MOONBOW – Volto del Demone

Espera espera, ¿una banda de Stoner que lanza un álbum acústico en el que además colabora Hank 3? Antes de escuchar Volto del Demone de Moonbow ya voy pensando en formas ocurrentes de decir que es el disco del año, no, mejor, de justificar su superioridad respecto a otros géneros a los que, al gustarme menos, enfatizaré sus carencias, bulímicos, grises, incapaces de comprender nuestro mundo… Sumido en este ensimismamiento onanista el disco termina y me topo con el problema del que se encuentra cegado por algo, optar entre la decepción o el fanatismo y el empecinamiento. Además, sin pretenderlo, he resumido lo que le está sucediendo a Europa.

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Pero unos minutos antes de tener que elegir entre estos dos estados todavía soñaba con ese Estados Unidos que difícilmente existe más allá del deseo. El primer tema, «Devil’s Floor» entra apoyado por el violín, ese gran espacio abierto lleno de posibilidades para ti, viejo zorro; el country. La voz, trasunta de Zakk Wylde, asciende hasta el techo de la cantina y topa con una sensación extraña, la primera. Está claro que preveía coqueteos con este sonido, sin embargo, lo que más me atraía de la propuesta de un Stoner acústico era la perspectiva de escuchar un género poco transitado, empleando sus propias características, no un trasvase de un estilo a otro –y más tras dejar este año el listón altísimo los Shawn James And The Shapeshifters con su homónimo álbum, trabajo fronterizo que incluye al Southern, al Stoner, al Country y a lo peor encarado del Oeste. Es más, incluso se echa de menos el uso de una guitarra eléctrica que dé vigor a la composición o, si no es el caso, de un ritmo de batería más sosegado, es decir, ya puestos, o bien la vertiente rock de Black Label Society o sus baladas.

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Esta comparación, meramente anecdótica en el resto de los cortes, sirve para reflejar algo presente desde los primeros acordes de un tema en el que a los instrumentos les cuesta imponerse a tus oídos. El planteamiento de las canciones es intachable pero, a la hora de ponerlos en práctica, se muestran demasiado tímidos. Veremos si es respeto o vagancia.

«Take Me Home» pertenece a otro lugar, su atmósfera más oscura presagia nuevos mundos. Entonces llegan las vocales, que han mudado para la ocasión, mimetizadas con el «Unplugged» de Alice in Chains con un Layne Staley desfallecido. Pero donde allí había un desgarro en cada palabra no dicha aquí se nota cierta falta de alma. La instrumentación sigue siendo anémica, como si estuviéramos ante una demo, un boceto que necesitara ser rellenado. Y eso me revienta porque lo que escucho no es un despropósito pues, a pesar de no exhibir un estilo propio, comienza a plantear ciertas conexiones. Hacen pensar, por ejemplo, en que el sonido Seattle de los 90, paralelo al cine de Gus Van Sant, Korine y allegados, tenía mucho de una fría reinvención del Western, problematizando la posición del Stoner entre todo este entramado.

Con Volto del Demone volvemos a una melodía fácilmente reconocible para el amante de lo Hillbilly. Esta vez con una agradable sorpresa, un cambio de vocales que combina la calidez de Bob Wayne con lo outlaw de Hank Jr. bajo un sonido que embriaga al oxígeno, pintándolo con los matices de una naturaleza inmensa, esa de la que el trascendentalismo norteamericano hizo todo un sistema filosófico. Los progresivos cambios que vertebran el tema con un gusto suave, que deja hablar tanto al pasado como al presente, tienen la forma de un diálogo intergeneracional. Los pueblerinos, la motera, el defensor de los derechos civiles y algo que se mantiene, esa naturaleza que no entiende de los ritmos de los tubos de escape. Cada uno canta su propia canción, sin posibilidad de solución pero, al menos, estando todos reunidos.

Tras el sentimiento de vacío que deja el mejor corte del disco, se espera con ilusión un remonte. «The Wait» promete aire en el rostro al recorrer un campo de centeno, no importa que la voz se suavice, cambiando de registro por enésima vez. Comienzo a entender que la estrategia de la banda pasa por hacer una foto de familia entre todos los sonidos que se comunican con el Stoner una vez que le hemos quitado a éste la potencia de su motor rabioso. Pero claro, volvemos a lo mismo y más con la memoria del anterior tema fresca, se exige algún quiebro vocal que rompa la monotonía, un juego de instrumentos, cualquier sorpresa que evite que la canción sea una sosa repetición de 4 minutos.

Mucho se pide cuando el estribillo de «Memories Ahead» vuelve a Alice in Chains o, más bien, a Jerry Cantrell. Una pena que ese violín que huele a cabaña, a buscador de oro en Deadwood no se mezcle con el resto del tema, desvaneciéndose de nuevo todas las opciones que propone. Además, este desvanecimiento es de los que explicita el vacío, no el recuerdo de lo lleno.

Dejando de lado la revisión de una Alicia cada vez más encadenada en «Mission 35», «One Way to Die» parece la mejora del anterior, con unos violines que se alargan más, una voz más quebrada… mostrándose por fin las conexiones de un Stoner sin gasolina que tiene que habitar semejantes páramos muertos. Comienzas a comprender el porqué de ese caminar que convierte en el sur allá donde pises, porque sólo quedan perdedores y derrotados cuando la diversión del Stoner se acaba. De nuevo, es una pena que tras los primeros acordes se ponga el piloto automático al tema.

Llega el momento, la versión de «Volto del Demone» por Hank 3 o, dicho de otra forma, «Face of the Demon». Y sin embargo tras los primeros segundos sólo puedo pensar en lo bien que utilizaron los vascos Dead Bronco ese riff en la versión «False Hearted Lover’s Blues». Los restantes observo al nieto del Dios del Country marcarse un «Gutter Town», convirtiendo un tema de entendimiento y hermandad en abandono, cochambre, cloaca de pueblucho. Maldad que hubiera encajado a la perfección al final del tema original y que ahora, perdida la esperanza, incluso se hace larga. Porque Moonbow debía haber armado todos estos contrastes dentro de las canciones en lugar de esparcirlas de mala gana, posponiendo al infinito su trabajo y rompiéndonos el corazón a los amantes de estos sonidos.

Formación:

Matt Bischoff: voz
David McElfresh: guitarras, violín, vocales, mandolina, guitarra acústica y bajo
Ryan McAllister: bajo
Steve Earle: batería

Tracklist:

1. Devils Floor
2. Take me Home
3. Volto del Demone
4. The Wait
5. Memories Ahead
6. Mission 35
7. One Way to Die
8. Face of the Demon

Puntuación: 4 / 10

Si queréis saber más sobre ellos, podéis obtener más información de la banda en sus distintas redes:

@eserregeio

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