Y&T – Sala But (Madrid) – 22/09/2016

Dave Meniketti es una auténtica garantía de un buen show de Hard Rock. Desde su formación en 1976 la banda se ha caracterizado por un sonido propio, unas composiciones de calidad y una instrumentación cuidada muy por encima del espectáculo visual, dejando entre paréntesis aquellos ochenta en que a Meniketti le dio por vestir estrafalarios modelitos rosas con flecos. Y esa garantía es la que me ha hecho acudir a cada cita con ellos, siempre que me ha sido posible. ¿Diferencias? Entre las distintas formaciones, apenas nada. Meniketti es, ha sido y será Y&T (sólo en esta introducción ya lo he nombrado tres veces únicamente a él), más allá de otros compañeros de viaje que, por diferentes motivos, hayan entrado y salido de la banda. Pero es que el rubio californiano ha asumido absolutamente todos los roles, por mucho que se rodee de buenos músicos, compositores o arreglistas. Insisto: Y&T es Dave Meniketti.

Con unos quince minutos de retraso respecto a la hora indicada, sobre las 20:45, se apagaron las luces de la sala But y comenzaron a sonar los acordes orquestales del Preludio del álbum Facemelter, y durante estos acordes salieron al escenario los cuatro miembros del combo. Desde que Aaron Leigh inició el riff de bajo del «On With The Show», dio comienzo un desorganizado baile de saltos, puños en alto y gritos del público, entregado desde el minuto uno a la banda. En un principio, el sonido no me parece el mejor, con la caja de la batería sonando demasiado baja, o quizás demasiado grave…pero no es mal sonido. Poco a poco caigo en la cuenta de que es el elegido por la banda para sus tambores, y que es el adecuado para el show que nos presentan. La voz de Meniketti sigue sonando potente a pesar de los años, perfectamente afinada y con ese rasgo característico de su timbre difícilmente calificable entre agudo y grave…una gran voz. Y su Les Paul absorbe todo el protagonismo en cada riff, en cada punteo, en cada acorde, dejando a John Nymann como un puro acompañante con alguna propinilla. «Lipstick and Leather», otro mítico hit de los ochenta sigue haciendo saltar al público, en su mayoría cuarentones (siendo generoso), y de ahí al «Don´t Stop Runnin`», con un épico final de guitarra de…Meniketti, cómo no. Para hacer el pesado ritmo del «Dirty Girl» cambia la Gibson por una Stratocaster, y comienza el desparramo guitarrero del rubio. Un pedazo de punteo, rápido, vertiginoso incluso, cediendo a Nymann un espacio para que se luzca, mostrándonos un punteo mucho más calmado, pausado y melódico que el del líder de la banda. El segundo desfase del público llegó con «Mean Streak», título del álbum del 83 que supuso el despegue mundial de los californianos. Y aquí es cuando caigo en que además de ser un magnífico vocalista, fantástico compositor y virtuoso guitarrista, Meniketti además tiene oficio. Necesita tirar de veteranía para llegar al final del estribillo con las notas altas y casi sin aire por la larga frase. ¿Qué hace? ¿Pausas para respirar? Ni de coña. Adapta una bajada de tono en el final de tal manera que ni pierde intensidad, ni potencia, ni ímpetu. Clase de cómo asumir los años como es debido. Durante el punteo, Nymann acerca el cuerpo de sus seis cuerdas al público de la primera fila, de tal manera que alguna mano llega a rasguearla. Acabado el tema, el foso se converte en un coro de Oe, Oe, que el grupo agradece, y Meniketti presenta el siguiente tema, «Down and Dirty», dedicándoselo a Leonard Haze, batería original de la banda fallecido recientemente a los 61 años, y cuyo lugar ocupa ahora un seguro como es Mike Vanderhule. Contundente, sobrio y siempre acertado, es desde hace años otra pieza fija más en el conglomerado de la banda, con lo que Meniketti se asegura la continuidad durante una temporada. Llevamos media hora de concierto y nos vamos sin presentación al «Don`t Bring Me Down», del último disco del grupo, Facemelter, cuya portada aparece en el bombo de la batería, un disco lleno de grandes temas, a la altura de los mejores de la banda. Tras este paso por lo último, volvemos al pasado con «Winds of Change», para lo que Nymann requiere una gibson Explorer, pero que utilizará en varios cortes más. Con la intro cantada en plan baladista, con el micro en la mano, y únicamente la guitarra de Nymann haciendo arpegio, recorremos la primera estrofa, el puente, el primer estribillo…y entonces entra la banda para tocar el tema completo, dejando casi extasiado al público que pidió la canción. Y cuando vuelven al momento actual con «Blind Patriot», observo una criatura de unos apenas tres años, sobre los hombros de su padre, que no para de dar palmas y moverse como si bailara…una imagen enternecedora que me acompaña durante el resto del concierto. Vuelven a los ochenta con «I`ll Keep on Believin`», del In Rock We Trust, haciendo el punteo entre los dos hachas, «Black Tiger», otro pedazo de hit de la época, y «Midnight in Tokio», en la que el rubio se calla y permite que la gente cante la primera estrofa y el primer estribillo, para luego entrar toda la banda con el ritmo swing del grueso de la canción. Un final a dos guitarras cierra una canción que ha sido una auténtica gozada. Con el «Take You To The Limit» parece que el público baja la intensidad, pero la recupera de nuevo con «Hang ´em High», cantando desde el melódico punteo hasta el estribillo. Y llega otro momento cúlmen de la noche, cuando se marcan un brutal «I Believe In You», con un solo de guitarra en el que parece faltarle mástil o sobrarle dedos…Nunca he entendido por qué cuando se habla de los mejores guitarristas no se ha incluído a Meniketti. Cada show de Y&T es una auténtica exhibición de guitarra, tanto en velocidad, como en técnica, como en armonía. Le he visto completar el punteo de «Forever» con una cuerda rota, sin apenas variar con el original.. Meniketti podría…no, debería estar incluído entre los Satriani, Vai, Malmsteen…cualquiera de aquellos que fueron situados en el Olimpo de las seis cuerdas debería hacer un merecido hueco a este hombre. Así se gana otra ovación del público, a lo que responde dando paso al «Contagious», tema del disco homónimo que comenzó un cierto declive en la carrera del grupo. Mike Vanderhule aprovecha su momento de gloria, con un corto pero efectivo solo de batería de apenas minuto o minuto y medio, y llega el final del espectáculo con la divertida «Summertime Girls», la bestial, estremecedora y emocionante «Rescue Me» (momento de interactuar con el público), y el nuevo himno de la banda (para mi), el «I`m Coming Home», del Facemelter, según mi criterio, a la altura del mismísimo «Forever».

