiran hacia la vena hardcore de Arson Anthem –véase los geniales y más experimentales The Faith Hills Have Eyes y hay quienes incluso apuestan por combinaciones extravagantes como, por un lado, Mortalicum, donde se reúne el heavy glam con el southern doom y, por otro, más alejado, Raedon Kong y su Godflesh-Indie-Sludge. Y luego están Hell’s Fire. Para quien no les conozca y desee hacerles una prueba a fin de saber si merecen la pena, que empiece por el último tema, con la versión del “Bury Me In Smoke” de Down. En ésta Big Mario, sin plagiar exactamente la voz de Anselmo, sabe quebrarla para, justo en el punto crítico, hacerla resurgir como el sur profundo a través del dolor y la decepción, enfatizando arterias, surcos y fracturas. No hace falta ninguna otra carta de presentación.

@eserregeio

El tercer álbum de los madrileños se inicia con “Call Of The Swamp”. Allí, entre pantanos, se combina el imaginario de Luisiana con el terror cósmico en un sonido de procesión de funeral blanco más cercano a los últimos y citados Down, los ocultistas farragosos, que a los del anterior cover. La percusión vudú, el bajo creando niebla, las guitarras produciendo fango, todo nos lleva a la imagen de un coche fúnebre varado, quizás por eso “The Hearse” añade los motores, proponiéndonos algo así como el bólido de la muerte del speed demon Glottis en Grim Fandango. A pesar de la potencia del tema, este corte demasiado brusco de southern groove rompe el trance atmosférico en el que flotábamos durante la introducción. Desde su primera referencia, los de Madrid siempre se han movido por el fino hilo de concebir un álbum o una mixtape de los temas que les gustarían escuchar, todos bombazos, sí, pero con poca conexión orgánica. Nos queda el riff a lo Cancer Bats de la última parte, gorra de camionero, rifle y perro para olvidar el anterior párrafo a base de flemas.

“Never Too High” continúa el impulso de la gasolina pero con un sonido más pesado, de mayor octanaje, desplazándose unos kilómetros hacia abajo, dejando atrás así a Zakk Wylde y traspasando la línea Dixie allende The Midnight Ghost Train. Las vocales lo agradecen, moviéndose con mayor soltura en estas coordenadas, capaces de realizar virguerías como cuando la mala hostia se planta y decide no correr más, prefiere estamparse y estallar en miles de pedazos –explosión traducida en un solo de guitarra que se clava en nuestros nervios como cristales rotos. Sin embargo, esta comodidad no les resulta confortable y, ya que como fans del bible belt conocen nuestra gama de gustos, con el siguiente “Nightstalker” dan un giro en dirección al groove de ascendencia thrash. Hell’s Fire extiende su red de tentáculos y se pasa por la piedra a los sonidos que le da la gana... aunque tampoco hace falta alargar el tema hasta los cinco minutos y hacerlo reiterativo. Sin embargo, esta sensación de repetición que vamos a percibir a lo largo del álbum no tendrá que ver tanto con los temas en sí como con las expectativas que generan al oyente, esperando un golpe de tralla y otro y otro… Al invitarnos a que vayamos por delante y adivinemos el tipo de corte que nos vamos a encontrar a continuación, a poco que el anterior se alargue también lo hace la impaciencia juego que precisamente se da en tanto las variaciones de su sonido son limitadas, permitiéndonos intuirlas, de otra manera éste sería imposible.

“Same Old Story” parece fijar al steamboat en el terreno del southern metal, ‘ya vale de pijadas’, dice, ‘dedícate a recibir mis golpes sin buscar excusas o dobles vueltas’, enfatiza. A pesar de sus amenazas encontramos elementos que distinguen al tema como esa voz más melódica y matizada, de la alergia al campo de algodones; country, por anclarla en alguna referencia exterior. No obstante esta jugada es arriesgada, provocando que la entonación se muestre menos estable, recordando a los temas menos destacables de ese, por otra parte gigantesco, Rebel Meets Rebel. Aun con esas existen empentones en su conjunto que nos permiten soñar con que a continuación se dirijan a campos hardcore transitados por Maylene and the Sons of Disaster o Every Time I Die. Y por pedir, también que recojan a los autoestopistas Acid Bath, Weedeater y demás rednecks serial killers y así hagan pleno al quince.

