RATHER BE ALIVE – Origen

Primer álbum de la banda barcelonesa tras sus dos EPs, el homónimo Rather Be Alive (2012) y Resiliència (2014), y la presión no podría ser mayor. No sólo por la tensión de debutar sino por haber decidido relacionar su sonido con el mathcore, acaso la etiqueta más peligrosa con la que hermanarse pues ese panteón sólo parece reservado para The Dillinger Escape Plan y Converge, todo lo demás a su lado es visto cual niñito asustado tiritando en un rincón. Pero nada de eso, éste ha sido uno de los años más destacados de nuestro género, con movimientos sísmicos mentales de la talla de Car Bomb o Entheos –ambos compitiendo por el disco del año– y variaciones de altísimo nivel como Candiria, Brain Tentacles, The Fall of Troy y Joseph A. Peragine. Nos encontramos entonces en la celebración de la esquizofrenia, del estrés y del American Psycho. Y los catalanes Rather Be Alive desean unirse a semejante fiesta de la descomposición estomacal.

“Acaba amb mi” comienza de manera incendiara, pero con el napalm del metalcore y la progresión de una apisonadora metal antes que los saltos entrecortados del fallo sináptico math. No preocuparse, nos espera por delante un interludio instrumental entrecortado de regusto progresivo al que se le une un horizonte turbulento de poso post-hardcore, de esos de salir a gritar desnudos en mitad de la nieve antes que asfixiarse en el cubículo de la oficina. Pues eso, desde los primeros segundos queda claro, que ni math ni leches, a tomar por culo de los géneros. Disfrutemos en su lugar de un riff groovero rompecuellos; de los zigzags a la Messi de las piezas instrumentales; del metalcore de alguien que parece que come balas y luego las pede en mitad de un mitin; de las pezuñas del medio hombre medio animal que escaba en el fango, un hijo bastardo entre Meshuggah y Gojira; de la progresión nostálgica de un heavy más clásico; la lágrima del screamo que un día fue sol y ahora vive como sobra; e incluso del silencio post-rock de sala de dentista, dentista sádico por supuesto. Miles de paisajes hilados sin tacha que no transmiten tanto el desequilibrio mental como un empecinamiento por conducirnos al éxtasis mediante un repaso de todas y cada una de las razones por las que podemos cabrearnos en nuestro día a día. Cinco minutos y medio en donde se condensan varios álbumes. Ya podemos darle al stop e irnos a llorar a una esquina.

Tras secarnos las lágrimas, y todavía con la lengua fuera y ese gesto de asfixia de quienes antes pisaríamos la iglesia que un gimnasio tras pegar el sprint de nuestras vidas para pillar el bus mientras nos cagamos en la amabilidad y paciencia del servidor público, llega el siguiente “Cedint” caminando cual mastodonte entre enanos de jardín. Su acelerón de regusto sludge combinado con sales de baño caníbales bien removidas en el colacao dan paso a un solo de guitarra de quien llora porque ve a muertos caminando con él. Sin embargo, y a pesar de que la sensación de locura sea mayor, estamos ante un tema mucho más circular frente al combinado anterior más propio del soltero que se prepara la comida con los restos que pilla en el frigorífico y resulta que le sale un plato que ríete del Bulli. Tanto da una opción u otra, los oyentes no necesitamos que os adecuéis a la etiqueta musical que sea por aparentar más, sois lo que sois y fin de la historia. Por eso ahora el objetivo pasa por captar qué senderos transitan con mayor destreza.

La primera pista la encontramos en el siguiente fragmento shoegazeado en el que las ventanas se abren, las habitaciones se ventilan y con ellas salen los fantasmas. Resulta que nosotros somos uno de ellos, largándonos gimiendo y, de paso, observando que funcionan mejor en su dualidad groove/post-hardcore que en la progresiva/técnica. Con estas claves afrontamos “No és seu” y captamos la mala folla de Phil Anselmo quedándose progresivamente afónico hasta caer en los terrenos screamos de la sala de torturas de Amenra. Rather Be Alive son como un pequeño bicho adorable al que te acercas para acariciarlo y descubres que es un señuelo, realmente se trataba de la protuberancia de un ogro dispuesto a engullirte. En ese juego entre la timidez rota y la furia de los titanes es donde los de Barcelona dan el do de pecho, situándose cercanos a grupos del nivel de Hesitation Wounds –aunque a diferencia de estos últimos acentúen más la base metal que la hardcore. Así en este tercer tema, y aun siendo el más lineal de los tres, captamos el componente de progresiva desesperación, como mirarse al espejo e ir viendo desarrollarse a toda velocidad las arrugas, canas, ojeras y alopecia. Desgarrador.

“Refugiat” por el contrario posee los acordes tímidos de quien no se siente seguro en un terreno hostil, camina pisando un campo de minas emocional. Ni siquiera el siguiente doble bombo puede darnos la seguridad de que no acabaremos volando por los aires, pese a que nuestro rostro transmita una seriedad inconmovible. El sonido, que se sucede absolutamente pegado entre sí, consta de ciertos chirridos que son la caída de ojos de quien mantiene la mirada pero se muere por dentro. Asimismo, la introducción de un estribillo que intenta cierta melodía pone en primer plano el hecho de que en este Origen lo que prima es construir un muro sonoro de la misma manera que alguien se pone fotos en la pared para levantar una barrera y así poder habitar un espacio sin fronteras. Y en ese sentido, en cada tema avanzan un poco más hacia la utopía sin renunciar a los matices de su sonido.

