INTRONAUT – The Direction Of Last Things

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Lo mejor que se puede decir de Intronaut es que en cada disco hacen lo que les viene en gana y aun así sigue existiendo una coherencia en su sonido. Y eso es un logro al alcance de sólo unos pocos. No les cohibió el éxito de su segundo álbum, Prehistoricisms (2008), pues para el siguiente, Valley of Smoke (2010), pusieron entre paréntesis la concepción de un larga duración como producto que no se divide en canciones sino en paisajes, donde predominaba el estilo progresivo de toques stoner/sludge y una voz desgarrada, convirtiendo su sonido en magnífica pesadez. Prefirieron dar un giro y suavizar las vocales, acercándose a bandas como Mastodon, Baroness o los muchas veces olvidados pero indispensables Torche. Es decir, se unieron a esa renovación del sludge que no pasa por el par Eyehategod/Crowbar –es más, todavía ignoro por qué se etiqueta igual a semejante variedad sonora, cuando incluso las dos bandas de New Orleans plantean estrategias muy distintas a la hora de concebir la música. En cualquier caso, en el trabajo del 2010 se permitían hasta subsumir durante la primera parte del álbum la dimensión progresiva dentro de un escenario post-rock que, en ocasiones anteriores, era anecdótico o funcionaba como mero complemento.

El siguiente Habitual Levitations (Instilling Words With Tones) (2013) combinaba los dos anteriores y, sin ser tan arriesgado, destilaba la fórmula añadiendo algo distinto, acaso intangible, como si su música pudiera estar en la lista de éxitos de gente que de normal no les escucharía y, al mismo tiempo, permitiendo que incluso la palabra djent no sonara peyorativa. Existía entonces una gran expectación acerca de hacía dónde iba a dirigirse este The Direction Of Last Things, si su título señalaría una vía muerta. Y en cierto modo lo hace, durante el primer corte, “Fast Worms”, vuelven las voces cáusticas, esta vez combinadas con limpias, entre acordes progresivos demasiado convencionales; no suenan mal, no, pero podrían ser cualquier otra banda. A mitad del tema llega un largo interludio prog-jazz, luciéndose cada instrumento, ignorando el concepto estándar de canción. Pasan los minutos y escucho, escucho, pero me aburro, mi problema es que no sé lo que quiere expresar la banda, no parecen proponerme nada. Vale, ahora lo capto, es un vacile, una broma, ¿no querías algo distinto a todo lo hecho anteriormente por los californianos? Pues aquí lo tienes, a partir de ahora deja de exigir novedad por novedad y disfruta de la propuesta.

“Digital Gerrymandering” aparece como el agua, como el ruido de fondo, aquello que necesitas aunque te moleste reconocerlo, ese mundo oscuro envuelvo por la pesadez de una guitarra a la que se le añade un riff en bucle propio de la casa de Dorothy en El Mago de Oz conforme el tornado se la lleva y las brujas vuelan alrededor. La voz, unión de las dos del tema anterior contaminándose entre sí, junto con una melodía siempre presente, independientemente de los cambios de patrón del ritmo, dan la impresión de ser expresadas por un papa negro, al estilo de Ghost, no en el tono vocal sino en el concepto, esa sensación de peligro, de estar ante algo más que un mero disco; hipnosis hiperrealista. Ese es el Intronaut de siempre, de nunca, donde los instrumentos son caballos que tiran de nuestras extremidades encadenadas mientras disfrutamos por su esfuerzo por expandir nuestros cuerpos. El interludio jazzístico a mitad del tema, que repite el patrón de “Fast Worms” suena muy distinto a éste, ahora no pone el piloto automático y prefiere integrarse dentro de un conjunto sonoro que, por otra parte, bien valdría para ser la banda sonora de una película épica-experimental. Algo así como si se juntaran Spielberg y Godard. Exacto, he empezado hablando de una película fantástica y ahora ubico su música dentro de mundos y sensaciones distintas, eso es lo maravillo de esta banda, siempre parece que el siguiente fragmento es mejor que el anterior, hay una certeza de transformación, de ir a más. Estrategia que provoca que nos olvidemos del tiempo, dando igual que la canción dure ocho minutos, dos o que el álbum conste de una pista.

“The Pleasant Surprise” se inicia con unas palabras ininteligibles, propias de satanás, y una guitarra a modo de alarma que nos despista, pues el ritmo nos remite a la nueva ola de sludge mencionada en el primer párrafo, como si el tema fuera un regalo para aquellos que también disfrutamos con sonidos así. Poco más que decir, si se quiere, dentro de los variados pasajes de los que siempre hacen gala, existe cierta urgencia en el ritmo, algo de lo industrial fearfactoriano. Está más que claro que estos ambientes los dominan a la perfección y, hasta el momento, se han permitido el lujo de darnos tres temas totalmente distintos, con diferentes combinaciones en la dosis entre la armonía, lo técnico y lo experimental. Disponen de lo que quieren y lo hacen suyo, suenan duro, suenan brutal, suenan rápido, suenan lento, suenan progresivo, suenan abrasadores, suenan bien. Suenan a lo que tú deseas que suenen que no es sino lo que ellos quieren.

