The Alligator Wine – Demons Of The Mind (Review)

The Alligator Wine es de esas bandas que vienen a romper por completo los esquemas establecidos actualmente. Ya conocíamos la propuesta de Rob Vitacca y Thomas Teufel con el lanzamiento de su EP debut, The Flying Carrousel, hace un par de años, sin embargo aquello era un aperitivo y es ahora cuando nos llega el plato principal con este Demons Of The Mind.

Un disco donde el dúo pretende demostrar que no son necesarias guitarras o bajos para lograr crear canciones con ese aire setentero que puede beber directamente de los riffs de Led Zeppelin. Sintetizadores, percusión, la voz de sobra conocida del ex cantante de Lacrimas Profundere y, sobre todo, ganas de disfrutar de esta experiencia psicodélica son los ingredientes necesarios para comenzar a degustar este álbum.

Un disco que arranca con una canción que ya conocemos de sobra, “The Flying Carrousel”, y la conocemos por ser una de las tres que formaban parte de su EP debut. Un tema que no ha cambiado un ápice del que se registró entonces, y que sigue sonando con gancho, con fuerza y con ese aire tan particular que ya mostraron cuando publicaron el videoclip. Un sonido muy bien trabajado y un resultado que sigue siendo tremendamente adictivo y que invita a mover el cuerpo casi sin darte cuenta, donde lo que más destaca sigue siendo la voz de Rob Vitacca, manejando un buen puñado de registros a las mil maravillas.

El siguiente corte en la lista también formó parte del EP debut, “Dream Eyed Little Girl”, y como entonces, el tema sigue siendo extremadamente interesante, con el sintetizador haciendo las veces de guitarra y dejando ese solo que engancha, y donde seguimos viendo un despliegue vocal a la altura de lo que el propio músico teutón ha intentado hacer desde el momento en que fundó esta banda. Un tema que sigue la estela del predecesor y, sobre todo, sigue siendo un buen gancho para atraer aún más al oyente.

Entramos ya en las canciones nuevas con “Shotgun”, que fue uno de los dos últimos adelantos publicados por Century Media de este álbum. Un corte que arranca con una percusión diferente y en donde vemos como el uso de la voz nos puede recordar con facilidad, al menos durante el comienzo, a alguna canción de la banda en la que militó anteriormente Rob Vitacca. La entrada de toda la potencia que despliega la percusión al llegar a la parte del estribillo coincide con la tormenta sonora que se desata con los sintetizadores y con ese grito casi desgarrado con el que se entona el nombre del tema, que nos lleva a una canción que sigue explorando esos sonidos tan particulares que logra este dúo, pero que sigue siendo de una exquisitez musical envidiable, dando como resultado una gran canción.

Seguimos con “Crocodile Inn”, una canción que empieza con un aire más pausado que los anteriores, ya que apenas vamos a escuchar el sintetizador y la caja durante los primeros compases, hasta la entrada de la voz y la incorporación de otros sonidos a medida que el tema va avanzando, todo ello cogiendo cierto aire melancólico. La voz tiene ese punto desgarrado que ha hecho que, por momentos, no pueda evitar acordarme de algunas canciones que están entre mis favoritas de Lacrimas Profundere, como “My Chest”, donde por momentos hay registros vocales parecidos. Si algo ha quedado claro a estas alturas es que la combinación de sonidos que logran sacar tanto Rob Vitacca de sus teclas como Thomas Teufel de su percusión es una auténtica maravilla musical.

“Voodoo” es una canción que arranca con un uso sublime de los sintetizadores para darle ese aire setentero que se va reforzando a medida que la voz va subiendo y entra la percusión, haciendo un tema que no solamente pueda ser interesante de escuchar, sino uno de esos que te ponen a moverte casi sin quererlo, con un sonido que desprende fuerza a raudales y que tiene una melodía de esas que son extremadamente pegadizas, de las que te tiras todo el día silbando sin darte cuenta de ello. Una nueva muestra de un trabajo soberbio por parte de los dos músicos y, este en particular, de los que más me han gustado del álbum.