En ese mundo feliz, la batería de “Per què un perdó?” es una maza que nos golpea repetidamente con ojos desorbitados como si fuéramos uno de esos dibujos animados que siempre son puteados. La voz, por su lado, se desgañita en contorsiones más extrañas que las de un sombrerero loco. Al juego entre estos dos componentes se le suma un tercer ingrediente conforme avanzamos subidos a un carro de la compra lleno de dinamita: unas guitarras blackeadas que son nuestra mirada ensangrentada y la sonrisa de masoca. Origen no nos introduce entonces en la locura de manera inmediata, prefiere hacerlo a través del agobio y de los paisajes pasando a la velocidad despiadada que se observa desde la ventanilla de un vehículo o, mejor, al ritmo de la gota de agua de la tortura china, provocando que su continuado golpeo nos suma en la insanidad. Quizás por lo disfrutable de esta tortura, la ruptura de este movimiento en un segundo fragmento dentro del tema nos hace sentir que la armonía entre dos vocales está menos trabajada. Pero al mismo tiempo nos permite soñar con que los siguientes temas nos van a traer distintos pasajes a lo escuchado hasta ahora.

“II” parece indicarnos algo así gracias a una guitarra atascada, un pájaro loco adicto al trabajo en una ciudad de cristal, que nos picotea el cerebro infatigablemente, haciendo que cada gesto de dolor que sintamos sea un nuevo detalle musical. Esta dulce tortura se deja querer, conteniendo mucho su componente prog para no desbarrar, afilando la tensión del western y, definitivamente, dándonos algo distinto respecto a lo escuchado anteriormente. Su lucha interior, entre el math y el djent, nos devuelve tanto los momentos más crudos del álbum como sus peores vicios, esas melodías vocales que pecan de sosas y faltas de contraste, también ciertos vericuetos en los solos de guitarra que serían prescindibles. Que ya, que la URSS no necesita pintar sus casas de colores chillones, nosotros queremos máquinas y martillos golpeando; pero cambiadnos de fábrica de vez en cuando. A su bola, “Passat / Futur” revoluciona la sala de máquinas en lo que por lo demás sigue siendo un tema muy similar a los anteriores. Por seguir rizando el rizo, podríamos aquí apuntar que antes que del mathcore, de donde realmente beben estos catalanes es del math rock de ascendencia emo, algo así como el reverso maligno y atacado de bandas como This Town Needs Guns.

“Res és” regresa a la danza de la muerte, allá donde lo industrial y los esqueletos en luna llena se juntan para echar unos pasos. Y es precisamente en este escenario donde comprobamos cómo a Rather Be Alive le sobra algo de seriedad en su propuesta musical. A pesar de que estemos ante el ritmo más marcado del álbum, la imagen de estos esqueletos robóticos bailando luce atenazada, asemejándose a los movimientos de un Harry el Sucio obligado a menearse ante las insistencias de su prom queen. Por eso, si bien vemos en este tema una línea bizarra a desarrollar por la banda –la vemos tornando mucho los ojos, eso sí–, todavía se encuentra muy encorsetada y lejana respecto a los hongos alucinógenos de bandas como Obscura o el blackbilly maníaco de Hail Spirit Noirn, por citar ejemplos peregrinos pero dementes. Con estas ligerísimas intuiciones de haber escuchado algo distinto llegamos a “La dansa macabra”, irónico título en tanto el anterior corte se adaptaba mejor a dicho nombre. Aquí, por el contrario, unos sonidos angustiosos, de una criatura extraña en el interior de la Nostromo, dan paso a un fallo en las máquinas, colapsando la nave en mitad del universo mientras nosotros nos despedimos de la perra vida con una gran sonrisa perdida en los labios.

Este Origen navega entre el apocalipsis absoluto y el trastorno por déficit de atención. A pesar de la juventud de la banda, o precisamente gracias a eso, Rather Be Alive son maestros en dar un sonido industrial demoledor, capaz de fundirlo no sólo con parientes como el groove o el metalcore sino con lazos más bastardos de la talla del black y la desazón post-hardcore. Sin embargo, y pecando de ambiciosos, quieren todavía más, perdiéndose y perdiéndonos entre su propio onanismo técnico, el cual lejos de diferenciarles nos devuelve una maseta sonora sin la variedad necesaria para que no nos ahoguemos. Resultado, un EP brutal que como largo resulta algo agotador. Pero ojalá todas las palizas resultaran tan disfrutables.

rather be alive origen

Formación

Rai: bajo, vocales
Uri: guitarra, vocales
Àlex: guitarra
Miki: batería

Tracklist

1. Acaba amb mi
2. Cedint
3. No és seu
4. Refugiat
5. Per què un perdó?
6. II
7. Passat / Futur
8. Res és

rather be alive

@eserregeio

8
  • Puntuación 8

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