La dura realidad

Harto. Harto ya de todo. De que se nos maltrate, se nos humille, ataque, y exija. Somos lo que somos, pero gracias a muchos, podemos dejar de serlo.

¿Y a qué viene todo esto? Pues simplemente al hartazgo. Ayer, durante un concierto, tuve una pequeña charla con más fotógrafos de la escena, seguida de una conversación con un músicofan de la banda principal, tras la que me iba calentando más y más, de manera interna.

Los medios independientes, para muchos, somos un incordio. Especialmente cuando no decimos lo que se quiere oír. Cuando hacemos una crítica o crónica no-tan-positiva como la banda espera, o cuando damos nuestra opinión sobre algún tema en concreto, a veces controvertido, ya no es que pasen de nosotros, sino que nos insultan abiertamente.

Como decía, en la charla informal comentábamos el -bajo mi punto de vista- desprecio que los medios “grandes” tienen hacia sus colaboradores. El principal, estar sacando tajada de esta escena, sin que repercuta en quienes crean la mayor parte de los contenidos. Porque señores, esto es así: en una publicación musical la norma es la falta de contraprestación económica, y la excepción, el currito que cobra algo.

Y ojo, que hablo de curritos: de redactores que concierto tras concierto y disco tras disco dan sus opiniones; de fotógrafos que ilustran las noticias y las crónicas con su arte. Ambos generan el contenido, pero es el dueño el que se lo lleva calentito. Nombres propios, revistas impresas o provocadoras webs, tanto da. “Nosotros no pagamos nunca por fotos”, me decía orgulloso el $hyperboss de una. Lógico. ¿Para qué, si realmente el hecho de tener tus fotografías publicadas en una revista de tirada nacional ya es motivo de “odgullo y sadisfacción”?.

El músicofan me preguntaba qué sacábamos nosotros de estar ahí, cargando noche tras noche con el equipo. ¡Incluso preguntaba si teníamos algún tipo de trato preferencial en la sala! (Iluso). Cuando le explicaba las diferencias entre los medios grandes y los pequeños, creo que no se lo acababa de creer. Los medios grandes están ahí porque tienen un soporte de capital detrás. Un soporte que aportan las propias bandas, en forma de pagos por publicidad (las críticas, y a veces las crónicas también, en esos medios son simplemente artículos publicitarios: tanto pagas, tanta puntuación te doy, o tanto bien pongo que has actuado).

Debía ser un músicofan relativamente nuevo en esta escena española, por lo visto, porque esto que os cuento es algo que ni es un secreto, ni se lleva con precisamente mucha discreción. En la red abundan crónicas de conciertos de gente que ha pasado a saludar -e intuyo que para que tachasen su nombre de la lista-, plagadas de datos erróneos, poniendo, por ejemplo, a músicos que hace ya un tiempo que han salido de la formación encima del escenario, o simplemente haciendo una crónica del setlist que la formación usó en Madagascar hace tres años, aunque poco o nada tenga que ver con el realmente usado en el concierto en cuestión.

Pero ¿por qué pasa esto? Simplemente porque no hay huevos. No hay huevos de coger al editor del medio que saca pasta de esto y decirle “tío, o me pagas, o va a empezar a hacer las fotos del concierto tu sobrino con el móvil, que a él al menos, le regalas algo en su cumpleaños”. No hay huevos de decirle que, ya que ellos se lo llevan calentito, que se lo curren escribiéndolo. Simplemente, no hay huevos de perder “fama” a cambio de “dignidad y sustento”.

Pero sin embargo, quienes sostienen estas publicaciones con su dinero -en beneficio no de quien hace el trabajo, insisto, sino de quien pone el nombre-, exigen por igual, o incluso exigen más a los que no sacan (no sacamos) absolutamente nada de esta “escena”. Quizás no entienden que hacemos lo que podemos, con el tiempo libre que tenemos. Se exigen unos artículos dignos de ser publicados en las más exigentes revistas de literatos, y unas crónicas y fotos dignas de Pulitzer. Se exige inmediatez en las noticias, y que se saque la crítica a su disco ya, sin importar que haya llegado ayer, y que junto al suyo, hayan llegado otros 15 discos. Al fin y al cabo, en otros medios -en los que has pagado-, ya la han sacado, ¿por qué tú no?

Cada día que pasa, como decía al principio, estoy más harto de esta escena, que exige más a quien menos pide, e insulta más a quien más aporta.

Nos mean encima, y dicen que llueve. (Y encima, somos tan gilipollas que abrimos la boca para beber).

Andrés Abella

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