KIDS OF RAGE – Whatever May Come

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1. ¿Quiénes? Kids Of Rage, barceloneses, su primer larga duración. Aunque cualquiera diría que llevan bastante más bagaje a sus espaldas.

2. ¿Cómo suenan? Fíate de sus referencias en Bandcamp, Comeback Kid, Down To Nothing o Bane. No son una de esas bandas que tienen la urgencia de inventar o alargar influencias para pretender llegar a ser otra cosa que no son.

3. ¿Por qué? Si necesitas hacerte esta pregunta déjalo.

Esta introducción podría ser también el resumen y la conclusión del álbum. Así de simple. Hardcore punk directo, una inmediatez que no implica pobreza compositiva sino que se refiere a los sentimientos a los que apelan. Más allá de metáforas violentas, asociando su música con un golpe al corazón, una bofetada a nuestra parálisis, un puñetazo en el bajo vientre… lo que aquí se pone en juego es la cuestión de la proximidad –rabiosa, sí, pero también afectiva. Esa dificultad de ir doblando capas hasta que surja algo que no sea plástico, como la pasta de dientes cuando queda poca, y así alcanzar emociones cotidianas, sencillas, sin caer en la autocomplacencia o en el martirio estéril. Dicho de otra forma, en los siguientes temas vamos a encontrar un énfasis por llegar a ese punto en donde eres capaz de imaginarte como protagonista de las canciones y, al mismo tiempo, que exista el espacio suficiente para que lo ocupe cualquier otro. Lejos de las baladas pop y el brutal death, dos extremos que acaban en el solipsismo.

Es por ello que el primer corte, “Like Home”, dura un minuto y medio, estando esa voz principal con la cadencia del escupitajo arropada en todo momento por los rugidos de sus colegas, entre unas guitarras rápidas que sólo dejan a la batería un redoble, suspiro, antes de atacar. Ahí está. Esa impaciencia, la rapidez cuando no era sinónimo de consumismo y aliado capitalista, pretendiendo otra cosa; ¿sigue valiendo o el hardcore de hoy en día pasa por la languidez de Sunn O)))? Por si acaso, oliéndose el asunto, ralentizan el tempo, reorganizando sus posiciones para terminar con la irrupción de los gritos del público, de terceros al margen del mero grupo. Así, este brevísimo tema contiene la estructura hardcore por excelencia, funcionando a modo de declaración de principios musicales pero también ético-políticos.

“Lone in a Crowd” arranca con el grito del vómito del que surge una línea de bajo dura mientras la batería se prepara para guiar a la caballería hasta que se retire de nuevo en favor del segundo. Y así se irán tornando, cada vez más pesados, explotando en una sección metalera. Lo importante de semejantes variaciones, si bien expresan distintos matices, pasa por remarcar la interconexión entre las diferencias que se turnan sin que se note una cesura, tampoco la monotonía. El chico del barrio no es un borrego sigue manadas, tiene las cosas claras. Si bien es cierto que al tema le falta cierto tono épico –en sentido emocional, no como el subgénero del metal– éste será aportado por el siguiente “En Garde”, el cual empieza desde el final, poco a poco, de la mano de unas guitarras post-hardcoretas más melódicas, capaces de crear huecos por los que huir. Una sensación de futuro o, al menos, de poder escapar a algún otro sitio más allá de la rutina del confinamiento en cubículos. De ahí lo del ‘post’, significando una salida de la ausencia de futuro, la cual no tiene por qué ser cualquiera de las que solemos pensar inmediatamente, aquellas que nos venden. Por ello no vale simplemente con escapar, también hay que resistir; el final obeso, con unas guitarras cayendo, entrecorta los espacios vacíos para dejárnoslo claro.

Tras visitar el tema más interesante hasta el momento, por todo lo que proponen en él, llegamos a “Tears I Shed”, encabezado por el mítico fragmento de La jungla de cristal donde la crítica cultural que se ríe de la crítica cultural que a su vez es tomada en broma y así hasta el infinito, es roto por una guitarra agudizándose y el cabalgar de la batería, afilando los cuchillos antes de salir a pecho descubierto. También ellos, por duros que sean, necesitan prepararse si quieren aguantar toda la mierda que tenemos bajo la piel. Que no nos engañen, aunque permanezcamos quietos, encerrados en una habitación, nos movemos a una velocidad increíble, cada día más si queremos que nuestro cuerpo no se desintegre. Kids Of Rage lo saben, por eso gritan de manera más desgarra si cabe, por eso a mitad del tema aparece un riff sabbathiano cargando la atmósfera, como si ese punto oscuro, ese toque doom, añadiera cierto componente depresivo que nos acompaña independientemente de que la gente de nuestro alrededor nos anime las horas más oscuras. La misma guitarra lo marca, con ese medio tremolo que se hace lágrimas, enmarañando esta vez la voz de los colegas gritando de fondo, muy en el fondo, así los escuchamos. Porque renunciar al individualismo egoísta no implica deshacerse de esa parcela de dolor ubicada en el centro del pecho.

