LEO JIMÉNEZ – Sala La Riviera (Madrid) – 26/09/2015

Leo Jiménez en una auténtica máquina de cantar. Con un registro increíble, una técnica trabajada y perfeccionada, y unos matices dignos de cualquier vocalista de primer orden de cualquier banda internacional. Está a la altura de los más grandes, y eso no tiene vuelta de hoja. Sobre el escenario en un vendaval y lo domina como si fuera la sala de estar de su casa. Y en La Riviera dio buena cuenta de ello. Otra cosa son los gustos personales. Te puede gustar o no, pero no reconocerle el mérito a uno de los mejores vocalistas del mundo sería poner en evidencia una ignorancia o un odio brutales. Voy a tratar de separar la simple crónica (relatar lo que ocurrió en el escenario de La Riviera) y mi opinión personal, que obviamente, la tengo.

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A las nueve en punto comenzó a atronar el sonido de la fiera, a modo de introducción, para dar paso a la intro musical. Con los músicos de su banda ya sobre las tablas, Leo Jiménez apareció ante el poco más de la mitad del aforo que en ese momento había en la sala, sin esperar a los rezagados que llegaron a superar las tres cuartas partes al final del concierto. Un saludo inicial y comenzó el huracán Jiménez, con «Bebe de él», superando un mediocre sonido inicial (estábamos en La Riviera…no se puede pedir más) que mejoró algo en esa primera canción. Desde el primer momento, interacción con su público, llamándoles a cantar con él, dejándoles completar estrofas o «Madrid, ¡¡¡Esos Cuernos!!!» una y otra vez. Acabado el primer tema de la noche, Leo avisa: «Vamos a pasar una noche de metal que os vais a cagar», y cumpliendo su amenaza rompe con «Caminos de Agua». A esta hora el sonido es bastante mejor y llama la atención la contundencia y solidez de la banda. Jiménez tiene una pose típica (que por motivos físicos, los cantantes suelen adoptar) que es la de apoyar la pierna izquierda sobre el monitor y el codo sobre la rodilla. Siempre con su cabeza ladeada, es una muestra constante de potencia alternada con belleza. La bella y la bestia en un sólo personaje. Pide permanentemente cuernos, palmas o que el público cante, y éste responde religiosamente a cada llamamiento. Comienzan los mensajes a terceros, que no abandonará en todo el set: «Gracias por estar siempre ahí. El metal está llenando salas como esta, ¡¡¡le joda a quien le joda!!!», y comienza el desfile de colaboradores. En primer lugar, Kano, de Centinela, al que presenta como «el mejor cantante de este país. Me va a dar para el pelo», y con el que comienza a desengranar «Insaciable». Apenas se diferencian sus voces hasta que llegan las armonías del estribillo, dos potentes laringes jugando, uno por arriba y otro por abajo, para dotar al tema de una belleza brutal. Contrasta la estática de Kano con el permanente movimiento de Leo. El segundo invitado es Zyrus, de Kaothic, para hacer una soberbia cover de Pantera, «Domination», donde Leo baja y rompe su voz, pero ese es el terreno de Zyrus. Leo cede escenario, pero no llega a desaparecer de él. Es generoso, pero se sabe protagonista. No es para menos, porque es su noche. Así que comparte. En medio del tema se cuelga una Explorer para enfilar el stacatto final, y toda la banda se presenta en primera fila para un headbanging colectivo. Efecto visual fantástico.

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Presenta «Desde Niño» dedicándoselo (muy acertadamente) «a todos esos metaleros de 13 o 14 años que no pueden entrar al concierto gracias a la ley de la Comunidad de Madrid». A la salida pude ser testigo del cabreo monumental de un padre que acompañaba a su hijo y que no pudieron entrar a ver el bolo. Así que si tú eres el padre o el hijo, que sepas que Leo se acordó de ti. Enlazaron «Desde Niño» con «Condenado», canción en la que Jiménez incluso punteó sobre la Explorer. Más gritos de «¡Cuernos en alto!», a lo que el público respondió con «¡Leo, Leo!». Y Leo vuelve a adoptar su postura favorita sobre el monitor y toma aire abriendo y cerrando su mandíbula cuadrada, para enviar un segundo mensajito a terceros: «Me hace mucha gracia cuando oigo por ahí que el Leo ese no hace metal. ¡Pues si esto no es metal, que baje dios y lo vea!». Tanke Ruiz es el siguiente colaborador elegido. Unos pequeños problemas técnicos con la guitarra en «Él no Llorará» hacen acudir a Rufo Cantero hacia su pipa para que los solucione, pero no desmerecen para nada el medio tiempo heavy. Me fijo en el buen hacer de Edu Fernández, al bajo, que no se limita a marcar notas, sino que toca acordes completos. Txema, de Somas Cure, y Mero Mero, de Cuernos de Chivo atacan «No hay más Canciones para ti», con dedicatoria de Mero Mero a quienes critican a su amigo y benefactor Leo. Aunque Txema se esfuerza, no se le oye. Una lástima.

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El siguiente tema, «Impotencia», de Stravaganzza, es el último por el momento con Leo a la guitarra, ya que para «Volar» se la cede a Alberto Marín, de Kaothik, entre otros, al que presenta aludiendo a la longitud de su pe…lo. Presenta a la banda (Antonio Pino y Rufo Cantero, a las guitarras, Edu Fernández, al bajo, y Carlos Expósito a los coros y batería) y dan paso a «Caballo Viejo», balada en la que se pone tierno y provoca nuevos gritos de «¡Leo, Leo!». Él responde con un «Sois los Mejores!» y llama otra vez a Tanke Ruiz, para dar paso a la rumba metálica «Lo Importante», fantásticamente cantada por ambos. Y llega el momento de la noche que más me gustó, por motivos personales: la apabullante y brutal versión del «Getsemaní», del musical «Jesucristo Superstar». Si alguien critica la voz o la técnica de Jiménez, le recomiendo que vea alguna grabación de este tema. No tendrá más remedio que tragarse sus palabras. Aparece Patricio Babasasa, compañero de los tiempos de Stravaganzza, para atacar «Hijo de la Luna», la versión de Mecano. Sonó muy bien y resolvíó perfectamente su cometido vocal.

Y llegó el momento de los bises, con cambio de camiseta incluído, y con recogida de pelo en una coleta. «Parte de Mí», la canción que dedicó a su abuelo, estremeció e hizo corear a la audiencia a partes iguales; «Resurección», de Saratoga, les despertó y les hizo saltar, y «Tu destino» cerró el concierto. Dos horas de master class de canto y fiesta familiar.

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Ahora, la opinión. Mi más profundo y sincero respeto y admiración por una de las mejores voces del panorama musical. Leo Jiménez es, como adjetivé al principio, una puta máquina de cantar. Otra cosa es que me guste o no su propuesta. Apenas en tres temas de todo el set me llegó a encender. No es porque él lo hiciera mal, en absoluto. Es porque no me llama. Pero tiene su público, se lo ha ganado a base de trabajo y buen hacer. Pero para gustos, colores. No acepto que nadie diga que está donde está por otros motivos que no sean los musicales. Sería un absoluto ignorante, y creo que algo sé de esto. El hecho de que no me guste el divismo no quiere decir que haya gente que disfrute con ellos, otra cosa es que se ganen el favor de la gente sólo por el postureo. Pero no es el caso. Jiménez se ha ganado a pulso estar donde está. Y si encima, el físico le acompaña, ole sus cojones.

Texto: F.J. Casillas / Fotografía: Andrés Abella

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