¿Merece la pena volver a ver a Kiss?

Casi 50 años de carrera dan para muchos conciertos. Unos buenos, otros malos, unos espectaculares, otros para olvidar. Y Kiss no van a ser la excepción. Así que, con tantas oportunidades que hemos tenido para verlos sobre un escenario, ¿merece la pena repetir?

Cuesta no querer despedirse de una banda tan emblemática no sólo para cualquier seguidor del rock, sino para todo amante de la música. Kiss son una de las agrupaciones más reconocibles de la historia, y parte de la culpa la tienen sus directos. Su pirotecnia, el escupir fuego de Gene Simmons, el humo de la guitarra de, ejem, Tommy Thayer… Y como no, ese comienzo tan característico “alright ciudad! You wanted the best, you got the best. The hottest band in the world…”.

El espectáculo no ha decaído. Aunque hay detalles que se repitan hasta la extenuación, como los ya nombrados, el “vuelo” de Paul Stanley en “I was made for lovin’ you” o toda la parafernalia con Gene Simmons para tocar “God of Thunder”.

kiss madrid

Los conciertos gozan de gran previsibilidad y su setlist… ¿Puede haber algo más cansino que volver a escuchar “100,000 Years”? En serio, el título no podría venirle mejor. Y con la gran cantidad de baladas que Kiss ha grabado en su historia, ¿por qué “Beth”? ¿Nadie se acuerda de la intensísima “I still love you”? Ellos por lo menos si lo hacen no lo demuestran.

¿Y cómo se encuentran físicamente? Por un lado ojalá llegue yo a cumplir los años de Paul Stanley, 67 en estos momentos, y esté en el mismo estado de forma. Pero su voz es otra cosa. Y no lo disimula. Gallo tras gallo. Y luego tenemos la desfachatez de reírnos de Manel Navarro cuando lo del Starchild da vergüenza a cada minuto.

Y con todo esto me cuesta no hacerme con mi entrada, porque nos vamos a quedar, y estoy completamente seguro, aunque sea sólo por la edad media de sus componentes, sin una de las formaciones que más ha marcado la música durante el último cuarto del siglo XX y todo lo que llevamos del XXI. Pueden gustar más o menos, pero su importancia e influencia es capital. Son un icono por derecho propio. Una imagen más que una banda y aún así, de los más grandes sin ser siquiera los que más poder de convocatoria tienen.

Yo ya sé lo que es verlos. Sé lo que es sentir cierta vergüenza ajena en algunas ocasiones, y no sólo con ellos sino con lo que hay a mi alrededor. Sé hasta que poses va a haber a cada instante y las fotos que veremos al día siguiente. Pero mentiría si dijera que no me emociono sólo de pensar en la cantidad de recuerdos que me traen sus conciertos. Y quiero repetir, por última vez.

Alejandro Sanz

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