Necesitábamos una dosis de “Even in the Fall” y los barceloneses nos la suministran, llegando al tema más brutal del álbum, por su doble velocidad, por sus bruscas caídas, o, al menos, así nos lo parece tras los dos cortes anteriores. Eso es lo cojonudo de un álbum que transmite honestidad, el cual, sin ponernos a discutir si sus temas son más o menos novedosos o sorprendentes, una vez que entramos dentro de su propuesta nos transmite una sensación de calidez, de estar en el sitio correcto. Un subidón de ánimo que no echa mano de manuales de autoayuda, un desahogo sin religión alguna. Como tener las manos agrietadas y seguir siendo capaces de tocar, acariciar, también golpear, claro.

Ahora que ya le hemos pillado el punto, “The Only One” vuelve a hacer un giro, dirigiéndose hacia horizontes más post-hardcorianos, o post-rock si se prefiere. Salvo que esta vez el futuro se recubre de lentitud, de colores nublados, funcionando a modo de segunda parte de “En Garde”. Esta vez nos dicen ‘ojo, cualquier huida no es válida, no os fieis de todas las carreteras yanquis, Don Draper puede hacerlo porque está forrado y ha dejado todo un rastro de cadáveres tras de sí’. Y será el bajo el encargado de soportar todo el tema, secuestrando a los pulmones al aspirar todo el aire del mundo mientras nos erguimos frente a la tormenta que se dirige hacia nosotros. Asimismo, aquí, en el instante previo a la colisión, es donde se encuentra el punto justo entre la voz propia y el apoyo de la de los colegas, ese emplazamiento que mantiene la autonomía sin cerrarse a los demás. Una de las búsquedas por excelencia del álbum que nos ocupa.

Parecería entonces que no queda mucho más por decir. “Wasted Time” es una pelea literal, comenzando con el ‘let’s get ready to rumble’ y acabando con Ivan Drago besando la lona por las acometidas sonoras de la banda. Frontal, sin trucos ni quiebros. A pesar de sus agrias letras tiene más de macarreo gamberro que quiere liberarse de las tensiones generadas hasta ahora. Tras el descanso, “Talking Vultures” se reinventa al introducir sabores cercanos al crossover en sus guitarras más sucias, traspasando la violencia del boxeo espectacular a la cotidiana, en un intento por definir la separación entre lo fake y lo genuino. Es decir, Kids Of Rage continúan con sus inquietudes en un tema que presenta calles, parques, persecuciones que contrastan con aquellas imágenes llenas de glamour que contaminan nuestras psiques. Puede que por ello esté presente la mencionada suciedad instrumental, a modo irónico, mostrándonos que un sonido similar puede ser cómplice de lo dañino.

“Shined” son recuerdos de conversaciones con las que sonreímos, sudores compartidos, cervezas furtivas, paseos chulescos, casi bailando al son del bajo, sin agachar nunca la cabeza, situaciones que brillan en manzanas grises. De nuevo observamos que Whatever May Come se afana en remarcar las disonancias entre lo descolorido, las resistencias y las esquinas en donde celebrar. Entendemos entonces que el tema se vaya apagando poco a poco pero que nunca se corte, como si nuestra realidad pudiera taponarse pero no ser eliminada. Ahí está “No Turning Back” para tomar el relevo, un compendio de todo lo escuchado, antes utilizado como forma de señalar que estamos ante algo compacto, entrelazado, vibrante, que a modo de síntesis final, definitiva. Con el fin de que a partir de aquí volvamos a conectar con cualquiera de los demás temas del álbum sin encontrar incoherencias o disonancias.

Kids Of Rage. Whatever May Come. Disfrutable, honesto, que gana en su conjunto. La puntuación, que recoge ciertos reproches por no arriesgar y tirar en ocasiones del piloto automático, es lo de menos, un arma bastarda. Simplemente escuchadlos y juzgad por vosotrxs mismxs.

@eserregeio

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Formación

Quim: voz
Jorge: guitarra y segundas voces
César: guitarra y segundas voces
Pol: bajo y segundas voces
David: batería

Tracklist:

1. Like Home
2. Lone in a Crowd
3. En Garde
4. Tears I Shed
5. Even in the Fall
6. The Only One
7. Wasted Time
8. Talking Vultures
9. Shined
10. No Turning Back

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