Promotores… esa gente

En el artículo hater de hoy toca hablar de los que nunca se habla cuando los conciertos salen bien, pero son los más mentados, junto a sus madres, cuando los conciertos salen mal: los promotores.

Esa gente que se deja los duros en -a veces- pagar a los artistas, las salas, que se juegan su capital en cada espectáculo que montan, y que son los encargados de, por norma general, hacer la promoción del evento, para que el mayor número de personas posibles se entere y acuda a su llamada.

Hay dos tipos de promotores: los que pasan desapercibidos, y los que gustan de llamar la atención. Los primeros, suelen ser los más eficaces. Pero esto no sería un artículo hater si no hablásemos de los segundos: los chapuzas, los incompetentes… y a la vez, los que más se quejan y patalean.

Se juegan su dinero, y, como se suele decir, cada uno es libre de follárselo como quiera, pueda o sepa. Hasta aquí, todo correcto. Pero si tu promoción se basa en “crear un evento en Facebook”, y ya está, no lloriquees si después no van ni los padres del batería. Has perdido dinero (en el caso de que vayas a pagar a la banda y/o sala). Asúmelo. Si acaso, y versioneando a la Sultana Aixa, “llora como despojo lo que no supiste hacer como promotor”. Pero llóralo en tu casa, y sin que nadie te escuche.

La promoción se hace día a día. Repartiendo flyers en tu ciudad, enviando mails (señores promotores, los medios estamos para ayudar, a todos nos une una causa común), haciendo sorteos, volviendo a enviar mails, volviendo a repartir flyers viernes sí y sábado también… Y paralelamente, creando un evento de Facebook.

Es triste tener que enterarse de los conciertos porque un amigo le da a “asistiré” o “me interesa” en el evento. Más triste aún, si estás en un medio. Y ya, ni te cuento la tristeza -ejem- que me genera saber que ese evento fantasma, ese mismo que toda la promoción estaba basada en redes sociales, con unos 300 asistentes confirmados en una sala de Andorra para una banda de la Almería profunda, consigue reunir a diez personas, sumando al conductor de la furgoneta de la banda, los teloneros, la banda principal, el promotor, y el medio al que han llorado para que lo cubra.

Lo bonito es luego leerles en esas mismas redes sociales quejarse de que “no hay escena”, de que la gente no apoya a las bandas, y no se cuántas polladas más. Empieza haciendo bien tu trabajo, y tendrás frutos. O al menos, no te autodenomines promotor, llámate “tío que monta conciertos”. De los fotógrafos y los “tíos con cámara”, hablaremos otro día.

Una opinión hater de Andrés Abella

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