¿No podemos llevarnos todos bien?

Si a mediados de los 90 yo hubiese tenido 30 años, Tool o Smashing Pumpkins me hubiesen parecido modernos. Si en cambio alcanzará la treintena 10 años más tarde, System of a Down o Linkin Park serían el objeto de ese calificativo. Y en cualquier momento Faith No More, como el alfa y el omega de la modernez que son. Esto sólo en rock y metal. Fuera de él, todo es moderno. De Björk a Rosalía, pasando por Coldplay o C. Tangana. Moderno como insulto… Es que ni suena mal. Así no se ofende nadie.

Y claro, llegan los festivales. Que el Download tenga como cabezas de cartel a Slipknot y Scorpions es un sacrilegio. Pero que el Primavera, año tras año, mezcle pop, rap, r&b y un sinfín de estilos con metal extremo… Porque en 2019 estarán en el mismo festival Cardi B, Nas, Christina Rosevigne (por dios, mucho más que chas!) y Carcass. Y eso no puede ser. A ver, que sí puede, de hecho es, y lleva siendo varias ediciones, pero los más… voy a decir, tradicionales (que si digo “metalero medio” me vienen con antorchas y un ariete a casa, pero calzando sus j’hayber blancas) no pueden con ello.

En realidad, salvo grupos extremistas de liberación metalera, hay más risas que “insultos”, recordemos, entendiendo moderno como tal. Pero sobre todo lo que existe es incomprensión. En su mayoría, y siempre desde mi experiencia (y creedme, tengo una curiosidad muy grande y absurda), ciertos sectores no entienden como a alguien puede escuchar cosas tan diversas, y voluntariamente. Si ya les vuela la cabeza cuando un grupo de AOR abre para uno de Thrash, esto les debe romper los esquemas y hacer tambalear su estructura mental.

¿Pero cuántos de ellos conocen la música que están criticando? Me encantaría ahora ofrecer números, y en mi mente está hacer un estudio serio, que para algo me dejé los cuernos en la facultad, pero veo difícil controlar las variables, y mucho más encontrar una muestra representativa que se preste a lo que tengo en mente. Así que responderé con lo que he experimentado: muy pocos. Evidentemente, nadie conoce todas las bandas de un festival masivo como un, qué sé yo, Mad Cool. Habría que vivir varias vidas para ello. Pero grosso modo, hacerse una idea de las partes más representativas de un cartel, no es tan complicado, si hay interés. Claro que es más fácil decir que The Hives o The 1975 son, lo que quiera cada uno que sean, que al menos escucharles un poco. ¡No vaya a ser que te gusten!

El problema no es ser un rancio, casposo, metalpaco o términos de esos, sino cerrarte en banda a todo. Aunque sea por estadística, entre tantísima banda, alguna, fuera de los estilos más afines te tiene que gustar. Y quizá, en vez de oír el mismo riff una y otra vez, dedicar tres o cuatro minutos al día… Sí, una locura.

Para concluir me gustaría comentaros una confesión que me hizo con un seguidor del punk hace ya muchos años, en la que, tras abrir muchas botellas, me dijo que sí, que le gustaba mucho lo que escuchaba, pero que muchas veces se preguntaba si no paraba de oír siempre lo mismo por llevar la contraria. Dudo que fuera el único que se siente así.

Hay mucha música ahí fuera.

Alejandro Sanz

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