“Ten Million Slaves” empieza con ese órgano inconfundible que se mezcla a las mil maravillas con la voz, para empezar el tema en una suerte de in crescendo que termina de explotar cuando entra la percusión junto a los sintetizadores, que aquí muestran claramente por qué esta banda no necesita una guitarra para lograr hacer canciones sublimes. Un sintetizador que hace las veces del instrumento de seis cuerdas a la perfección y que, en combinación con los demás elementos logra una canción tremendamente completa que puede recordar, además con mucha facilidad, a algunos de los grandes sonidos de las grandes bandas de rock de finales de los setenta. Una atmósfera con ese aire vintage que logra dejar registrado uno de los mejores cortes del álbum en prácticamente todos los sentidos, una auténtica obra de arte por parte de The Alligator Wine, y lo es también porque hay algunos momentos donde lo que suena por los altavoces podría pasar, sin problema, por una banda sonora de un videojuego clásico, de aquéllas maravillosas máquinas de 16 bits que para quienes tengan cierta edad, sin duda, les habrán dejado grandes recuerdos.

La siguiente canción en la lista es “Lorane”, que tiene un aire oscuro, con cierto toque melancólico que le da un punto muy interesante al corte. Unos coros que me han parecido sublimes y un juego vocal de lo mejor del álbum sin duda alguna. La atmósfera que crea esta canción es realmente impresionante, logrando romper de alguna forma con todo lo anterior, y dejar una canción que, con ese aire melancólico, logra un resultado espectacular, entrando de lleno en mis favoritas del álbum (decir, por ahora, de la banda sería un poco absurdo teniendo en cuenta que este es su primer LP). Un juego de sonidos que coge ese punto de fuerza cuando pasamos la mitad de la canción con la entrada de la batería. Una canción que si le ponen guitarras, bajo y ese toque tan particular de Lacrimas Profundere y me dicen que es una canción de la antigua banda de Rob Vitacca, sería perfectamente creíble.

Encaramos la recta final con el último adelanto que se realizó del álbum, “Mamãe”. Un tema que recupera ese aire del principio, con ese punto fiestero que tenía “The Flying Carrousel” y que deja claro por qué ha sido elegido para hacer un videoclip tan particular como el que hicieron para esta canción. Recuperan ese toque psicodélico que tanto caracteriza su música y, de nuevo, la combinación de percusión, sintetizador y voz vuelve a ser espectacular, logrando un tema con mucho gancho y una buena dosis de fuerza.

Cierra el disco “Sweetheart on Fire”, una canción que en su inicio vuelve a tirar de ese aire más melancólico, más próximo a lo que hemos visto con “Lorane”. Aprovechando el sonido que ofrece el sintetizador, que de nuevo trabaja a la perfección en el lugar que, normalmente, lo haría una guitarra, y con otros elementos que ayudan a crear esa atmósfera, nos vamos a encontrar de nuevo una de esas canciones que hacen que la voz de Rob Vitacca pueda lucir a las mil maravillas sin tener que usar para ello una variedad destacable de registros. La entrada de la batería eleva el nivel de fuerza de la canción pero lo hace manteniendo la atmósfera intacta. Sin duda alguna, un cierre perfecto para un disco tremendamente sorprendente.

En definitiva, como pensé en su momento cuando escuché el EP debut de la banda, el fichaje de Century Media tenía mucho de atrevido, ya que es una banda que se sale bastante de los esquemas de las formaciones que suelen ser la punta de lanza de la discográfica, pero escuchar el resultado y poder regresar, aunque sea de forma imaginaria, a esos ambientes con aire de los setenta, donde los sintetizadores eran parte imprescindible casi en cualquier ámbito musical, muestra que la compañía sabía perfectamente lo que estaba fichando. El resultado es un disco excelente, que mantiene esos sonidos con cierto aire psicodélico pero que son capaces de cautivar a quien los reproduce, todo ello además rematado con la inconfundible voz de Rob Vitacca, una voz que me sigue fascinando como lo hizo cuando entró a formar parte de Lacrimas Profundere.

The Alligator Wine Demons of the Mind

Formación

Rob Vitacca: voz, órgano, sintetizador
Thomas Teufel: batería, percusiones, coros

Tracklist

1. The Flying Carrousel
2. Dream Eyed Little Girl
3. Shotgun
4. Crocodile Inn
5. Voodoo
6. Ten Million Slaves
7. Lorane
8. Mamãe
9. Sweetheart on Fire

Adrián Jiménez

9
  • Puntuación 9

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