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RAVENEYE – Nova

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Últimamente es imposible navegar por páginas musicales sin toparse periódicamente con, según se dice, una nueva revelación a descubrir, la cual, con tan sólo un EP promete ‘revolucionar’ –oh, pobre palabra cuánto daño te han hecho–, sí, revolucionar el panorama. Que sea ésta una táctica de los sellos, los cibertrolls o los medios de comunicación ansiosos por lanzar la caña a todo lo que se mueve con ánimo de colgarse después las medallas, lo desconozco. Lo que sí sé es que RavenEye es una de esas bandas. Su corta duración, Breaking Out, lanzado el año pasado hizo coincidir a toda suerte de comentadores que pueblan la gran web afirmando que llegarían alto. Su trabajo retomaba una de las muchas sendas del grunge, no la hardcore, tampoco la indie, sino la de tintes rock sumándose así a un movimiento que está volviendo a pillar fuerza, ya sea desde los sonidos de stoner doom de Earth Ship o High Fighter –por poner ejemplos analizados en esta web– o directamente desde el punto de mira retro como fue el caso de Gozu con su Revival (2016). El tema es que independientemente de todo esto su Breaking Out era bueno, muy bueno… ¿demasiado bueno?

Si las primeras impresiones son las que valen, vigilaros las carteras porque la distorsión de las guitarras de Nova con “Wanna Feel You” contiene la imagen del vagabundo con camisa de franela medio rota y una botella de birra a medio vaciar, caliente, que revienta contra la pared. Después se clava el cigarro en la mano para comprobar si siente algo. La voz, melódica, tranquila, confirma esta ausencia de vida al mismo tiempo que nos sugiere que tiene mucho que decir, por eso su tono se agudiza como una catarata en mitad de la gran ciudad, cayendo por los rascacielos. Esta combinación entre pasión y nihilismo, densidad y melodía, nos conduce directamente allá donde lo dejó el grunge cuando se convirtió en el nuevo hard rock, es decir, cuando se distanció de sus raíces underground y se decantó por el rock de estadios. ¿Resultado? Temas como éste, una impoluta presentación de su trabajo, con un toque pop que no se fuerza en exceso, un ritmo de gesto tristón pero con pulso, con garra y camorra, dominado por una voz que se desdobla a placer. Y dentro de todo este conglomerado al que no le vemos los poros se permiten las digresiones sonoras, los parones y los segundos de duda para arrebatarnos con un segundo pasaje que alarga el tema hacia los seis minutos y lo decanta hacia los vericuetos de ese heavy setentero que comenzaba a mutar en progresivo. Música del melenudo rarito del instituto que sin embargo es guapo, más guapo que los macarras que no tienen un brillante futuro por delante. Él apunta hacia las grandes ligas.

“Come With Me” se acopla como expansión del anterior, acelerándolo con un par de lametones stoner en los que domina el horizonte rock, abarcando desde grupos como Danko Jones a todo lo que se ha venido metiendo dentro del post-grunge. Posicionamiento que nos hace preguntarnos si estaremos meramente ante un grupo retro y, en ese caso, hacia dónde apunta su nostalgia, o si pretenden hacer algo así como la síntesis de la historia del rock. El problema de las síntesis definitivas es que certifican la existencia de un cadáver. Quedan los zombies, desde luego, y dispuestos a enzarzarnos con una peli de serie z más vale que o bien sea muy cutre o muy buena. RavenEye se esfuerzan por cumplir el segundo requisito, no existiendo un solo instante en el que sus melodías no posean gancho, ya sea machaconamente, aéreamente, con trucos y estratagemas o gritando con desesperación, honestamente. Y algo parecido sucederá con “Inside”, donde a cada acorde la guitarra sufre microtemblores internos dando como resultado espasmos para quienes la escuchamos, estrategia que remite directamente al maestro de esa técnica, Josh Homme y sus Queens of the Stone Age, esta vez colaborando con su amigo Alex Turner de Arctic Monkeys al micrófono. Al menos eso dan a entender unas vocales hondas, chulescas, que desembocan en un lago pop rock, menos estridente, buscando el himno.