Eso será para la próxima porque en este particular mapa de su visión de los Estados Unidos más viciosos y outlaw “March Of The Witch” tiene algo que recuerda al doom de Saint Vitus, en el riff con mayor perversidad y mal de ojo de todo el álbum. Riff que vale el disco entero en tanto nos da a entender que, si estos madrileños quisieran, podrían distanciarse algo de sus influencias más inmediatas y gestar un sonido propio. Aunque el resto del tema se dirige por los derroteros habituales –con un tremendo peso de los archicitados Down– la progresión final hacia el aquelarre merece el debido reconocimiento. “The Mirror” regresa al sonido cálido del comienzo del álbum, entre lodo y cottonmouths dispuestas a darte un bocado; su lentitud, dejando notar el carácter pringoso del sudor bajo la camiseta, favorece que entre las capas de sonido domine un bajo eructando veneno. Sin embargo, esta vez la entrada de las vocales, incluso manteniendo una garra notable, siempre potente, dirige al ritmo por derroteros monótonos, pudiéndole exigir una mayor gama melódica –o de tipos de mordiscos. Ahora bien, en el caso de que tengas una cerveza en la misma mano que un cigarro consumiéndose y estés bajo una mínima sombra donde te ases igualmente, éste es tu tema, machacón, provocador, rudo. “Muddy Bottom” mantiene su carácter psicótico, con un incendio en los ojos y cáncer en la garganta que terminan en una espiral de autoviolencia que hace que en “The Whorehouse” lo primero que veamos sean los cristales de la casa de putas reventando al impactar un cuerpo contra ellos y, en su interior, una pelea destrozando el garito a puño limpio. Dejando aparte riffs cretácicos, aclaramientos de garganta con fuego y solos laberínticos, el álbum en esta parte final se ha estancado. Claro que ojalá todos los trabajos se estancaran en semejante ardor estomacal.

Enfilando la parte final con los dos últimos temas esperaríamos algún intento de balada, a lo The Sign Of The Southern Cross. Desde luego “Trust” no nos lo va a dar pero a cambio nos devuelve uno de esos riffs que crecen desde el estómago, se arremolinan en la galaxia y la convierten en agujero negro. Y después se van a almorzar. Tras una de las composiciones más inspiradas del álbum, el último “No Shelter” abre sus miras para apuntar hacia Damageplan y quién sabe si también a nuevas fórmulas en futuros trabajos o, al menos, a despegarse un poco de sus héroes. Mientras tanto toca disfrutar de las versiones de The Doors, Black Sabbath y Down con las que cerrar el largo.

Este Rest In Riffs se hace cuesta arriba si se intenta escuchar de una tacada pero resulta una delicia cuando necesitas carburante y el cuerpo te pide enchufarte con un tema puntual, entonces ahí están Hell’s Fire ofreciéndote napalm. Es un álbum para todos aquellos que echan de menos a los Down de los primeros álbumes, acercándose tanto a su estela que llega a darse la paradoja de que si éste se tratase de un largo de los citados habitantes de Nueva Orleans probablemente nos desharíamos en mayores halagos. Y eso es un gran cumplido para estos madrileños.

hell's fire rest in riffs

Formación

Big Mario: vocales
Óscar Martin aka “Pi”: batería
Mario Sánchez: guitarras
David Suárez: guitarras
Jaime Díaz aka “Homer”: bajo

Tracklist

1. Call Of The Swamp
2. The Hearse
3. Never Too High
4. Nightstalker
5. Same Old Story
6. March Of The Witch
7. The Mirror
8. Muddy Bottom
9. The Whorehouse
10. Trust
11. No Shelter
12. Roadhouse Blues (versión de The Doors)
13. Neon Knights (versión de Black Sabbath)
14. Bury Me In Smoke (versión de Down)

hell's fire

7.6
  • Puntuación 7.6

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