Desaparecen del escenario para dejarnos aclamarles, y pedir que vuelvan. Y así lo hacemos, ya gritando Meniketti, Meniketti!!!! o Y&T, Y&T!!!. Y vuelven, para cumplir el ritual de los bises. Me fijo en la niña de antes, y la veo con el chupete puesto, carita de sueño, pero dando palmas. Open Fire es el tema elegido para abrir el fuego de los bises, y el himno del Hard Rock, «Forever», cierra el show, como viene haciendo con prácticamente todos los bolos de la banda. Apenas se oye cantar al rubio, ya que quien asume el papel de voz principal es el público. Y finaliza un espectáculo de más de dos horas que, sin embargo, se hizo realmente corto.

Y&T es Meniketti, y Meniketti es Y&T. El resto de la banda podrán ser sustituídos en cualquier momento, pero la esencia del grupo es el rubio californiano. Y&T llevan cuarenta años componiendo auténticos himnos, pero no han sido elevados a las alturas, y me parece injusto. Desconozco los motivos, pero guardaré para mi la satisfacción de haberlos disfrutado tanto en su mejor época como en su nueva juventud. Y a pesar de que sus conciertos estén llenos de (seré generoso) cuarentones, quizás esa cría de tres añitos sea el preludio de una nueva generación de fans del «Forever».

Forever Meniketti. Forever Y&T.

Texto: F.J. Casillas

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