HOAX HOAX – Shot Revolver

[one_half]

Tengo mis dudas acerca de la posibilidad de hacer una crítica que haga justicia a esta banda, por una parte, la complejidad de su sonido plantea el problema de si éste es un álbum dirigido exclusivamente a músicos o, al menos, a quienes tienen un concepto de la música más amplio que su mera identificación con géneros ya familiares disfrutables con el piloto automático puesto; por otra, me da la sensación de que este trabajo es tan sólo una hoja de ruta con la que desarrollar un espectáculo en directo que mezcla el video-arte, la performance y un contenido reflexivo muy propio de la tradición intelectual francesa –es altamente recomendable visitar su página web (www.hoaxhoax.com) en donde explican y muestran su proyecto.

El primer corte “Huacos” comienza con ese acorde de guitarra propio del Oeste, el cual, en su eco, convierte la expectativa de aventura en algo siniestro, un pueblo fantasma en donde se ha cometido una masacre y tú caminas poco a poco con el caballo, a la espera de que suceda lo peor. Pero eso no llega, el riff en bucle a modo de agujas del reloj te hipnotiza poco a poco. No estás en el Oeste sino en la propia imaginación, en una película que nos hemos montado mientras los instrumentos hurgan en nuestra psique. Entonces entra una percusión, acelera, golpean ruidos de fondo, como vajilla al fregar, vecinos discutiendo, la película del Oeste sonando en la televisión; el bajo comienza a tener más presencia, golpeando, golpeando, como cuando la comida se ha quemado y comienza a arder la cocina, cuando el agua del grifo pasa del goteo a regar todo el suelo y los gritos no son de los vecinos sino de tu propia casa. Tú, sentado en la silla con los ojos bizcos muy abiertos y una sonrisa sin expresión. La guitarra se acelera, intentando hacer un agujero por el que escapar, pero sigues allí sentado, atrapado por la hipnosis que te impide soñar –pasaje que, en directo, promete elevarte hacia cientos de lugares sólo para esperar a explotar la burbuja y devolverte al ingrato presente, al pensar sobre cosas mundanas, eso sí, ahora extasiado gracias al sonido que te envuelve. El bajo, que vuelve a recuperar el dominio ante una guitarra menos invasiva, se alía con el golpear de un cencerro, con el levantarse sonámbulo, pues quieres soñar pero sólo hay un presente del que te ausentas, no te queda nada, completamente vaciado caminas fuera de casa, notas la tensión de la gente que choca contigo, los coches que casi te atropellan, pitan, ¿hacia dónde te diriges cual Carmen Machi en La mujer sin piano? Echas a correr, truena el sonido del redoble de batería acuosa, y acabas comiendo basura en un callejón, junto a esa melodía desarticulada, los ruidos metálicos de cubos de basura. Con el primer tema, Hoax Hoax ya dejan bien claro que se sitúan en las fronteras de la definición de música, reflexionando sobre los equilibrios del sonido, hasta qué punto ellos están creando el mundo narrado y hasta cuál está haciendo el oyente un esfuerzo extra para reordenar y dar sentido a todo ese ruido de fondo compuesto por repeticiones y variaciones sutiles, en ocasiones sólo diferenciadas por el instrumento que lleva la voz cantante. Sin embargo, cabe plantearse si para crear música es suficiente la reordenación subjetiva, pues géneros tan ‘caóticos’ como el math o el black atacan directamente mis sentimientos, a la carne; por el contrario, aquí estoy teniendo una experiencia puramente racional, o visual, pero no erótica.

“Ablution” y su bajo funk mezclado con el sonido de un matasuegras electrificado se asemeja a un grupo de payasos locos tocando en tu casa, salvo que esos payasos son tus amigos. A este dolor acústico hay que sumar otros ruidos que se van añadiendo, el de los coches, el del móvil, el del teléfono, los amigos siguen gritando, los vecinos te dicen algo, los de arriba chillan, y cada vez más y más ruido hasta que la vida es una olla a presión. Si comparásemos a los álbumes con films entonces éste, de momento, sería una película episódica al estilo de Relatos Salvajes, donde historias sueltas comparten temas. De repente llega el silencio; el sonido, que no cesa, se comporta de manera distinta, sugiriendo que la sordera debe ser algo así, no una ausencia sino un desvío. Decides aislarte, vender el piso, ser un anacoreta, desaparecer, lo que sea, si bien los ronroneos finales parecen marcar algo distinto, terminando finalmente en una sórdida casa, siendo la mascota de alguien. “Ablution” mantiene paralelismos con el anterior tema, encontrando el caos un –peculiar– orden mediante la explosión; de esta manera, los franceses nos van dando pistas de cómo organizar el sonido; de alguna manera estamos ante un manual de cómo construir música, como uno de esos regalos de reyes que no es un juguete al uso sino que el juego consiste precisamente en construir el susodicho juguete.

