ODDHUMS – The Inception

Mitad de marzo y aquí nos hayamos reseñando un EP del año pasado. Pero para pena o regocijo de los racionalistas, siempre somos capaces de encontrar razones ante cualquier acción, y aquí hay varias. Desde la más obvia, que a pesar de que los de Jaén publicaran digitalmente este The Inception en septiembre su réplica en formato físico no ha tenido lugar hasta hace unas semanas; las más egoístas, las ganas que tenía de pillarles por banda debido a las buenas críticas que habían cosechado; e incluso otras rebuscadas, como aquella que afirma que en la música el tiempo se retuerce y superpone, no debiendo fijarnos tanto en su fecha cronológica como en sus avanzadillas y retaguardias. Precisamente esta última razón es la que nos hace estar precavidos de lo que vamos a escuchar, la definición de post-metal de vertiente doom y sludge en la que Oddhums se sienten cómodos, acaso una de las que mejor tenía tomado el pulso al frío y al calor de nuestro presente, comienza a no dar mucho más de sí, no tanto a causa de los más de veinte años que lleva a sus espaldas sino debido a los cambios de nuestras sociedades. Al menos introducen algo que, si bien no es nuevo sí novedoso, pues nos obligan a escuchar el álbum sin quitarle la vista a esa portada goyesca que posee la falta de aliento de Antonio Saura.

“Dimgaze” introduce de primeras otro elemento poco usual en bandas de este género, fenómeno que por otra parte se repetirá a lo largo del trabajo: temas de solamente cuatro o cinco minutos, obligando a que la letanía y la tortura se transformen en otra cosa. Será por eso que los acordes iniciales suenan mucho más cercanos al desierto stoner que a las catacumbas doom y las callejuelas sludge, que su distorsión remite a las alucinaciones conspiranoicas de Mars Red Sky antes que a las figuras gargantuescas. La voz tamizada de Will se afana por que las bestias del cuadro no reparen en su presencia, quizás por eso posee los tonos del rock alternativo británico más oscuro, saltando aquí al rasgado grunge antes que a la agresividad del sludge de la américa profunda. El resultado es un sonido onírico con la suavidad de una brisa, capaz de hacernos presentir figuras extrañas pero que nunca nos va a enfrentar con el horror directamente –de ahí el perfil de los animales, su mirada de reojo–; éste tampoco trata de alcanzar el trance mediante agotamiento o la brutalidad animalesca, su deseo es encontrar la belleza dentro de ese fango. Por eso, en cierta manera, estamos ante la dimensión pop de este género –sin hablar peyorativamente, de hecho no resulta extraña que en entrevistas hayan citado a Helmet como una de las bandas que ha influenciado este trabajo.

“Big Brave” se alarga un poquito más, casi hasta los seis minutos a fin de proporcionar un espacio inicial a un sonido atmosférico de telefilm de terror, secuestrado por un bajo inquietante, los susurros y el eco que, debidamente, son rotos por una guitarra avanzando con el mismo ritmo que una guillotina durante la revolución. Sólo el ave de la portada, quien es capaz de saltar lo suficientemente alto, es capaz de que aparezca de cuerpo entero en el retrato, bajo el precio de ser reducido a un tamaño menor al de una cabeza. De esta manera, ambas figuras nos hablan de la transformación de nuestros tiempos, lo que antes era justicia ahora se ha convertido en salir en la foto a cualquier precio, impunes posan con chulería; aunque aparenten ser dos cadáveres disecados ellos son quienes son. Por eso, cuando la música se exaspera, ésta muestra la capacidad de convertir nuestro odio en odio, ¿cómo?, como oyes, en odio placentero. De ahí que esos momentos orgásmicos suenen como si la banda estuviera follando con Pelican en el despacho de un taxidermista.

Si nos fijamos en el lenguaje que aparece, o que se nos impone, a la hora de traducir su sonido, observaremos que está plagado de –aparentes– tautologías, donde a simple vista el final resulta similar al comienzo. Sin embargo, introducidos en su mundo, captamos un sentido distinto. Ese es el leitmotiv de la banda, transmitirnos un secreto sólo captable para los iniciados, echando para ello mano de riffs ya construidos por otros y haciéndonos aprender de ellos nuevas lecciones. Ésta es probablemente una de las tareas más difíciles de conseguir en un presente que únicamente presta atención a lo relucientemente nuevo –en el ámbito musical inventándose subgéneros, por ejemplo– con los que quedarnos embobados hasta darnos cuenta de que nos la han colado. Entonces nos dirigimos hacia una nueva trampa como si nada hubiera pasado.

“Wounds”, una nana en un hogar ya abandonado, roñoso y polvoriento, en donde rescatar todavía los ecos dulces de lo que estuvo a punto de ser, algo así como impregnar un sonido retro o post –qué ironía hacer compatibles ambos términos opuestos– a la sensibilidad azucarada de Torche. No es casualidad que el tema que posee un sonido más grandilocuente sin perder por ello su armonía recuerde al sludge-prog-pop de los Kylesa, Mastodon, Black Tusk, Baroness y cía, eso sí, aquí en cápsulas diseñadas para el consumo rápido. Entendemos que el álbum tiene mucho de ironía y acidez, intentando metérnosla doblada si no estamos alerta. Ahora captamos cómo la portada nos mira de reojo, burlona.

“Under Siege” cambia de tercio, con una distorsión más garagera, macarra, ya no desvía la mirada, fuera las sonrisas esquivas, prefieren confrontar como un búfalo de las planicies. Y de la misma manera que estos animales están al borde de la extinción, colgando disecados en los salones del hogar suspendidos en el tiempo como los animales de la portada, el tema tampoco llega a explotar y hacerse amenazante. Ante las complejidades sinuosas de los anteriores cortes aquí golpea de frente contra el muro. Si acaso podemos ver a estos sureños como unos Motörhead con unas décadas menos a sus espaldas y teñidos de oscuridad gótica, oportunidad que nos sirve para trazar filiaciones y abrir a nuevas experimentaciones en futuros trabajados.

El EP termina pero la portada sigue presente, observándonos con nuestros propios ojos, a medio camino entre el recuerdo de algo familiar en lo que no caemos, un espejo que nos seduce y nos repele al mismo tiempo y ese fondo terroso que es una carretera por la que llegar a tierras que pocos alcanzan.

oddhums the inception

Formación

Freg: guitarra
Keke: batería
Will : bajo, vocales

Tracklist

1. Dimgaze
2. Big Brave
3. Wounds
4. Under Siege

oddhums

@eserregeio

8.4
  • Puntuación 8.4

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