Cosa que no va a cambiar en “The Unlikely Event Of A Water Landing”, iniciándose por medio de un sintetizador, unos pitidos de ondas de radio, unas voces propias de una película de terror, aliens quizás. Con estos comienzos terroríficos, el grupo de Los Angeles se divierte a su antojo, saltando de un subgénero del horror a otro, jugando a ser una de esas bandas de YouTube que hacen versiones de metal de sus películas favoritas. Precisamente por eso de tomárselo muy en serio y completamente en broma, son capaces de cortar en seco y recomenzar el tema hacia pasajes más propio de Pink Floyd y sus vástagos setenteros o puede que, a tenor de la siguiente voz que se introduce, la calma todavía mantenga un terror contenido a lo The Dillinger Escape Plan ralentizados. Siguen probando, se ríen de todo, juegan con todo independientemente de lo que opinemos, de que nos guste más o menos esta nueva aproximación. Para rematar la jugada, a mitad del tema vuelven a introducir un corte, esta vez con sabor a la inmensidad del mar desde la noche de la ciudad. Los pelos de punta, parecería que lo estás viendo, sintiendo el aire y el olor en la piel, recordándote a cuando vuelves de trabajar de madrugada, o borracho a casa, tanto da, y te detienes por el camino porque ves un cielo, una luz en el asfalto, un detalle en una fachada que tiene mayor carga de sentido, de realidad, que el resto de tu vida.

¿Es otro tema, es el mismo, cuál es la relación entre todos los paisajes? Semejante pregunta daría para mucho más dentro de este juego de identidades a lo Copia certificada de Kiarostami –por favor, perdonadme por citar cine modernete iraní, merezco la muerte, lo sé, no volverá a ocurrir. Como sea, han conseguido inducir cierta melancolía al álbum. Porque la bruja y satanás también tienen sus sentimientos y el derecho a estar tristes.

“Sul Ponticello” o ‘sobre el puente’, ese sonido utilizado para atmósferas misteriosas que parecería adaptarse a todos los temas menos al comienzo de éste, un sonido roto que explota aliándose con el doble bombo, propio de un titán abriéndose paso, arrasando allí por donde pisa. La siguiente representación del mal, cine Kaiju. Pero lo más interesante tiene que ver con la cierta aleatoriedad entre el nombre de los temas y lo que nos vamos a encontrar allí o, mejor dicho, la posibilidad de mezclarlos entre sí dando lugar a otro álbum distinto. Los DJs, demasiado centrados en mashups y remixes parecen dejar esta posibilidad de lado, así que desde aquí pido a Intronaut o a su disquera, Century Media, que habiliten en su página web una aplicación donde podamos reorganizar los diferentes pasajes del disco dando lugar a otras experiencias. Apuesto a que por patosos que seamos ‘haríamos’ canciones buenas. Por lo demás, qué decir, sus variaciones vuelven a tener ese hilo conductor que es el flautista de Hamelín, lo seguimos como si nos hubiésemos enamorado de la bestia, aunque nos quemen los pies por la lava del volcán donde habita. El final del tema nos sorprende con un canto de minarete al que se le superpone una voz distorsionada, unos niños cantando y un predicador cristiano; las imágenes dan vueltas alrededor de nuestras cabezas, distanciándose así el mal que se desmenuza en este disco del cotidiano.

The Direction Of Last Things” y “City Hymnal” cierran el álbum. El primero vuelve al sludge melódico pero pesado, dándonos otro caramelito desde una montaña rusa de subes y bajas; en el mareo comprendemos que el mal, el terror que se despliega, es el que se tiene de sí mismo, que éste es un viaje de autoaceptación y exploración de las habilidades de cada uno. Intronaut lo ponen como título a su trabajo y se aplican el cuento. El segundo trae la imagen de un niño jugando en su pueblecillo desértico, vacío. Aburrido, un día cualquiera ve llegar a un tipo zancudo, larguísimo, expulsando fuego. Corre a esconderse. Tras éste aparece un forzudo. Y una mujer con la piel de lagarto. Y un saltimbanqui. Desde su refugio observa cómo esos depredadores solitarios, extraños, realmente caminan todos juntos, se comunican con signos, sonrisas, guiños. Parecen felices. Duda y, finalmente, se une al grupo, quizás pueda desempeñar el papel de chico burbuja. Es, en definitiva, un tema donde todos los anteriores se reúnen. Y se les nota disfrutar en este circo.

Independientemente de que no me gusten las calificaciones, si le pongo un 8 a este trabajo que se merecería más lo hago simplemente por el hecho de que deberían ser un 10. Paradojas e ironías propias del complejo mundo de Intronaut.

intronaut

@eserregeio

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Formación

Joe Lester: bajo
Sacha Dunable: guitarra y vocales
David Timnick: guitarra, vocales, tabla y percusión adicional
Danny Walker: batería y samples

Tracklist

1. Fast Worms
2. Digital Gerrymandering
3. The Pleasant Surprise
4. The Unlikely Event Of A Water Landing
5. Sul Ponticello
6. The Direction Of Last Things
7. City Hymnal

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1 comentario
  1. INTRONAUT: "Sul Ponticello", su último vídeo - Fotoconciertos

    […] Los naturales de Los Angeles Intronaut, han estrenado videoclip, “Sul Ponticello”, corte extraído de The Direction Of Last Things, del que podéis leer nuestro análisis aquí. […]

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