Por qué te fuiste Dolores O’Riordan

Nunca he sido una persona muy sociable, y me ha costado mostrarme tal y cómo soy al mundo, pero la música me ha ayudado a expresarme. He preferido rodearme de muy pocas personas y nunca he terminado de comprender el fenómeno fan, pero tengo mis pequeñas debilidades: Arjen Lucassen, Liv Kristine, Anneke van Giersbergen o Dolores O’Riordan.

Con apenas 10 años yo no entendía de música, nada, no elegía, escuchaba lo que tocaba y punto, aunque empezaba a tener mis preferencias y recordar el nombre de algunas bandas. Y es que precisamente con esa edad un videoclip cambió mi vida por completo, “Salvation” de The Cranberries. Se conoce que ya empezaba a reflejarse mi gusto por lo “oscuro”.

Ni entendía la letra, más allá de la palabra que se repetía en el estribillo, y ni mucho menos comprendía las imágenes del vídeo, pero su rareza hacía que no quitara ojo de la pantalla las dos o tres veces que lo pude ver en un programa de música de La 2 del que no me acuerdo el nombre. En cuanto conseguí mi primera conexión de ADSL no tardé ni una hora en ponerlo a descargar.

Estos The Cranberries eran los que años atrás habían estado sonando por todas partes con el iyojé ese y de repente cojo otra canción, en la línea de la agresividad que había supuesto “Salvation” y la que más tarde me enteré que era “Zombie”, “Promises”. Sí, hablar de “agresividad” con estas tres, con los años que tengo, me resulta casi sonrojante, pero en el contexto de aquel momento eran un mundo diferente. Junto a Garbage y Molotov eran lo más rockero que conocía.

A “Promises” le siguieron “Animal instinct” y “Just my imagination”, dos canciones mucho más calmadas pero con lo que terminaron de hacerme clic y que me bastaron para hacerme con la cassette del Bury the Hatchet en las navidades de 1999. Y poco después un amigo me grabó el No Need to Argue.

Aunque en los años siguientes mis preferencias musicales empezaron a endurecerse, y aquel Wake Up and Smell the Coffee, que me compré el mismo día de su salida, me decepcionó profundamente, fueron un grupo que siempre estuvo conmigo, y cuando el 15 de enero se anunció el fallecimiento de su vocalista, Dolores O’Riordan, el corazón me dio un vuelco. Las muertes de artistas, incluso los que me gustan, no me causan mucho efecto, pero el de ella sí, como nunca me había pasado. Y me da igual el porqué se fue. Lo hizo y casi nueve meses después me sigue doliendo.

Alejandro Sanz

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