Si bien las comparaciones no son de buena educación, concedámonos una licencia y analicemos el gusto de estos ingleses por un sonido grandilocuente, que no respeta nuestros sentimientos sino que los dicta, haciéndonos vibrar como ellos quieren dentro de un marco donde domina lo épico. Exacto, lo mismo por lo que abogó una de las promesas fallidas del año, Aeges y su Weightless y que tanto criticamos en estas líneas. Sin embargo lo que en ellos resultaba aberrante aquí es presentado por el jeta encantador, ese que te la lía y aun así le pasas todo, te roba al/a novio/a y sonríes mascullando un ‘cómo eres cabrón’, sí, aquel al que las abuelitas le dan dinero asegurando que es un chico fantástico mientras a ti no te pasan ni una, repitiéndote que eres un desaseado, que a ver si regularizas tu vida… y también, cómo no, ese compañero de trabajo al que le aplauden todas las ideas, ideas que defendidas por ti fueron criticadas y abucheadas. Así es, éste es un tema dedicado a ese tipo, ésta banda es ese tipo.

Con la imagen de su sonrisilla somardona “Hero” bien podría haber sido firmada por Foo Fighters. La voz acolchada da paso a un riff que pretende ser duro pero se encuentra arropado entre algodones de azúcar mientras que el estribillo es llevado en bandeja de plata, y cuando éste parece desfallecer una mano invisible lo vuelve a levantar para que surquemos en un cielo mecido. Otro tema que aspira a convertirse en himno, que al mismo tiempo difiere de los anteriores y que, para rematar la jugada, posee con ellos un fuerte nexo en común, como si todos los cortes fuesen emanaciones del mismo núcleo. Hay dos opciones, la primera ya la hemos mencionado, que pretendan agotar sus manifestaciones, existiendo un sentido de la historia en la ordenación de sus temas, una evolución que en ocasiones parece palpable, o la segunda, que se esfuercen por llegar al núcleo para revelarnos algo que generalmente queda oculto –no hallando una hipotética esencia sino una novedad, algo experimental que nos deje respirar dentro de un árbol repleto de ramas y frutos. Comprobamos entonces que lo más interesante del álbum es precisamente averiguar qué quieren hacer exactamente con él, al menos tirando de ese hilo podemos hablar de algo teniendo en cuenta que sus canciones dan poco de qué hablar, son consistentes, potentes, con toque, lo que se suele llamar ‘buenas’.

Aun así la innovación se espera inminentemente, quizás tras la Nova viene “Supernova”. Allí nos encontramos un sonido galáctico a partir del cual nace esa voz pariente de Chris Cornell, esperando a que de la creación surja el caos y no al revés, dominando el cabreo. Oli Brown mantiene la cordura, busca la lentitud, a pesar de que el tema dure sólo cuatro minutos y medio opta por una densidad que busca los matices del bosque frente al ruido de la ciudad. Mother Love Bone. Ésa era la referencia, el intento de hacer una síntesis de la música que mamaba del heavy y del blues que lamentablemente se truncó antes de tiempo, ¿serán una reencarnación exitosa de ellos? Mientras nos pensamos la respuesta este corte con regusto a balada sirve para vertebrar el álbum y prepararnos para una segunda mitad que empieza con “Walls”. No obstante, su línea general sigue por el mismo camino de la primera mitad del trabajo, el del hit de rock, de anuncio, de radio, de cine, de lo que quieras pero hit. Eso sí, quizás le falte la tercera pata a ese tridente mágico entre Eddie Vedder, Chris Cornell y Mark Lanegan que pudimos intuir en algunos temas de su EP de presentación e incluso en el primer corte de este largo. Aquella que le dota de chulería y bajos fondos, imprecisión e imprevisibilidad en definitiva. Sin éstas queda un sonido cuidadísimo, donde los riffs se suceden justo en el momento adecuado y los cambios están bien medidos para que cada fragmento del tema tenga gancho por sí mismo sin necesidad de ayudas exteriores, con una voz sin quiebros ni excesos. Estilo. Estilo es la palabra dominante en este tema, más cercano a James Bond que a cualquier callejón donde mee Tom Waits.

