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Review del disco de JORN – Life on Death Road

Ah, los noventa. Algunos os dirán que fue la peor época para el Rock y el Metal… ¡Falso! Al menos en la segunda mitad. Donde los ochenta fueron la etapa del “todo vale” y, los primeros diez años del actual siglo, la de la pretenciosidad, los noventa fueron un momento de transición y honestidad.

Y eso es precisamente lo que siempre lleva Jørn Lande encima: HONESTIDAD. Así, con mayúsculas. Y de eso tiene para aburrir. Desde Millenium hasta sus geniales colaboraciones en Avantasia y Ayreon, sin olvidar los enormes Masterplan, pasando por su excelente proyecto junto con otro de los mejores cantantes que la segunda mitad de los noventa subió a la palestra (hablo de Allen/Lande) y por su carrera en solitario, es esa honestidad la que siempre rezuma en cada tema en el que está presente.

¿Por qué insisto en esto? Porque Lande te ofrece exactamente lo que vas a obtener: Hard Rock ochentero con toques de los setenta y entendido en los noventa. Mucho Rainbow, mucho Scorpions, mucho Whitesnake, mucha power ballad, pero con un toque muy Heavy Metal marca de la casa.

“Life on Death Road”, que abre el disco, es una muestra de ello. Una canción que me juego el brazo de la diversión a que abre los bolos del tour presentación. Y es que lo tiene todo para hacerlo: riffs pegadizos, medios tiempos en el estribillo, momentazos guitarreros, solos interminables y un trabajo bestial a la batería. Sí, amigos, la batería. Ráfagas, corcheas, redobles… Lo mejor del disco, por si luego se me olvida, es la batería. Suena como una ametralladora, la pegada es infernal. El toque Heavy Metal está ahí, justificando que el bueno de Jørn tenga en sus filas a la mitad de Primal Fear.

“Hammered to the Cross (The Business)” sigue en la misma tónica, bajando un poco el tempo para llevarnos a “Love is the Remedy”, donde los Hammond hacen su primer acto de presencia en el leitmotiv para desarrollar en el puente unas escalas de sintetizador que apestan a años noventa. Todo para prepararnos para la primera power ballad del disco, “Dreamwalker”. Y es que hasta para elegir el orden de las canciones el tito Jørn es ochentero, marcando los tiempos con mano de lentejuelas. “Fire to the Sun” nos devuelve a la caña, con un estribillo la mar de pegadizo y una sección de solos con un riff bien pesado (insisto en el trabajo en la batería, señora) y que va a escupir un tema con reminiscencias circenses y más oscuro como es Insoluble “Maze (Dreams in the Blindness)”. Y pasamos a “I walked Away”, tema que nos adentra en terrenos de Toto o Mr. Big (“Price you gotta pay” en mente, muchachada), un Blues Rock muy rico.

“The Slipery Slope (Hangman’s Rope)” sigue con el ritmo pesado para desembocar en mi tema predilecto del redondo: “Devil you can Drive”. Un leitmotiv casi progresivo que quiere sonarte a Symphony X (igual se le pegó algo de Allen), el Hammond con sus colchones que elevan la composición (toda canción debería tener un Hammond, maldita sea), un Jørn pletórico en los graves y preciosista en los medios, el pequeño solo de teclado que resuelve la sección de solos… Gran trabajo.

La sección final, para mí, es la más olvidable del disco. “The Optimist” es la segunda power ballad del disco y, sin ser composiciones que personalmente me atraigan, cabe destacar a un enorme Jørn en la parte vocal y el solazo de Beyrodt, ambos cargados de técnica depurada y feeling a partes iguales. “Man of the 80’s” es otro ejemplo de honestidad: la canción más ochentero del redondo, llena de tópicos y típicos del estilo, como los coros agudos o las rupturas rítmicas en el estribillo que hay mucho Van Halen aquí. “Blackbirds” consigue, sin embargo, levantar el listón, con su Hammond (viva el Hammond) omnipresente, redobles a la batería muy Ian Paice y un riff la mar de sabrosón.

La producción, impecable, sobre todo en la batería. Las voces, quizá, suenan un tanto lejanas por un exceso de reverb, pero eso es marca de los ochenta, por supuesto.

Doce canciones en un mundillo en el que superar las diez es casi pecado de unos años para acá. Hora y pico en la época de los discos de cincuenta minutos. Jørn es un señor antiguo y lo sabe. Y disfruta con ello. Y esto es un arma de doble filo: el “más de lo mismo”. Los seguidores más veteranos de su carrera encontrarán en este disco un refugio fantabuloso, ya que Jørn da exactamente lo que ofrece. Sin más. Es por eso que recibe la nota que recibe en esta review: composiciones buenas, producción buena, la voz de Lande impecable (como siempre), la banda genial, pero… Más de lo mismo, aunque sea un “más de lo mismo” de lo mejor de su carrera en solitario, con un derroche vocal apasionante y una sección rítmica excelente.. Y, a pesar de que soy de los seguidores veteranos, hay que intentar ser objetivo. Un siete en el cerebro, un ocho en el corazón. Honestidad, señora.

jorn life on death road

Formación

Jørn Lande: voz
Alex Beyrodt: guitarra
Mat Sinner: bajo
Alessandro Del Vecchio: teclados y producción
Francesco Jovino: batería

Tracklist

1. Life On Death Road
2. Hammered To The Cross (The Business)
3. Love Is The Remedy
4. Dreamwalker
5. Fire To The Sun
6. Insoluble Maze (Dreams In The Blindness)
7. I Walked Away
8. The Slippery Slope (Hangman’s Rope)
9. Devil You Can Drive
10. The Optimist
11. Man Of The 80’s
12. Blackbirds

Gabriel Wolfsherz

7
  • Puntuación 7

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