Lo que faltaba, “Cerro Torre” entra con un pitido insoportable al que le sigue un bajo funk demasiado pesado, doom funk, como si Seinfeld se hubiese convertido en gótico y la sitcom se transformase en música de fondo de una oficina alienadora donde los riffs llevan tensión terrorífica pero, al mismo tiempo, cómica. Así son las noticias de hoy en día, el plató que hay en esas oficinas donde un día hacen humor y otro terror, dependiendo de cómo les dé. Ahora toca un sonido de ciencia ficción cincuentera en donde los pitidos se hacen insufribles, provocando que entones un ‘hijos de la grandísima puta’, sí, a estos músicos que están poniendo la banda sonora de la oficina, reflejando el nerviosismo que produce el mundo actual. Para suplirlo aparece un acorde suave, relajante, una de cal y otra de arena, con el fin de que vuelvas al redil. Los paralelismos entre el tema y la estructura musical son claros, mostrándonos las diferencias que se producen dependiendo de qué instrumento tenga la voz cantante, aunque todos sigan tocando lo mismo, demostrándonos el engaño existente entre la radical variedad que nos intentan vender. No nos tenemos que creer entonces la última parte, minimalista, con un post-rock fuera de tono, del empleado yéndose al campo. A diferencia de los anteriores temas, esta vez no se da una huida, va allí a por ideas, a agrandar el negocio; de ahí que el tono se haga más oscuro allá por donde pisa, creando nubarrones en un horizonte que protege al azulado cielo. Vuelve el sonido chirriante, el terror, ha visto algo de provecho.

“Moloch” o el ritmo divagando, le cuesta, alguien se desplaza herido, los instrumentos se unen pero no consiguen más que tambalearse, zigzaguear, respirar con dificultad. Quizás por ello los instrumentos se cansan y se liberan, ese momento donde al estar todo perdido ya no tienes nada que perder y te permites observar aquello de tu vida que antes sólo veías desde un ángulo. Al moribundo no le pasa la vida por delante de sus ojos, más bien ésta se detiene en un momento preciso, permitiendo verlo en todo su esplendor, como VIDA, frente a esa porción reducida en la que nosotros nos aferramos. Conforme disfrutas de la experiencia los instrumentos vuelven a acoplarse –la muerte como armonía–, aumentando el ritmo del latir del corazón; siempre te has querido ir pero ahora que sabes lo que es la vida ya no lo deseas. El bajo continúa, el zumbido de la guitarra es el del hospital, de ti medio en coma, corriendo por un campo en un punteo saltarín, entre dos mundos. ¿Es eso lo que querías? Más no hay, esa es la segunda oportunidad, el limbo del coma, el punteo frente al bajo y, entremedio, tu vida fluyendo de un límite a otro –quizás por ello es uno de los momentos más comedidos del álbum. Hasta que el bajo se impone y el ruido es el de la gente que llora, ahora ya no resulta molesta esta sobrexposición de sonidos porque es cosa de otros, por eso el sonido se corta abruptamente antes de que acabe el tema.

“Amaterasu” vuelve a sembrar la duda entre si este sonido es fruto de la excesiva sesudez o de una mera improvisación, si no hay tanta distancia entre ambos mundos. A estas alturas parece que se le va pillando el truco al álbum, no basta con fijarse únicamente en un instrumento, así no se capta nada, tampoco en el todo cambiante, aburrido, conviene ligarlo con el resto de los temas –pues el recuerdo también forma parte de la misma música. Observamos entonces la historia de un artista fracasado que sigue apurando sus posibilidades, escuchamos un redoble de batería como de tormenta, similar al que ya habíamos experimentado, a través de la repetición de estos patrones reconocibles –patrones que a su vez surgen de otras repeticiones mínimas– tenemos las estructuras sintácticas para entrelazar historias dentro del universo que ha construido el álbum –por ejemplo, ese payaso triste que es todo artista no recompensado es tragado por el oficinista del anterior tema, que lo descubre y compra su alma, error que le llevará a la historia del primer corte.

Algo similar sucede con “Aral”, añadiendo a su vez algo nuevo, con esa distorsión que engloba al Nostromo, al vacío absoluto y al cielo de Neuromancer, desparramándose con la parsimonia en la que vive un mendigo en una sociedad hipertecnologizada, encerrado en un chamizo lleno de cables a donde acudirá esa guitarra del Oeste. El sonido ambiental más propio de una aventura gráfica tipo Dead Synchronicity nos señala algo, la música por fin nos ha envuelto completamente y ya da igual todo esfuerzo auditivo pues nos hemos convertido en uno de sus personajes. Ya no narramos historias sino que nos movemos directamente dentro de esos sonidos; los edificios, el despertador, los problemas y aventuras, sentimientos… no somos mejor que un holograma.

Es difícil juzgar un álbum sin poder usar referencias con las que orientarse, ¿a quién se le pone la nota?, ¿a la banda o a mí?, ¿una baja puntuación es una mala nota o es muy buena teniendo en cuenta que falta la otra mitad de la música, el directo? Siento que disfruto de manera muy restringida su propuesta pero desconozco si se debe a mis limitaciones musicales, a que se sitúan un paso previo a la música o a que simplemente no han sabido dar en el clavo con su trabajo. La conclusión depende de vosotros.

HoaxHoax- Shot Revolver

@eserregeio

Formación

Virgile Abela: guitarra y Korg MS 10
David Merlo: bajo
Damien Ravnich: batería y farfisa

Tracklist

1. Huacos
2. Ablution
3. Cerro Torre
4. Moloch
5. Amaterasu
6. Aral

Redes sociales

Web oficial
Facebook

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Continuando el uso de esta web está aceptando las políticas de cookies. Más información

Los ajustes de cookies de esta web están puestos en "Permitir Cookies" para que puedas disfrutar de una expreriencia de navegación satisfactoria. Si continúas usando esta web si cambiar tus ajustes de cookies en el navegador o haces click sobre el botón "Aceptar" estás dando tu consentimiento explícito.

Close