Ellos mismos se dan cuenta y por eso en “Oh My Love” se esfuerzan por introducir las imprecisiones del blues rock, su crudeza, como si estuviésemos ante el primer álbum de The White Stripes lleno de malformaciones a lo hombre elefante. Éstas mutan en riffs mastodónticos con la atmósfera de un bar de rock sureño, el polvo y la rabia. Otra muesca en el revolver de su genealogía, sabiendo clavar cada una de sus variaciones a costa de que ya no caigan tan bien, empezamos a cogerles un poco de tirria. Ya está otra vez dando la nota el amigo que sabe hacer de todo y todo bien, que hasta cuando sale del rebaño es un ejemplo de salirse del rebaño. Y eso es peligroso para todos aquellos oyentes que esperamos emoción, desperfectos, lanzarles botellas a la banda que actúa sobre el escenario. Tras el comeback del milimetrado final del tema destinado para que el público se levante en vítores en directo, lo más parecido al subidón de la electrónica vaya, nace “Madeline”. Directamente de las cenizas de “Walls” y “Oh My Love”, se encuentra surcado por subidas y bajadas que por fin se desmelenan una pizca, desprendiéndose de algo de su elegancia previa –sin llegar a perderla, por supuesto, ya que es mantenida gracias a la clase y la finura de Oli Brown y su juego con las vocales de apoyo de Aaron Spiers. Será entonces el ritmo entrecortado y saltarín, al borde de la explosión, el que pierda las formas para buscar el sudor del directo y los grandes contrastes entre momentos lentos y rápidos. Estos se alargan hasta un “Hate” que definitivamente los alinea en la otra punta del mundo respecto a nuestras anteriores referencias, de Seattle a la reinvención del blues rock por parte de Escandinavia con Graveyard a la cabeza. En este vaivén geográfico parte de su aroma se desvía hacia ese perfil californiano-canadiense perfecto para la radiofórmula convirtiendo el perfume en pachuli prefabricado, como si tras haber saltado los goznes con los anteriores temas ahora volvieran a intentar recomponer la compostura, notándoseles las arrugas en la ropa, algunos pelos malpeinados, el tono forzado. En cualquier caso es indudable que siguen con traje, pelazo y grandes dosis de confianza que les permiten pasar al envite en una parte final mucho más demoledora. Allí las guitarras toman algo de aire y escapan del agobio de una voz mandona que en el resto del álbum ha dominado la melodía por encima de todo y de todos.

Por paradójico que resulte es un alivio que las impresionantes vocales se difuminen y el control de la música sea tomado por las guitarras. Lo sublime y virtuoso también puede llegar a cansar si se pasa de mandón. Tras este toque de atención “Out Of The Rain” funciona a modo de tregua entre todos los instrumentos para dar lugar a la quintaesencia de las influencias de la banda y del álbum como tal: sus claroscuros de calma y tormenta controlada, los distintos registros vocales y el gusto por lo potente siempre que entre bien por los oídos, unos pasajes instrumentales propios del huracán, la exactitud de la gota golpeando la tranquilidad del prístino estanque… Y precisamente por eso, porque ya conocemos de sobra lo que nos ofrecen, quizás los cinco minutos que dura el tema sean excesivos, pasando de lo excelente a lo autofelatorio. Pero si no buscas cambio de rumbo alguno aquí tienes dos tazas siendo la tarta el final “Eternity”. La balada acústica con una progresión oscura y electrizante, para amar y llorar, era justo lo que le faltaba a un álbum como éste que pretende autodenominarse como la siguiente banda llena estadios del siglo XX.

Entonces, ¿qué?, te preguntarás, y seguramente me descalificarás al sostener que a este álbum, por querer convertir todas las canciones en hits, por su sentido de la mesura y una voz incapaz de desatinar, imprescindible, precisamente por eso, se le escapa el sobresaliente. ¿Acaso lo del rock no iba de desmelenarse?, ¿cómo podría ser eso posible si este trabajo va a gustar a todo el mundo? Será problema mío que busco una repulsión que deberé encontrar en el punk muerto antes de nacer o en el trap más desaliñado. Para todos los demás éste es vuestro clásico.

raveneye

@eserregeio

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raveneye nova

Formación

Oli Brown: vocales principales, guitarra
Aaron Spiers: vocales de apoyo, bajo
Adam Breeze: batería

Tracklist

1. Wanna Feel You
2. Come With Me
3. Inside
4. Hero
5. Supernova
6. Walls
7. Oh My Love
8. Madeline
9. Hate
10. Out Of The Rain
11. Eternity

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